De la lucha contra los carteles a la política de “cambio de régimen”: el discurso imperialista de Donald Trump hacia Venezuela
- CSCPR

- 15 sept 2025
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Por: Alejandro Torres Rivera, 9 de septiembre de 2025, San Juan, Puerto Rico
Siempre he pensado que cuando un país amenaza a otro con violar su soberanía e integridad, tal amenaza nunca debe tomarse a la ligera. Esto es más importante en situaciones donde la amenaza proviene de un imperio; es decir, de parte de un país poderoso, como es el caso de las amenazas hechas por Donald Trump y el gobierno de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela y su gobierno.
El pasado 15 de agosto Trump, en su condición de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de su país, dio a conocer una Orden Ejecutiva disponiendo el desplazamiento hacia aguas cercanas a la costa venezolana de un grupo anfibio de combate que incluye varios medios navales auxiliares. El grupo estaría encabezado por el buque LHD Iwo Jima; un submarino nuclear; tres destructores, varios buques de apoyo y suministros, un avión P-8, aviones de combate F-35; helicópteros de combate y de transporte de tropas; junto con la 22va. Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina.
De acuerdo con declaraciones del presidente venezolano Nicolás Maduro del pasado 8 de septiembre, Estados Unidos ya ha desplazado ocho buques de guerra al área. Según él, se trata de la mayor operación naval estadounidense contra un país caribeño desde la Crisis de los Misiles en Cuba en el año 1962.
En el momento inicial en que se produce la Orden Ejecutiva, pensé que se trataba de una operación más bien intimidatoria contra el gobierno venezolano y su presidente. En dicho momento y con gran fanfarria el gobierno de Estados Unidos hizo público el anuncio del incremento a $50 millones de una recompensa por la captura del presidente Maduro. Otros altos funcionarios de su gobierno también fueron objeto de ofertas de recompensas por sus capturas, incluyendo al Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Armada Bolivariana de Venezuela, general Vladimir Padrino.
Hasta entonces el discurso trumpista giraba fundamentalmente en torno a vincular el gobierno del presidente Maduro con el cartel de drogas conocido como “Tren de Aragua” o “Los Soles” y su declaración de guerra contra el narcotráfico bajo el argumento que los carteles de drogas eran una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.
Días después de iniciada las operaciones navales frente a las costas de Venezuela, con bombos y platillos, el presidente Donald Trump y su vocero al frente del Departamento de Estado, Marco Rubio, indicaron que habían destruido en aguas internacionales un “buque” que había salido de Venezuela transportando drogas hacia Estados Unidos. El video publicado por Casa Blanca sobre dicha operación, si es que en efecto es verídico, lo que demuestra, es una lancha rápida con cuatro motores fuera de borda, típica de aquellas utilizadas por traficantes de drogas para introducir sus cargamentos en algún punto del Caribe.
Se trata de un ataque militar, no contra un país en guerra con Estados Unidos, sino de un ataque por dicho país contra personas civiles que alegadamente trafican con sustancias controladas. Si en efecto, se trataba de una lancha rápida transportando drogas, la operación en todo caso debió haber sido llevada a cabo por la Guardia Costanera o por alguna otra agencia de interdicción anti drogas. De hecho, la operación pudo haber sido incluso coordinada con el propio gobierno venezolano en el marco de la lucha anti narcóticos.
Todavía en ese momento entendía que una fuerza naval como la desplazada frente a las costas de Venezuela, aunque con capacidad para lanzar sus misiles contra objetivos e instalaciones venezolanas localizadas en tierra; no tenía por sí el potencial necesario para una invasión exitosa a dicho país. Pensaba en el alto precio que pagaría una fuerza invasora frente a la capacidad defensiva de la Fuera Armada Bolivariana y sus milicias. Más aún, ya perpetrada ya una invasión, me preguntaba si el pueblo norteamericanos estaba en disposición de pagar el costo en vidas y materiales que conlleva la ocupación de dicho país.
Mi referente inmediato era la invasión de Estados Unidos a Iraq en 1993; el paralelismo entre el discurso justificador para la invasión de Iraq sobre la producción de las “armas de destrucción masiva” imputadas al gobierno de Saddan Hussein, y las comparaba con las imputaciones de narcotráfico que hoy hace Estados Unidos respecto al gobierno de Nicolás Maduro. En el caso de Venezuela, como fue antes en el caso de Saddan Hussein, las acusaciones de ser un dictador, de reprimir a la oposición y de violación de derechos humanos, también fue parte del discurso que precedió la invasión.
Sin embargo, el discurso de la Administración Trump de “guerra contra los carteles de drogas”, señalando que comprometen la seguridad nacional de Estados Unidos, ha comenzado a cambiar girando ahora en torno a otros asuntos. Hoy, en el discurso contra el gobierno venezolano enfatiza más en señalar el carácter ilegal de la presidencia de Maduro; el alegado fraude electoral; la presencia de una oposición interna activa en el país; los llamados a los mandos militares, tropas y a integrantes de los organismos de seguridad, a desertar; a desobedecer órdenes de sus superiores e integrarse a las fuerzas de la oposición, procurando así lo que llaman, “un cambio de régimen”. Se trata en definitiva de un lenguaje que justificaría un “golpe militar” contra el gobierno de Maduro.
Hasta ahora, pese a los esfuerzos llevados a cabo por Estados Unidos y la oposición venezolana para romper la lealtad de la Fuerza Armada Bolivariana han fracasado. Sin embargo, lo anterior no significa que pueda haber peligrosas disidencias en el seno de la Fuerza Armada Bolivariana. Después de todo, no deberíamos esperar que dichos estamentos militares formen un bloque monolítico Esto explica, en parte, el por qué se recurre a ofrecer tanto dinero en recompensa por la captura del presidente Maduro y otros altos funcionarios de su gobierno y la rama militar.
El incremento de la presencia naval de Estados Unidos en los pasados días frente a las costas venezolanas con buques de guerra adicionales; la reactivación de ejercicios militares en Puerto Rico con la participación conjunta de la Guardia Nacional y la Infantería de Marina de Estados Unidos; el propuesto traslado a Puerto Rico de diez aviones de combate F-35; la reactivación del uso de distintos componentes en las instalaciones militares en desuso de la anterior Estación Naval de Roosevelt Roads: como facilidades en el Aeropuerto Punta Borinquen (antes Ramey Field en la porción oeste del país); a lo que se suma el uso de las facilidades de la Base Aérea Muñiz aledaña al Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín, también forman parte de las operaciones contra Venezuela.
Esta reactivación en el uso del territorio nacional puertorriqueño con propósitos militares, anticipa también la posible utilización de tropas puertorriqueñas de la Reserva del Ejército y de la Guardia Nacional en un potencial conflicto asumiendo el rol de fuerzas auxiliares de combate y ocupación. La Reserva del Ejército en Puerto Rico cuenta con aproximadamente 4,500 efectivos; mientras que la Guardia Nacional, incluyendo los efectivos del Ejército y la Fuerza Aérea, cuenta con alrededor de 10,000 soldados.
El desplazamiento de buques de la Marina de Guerra, así como de una Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina, no es algo inusual. Este tipo agrupación de combate encabezado por un portaviones participa tanto en su ejercicio intermedio COMPTUEX (“Composite Training Unit Exercise”), como en el ejercicio final previo al despliegue, denominado JTFEX (“Joint Task Force Exercise”).
Parte de la dotación de un grupo de combate incluye, entre otros medios navales, una unidad de transporte anfibio como la desplazada a aguas cercanas a Venezuela y como parte de la misma, una unidad de la Infantería de Marina. Es precisamente este cuerpo militar el que ha llevado a cabo ejercicios en el balneario del municipio de Arroyo.
Al presente, se suman a la dotación inicial desplazada a aguas cercanas a la costa venezolana otros buques de guerra que incluyen destructores y fragatas. No debe tampoco extrañar, que si en efecto, está dentro de los planes del gobierno de Estados Unidos llevar a cabo una operación terrestre, ya se haya desplegado dentro del territorio venezolano unidades de fuerzas especiales para apoyo a una eventual intervención militar. Después de todo, esto no es fantasear. Basta recordar los sucesos de abril de 2002 en el marco del fallido golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez.
Entonces, coordinado desde la Estación Naval de Roosevelt Roads y en el contexto de ejercicios navales llevados a cabo por un grupo de combate cerca de las costas de Venezuela, Estados Unidos proveyó apoyo logístico a los golpistas desde sus unidades navales desplegadas; como también desde sus bases de operación de avanzada (“Forward Operation Locations”) en el Mar Caribe y en la República de Ecuador. En el esfuerzo también participó su Embajada en Caracas, así como distintos componentes y unidades del Comando Sur. Estados Unidos contó, además en aquel momento, con el apoyo del gobierno colombiano y sus fuerzas armadas, entrenadas por el gobierno estadounidense como parte del “Plan Colombia”. En aquella ocasión, también estuvo presente la participación de la Segunda Flota (Flota del Atlántico). Hoy están presentes las fuerzas navales del Comando Sur.
Al presente, además de contar con Puerto Rico como área para el desarrollo de maniobras militares conjuntas entre la Infantería de Marina y la Guardia Nacional en el contexto de una posible operación militar contra Venezuela, se indica que el gobierno de la República Cooperativa de Guyana, con el cual Venezuela sostiene profundas diferencias territoriales sobre la soberanía de la región del Esequibo en su frontera oriental, ha dado su consentimiento al desplazamiento de personal militar estadounidense en su país.
En estos momentos Estados Unidos lleva a cabo una operación típica de “guerra sicológica” mayormente dirigida a dividir la opinión al interior de Venezuela y dividir el consenso patriótico en torno a la defensa de la soberanía nacional de parte de la Fuerza Armada Bolivariana. Parte de la campaña en esta etapa sería llevar a cabo acciones internas en el país por parte de la oposición, incluyendo acciones armadas, que promuevan el caos entre la población, generen la represión de tales acciones y sirvan de excusa a una intervención militar externa.
Este modelo de guerra sicológica no es nuevo. Ya fue ensayado en Iraq, Siria y Libia, por sólo mencionar algunos ejemplos. Creado el caos interno, le sigue la intervención militar, primero desde afuera del país, utilizando medios aéreos y misiles dirigidos para destruir los centros de mando y comunicaciones de la Fuerza Armada Bolivariana. Se trata de seguir el modelo desarrollado por parte de Israel contra Hezbolá en Líbano; o por parte de Estados Unidos contra la República Islámica de Irán, golpeando la infraestructura estratégica del país.
En las redes sociales figura un mensaje del candidato opositor en las pasadas elecciones Edmundo González. En él, González proclama su condición de presidente electo de Venezuela y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Bolivariana. Indica que se encuentra muy cerca de Venezuela, presto a entrar en el momento propicio al país. González reclama su condición de presidente legítimo y llama a la Fuerza Armada Bolivariana a no obedecer órdenes de sus jefes militares y a volverse contra el gobierno. Su mensaje sugiere el apoyo a una intervención militar extranjera, anticipando un baño de sangre entre los venezolanos si no se detiene a Maduro. Desde distintas latitudes, otros opositores como es el caso del presidente de El Salvador, también pregonan el fin del gobierno presidido por Maduro y apuestan al llamado “cambio de régimen”.
No sería de extrañar que más adelante, Estados Unidos también considere incorporar como parte de sus fuerzas navales contra Venezuela un portaviones proveniente de la Segunda Flota, toda vez que la Cuarta Flota, que es la que corresponde al Comando Sur, no cuenta con tal medio naval. De hecho, parte del componente naval que hoy se encuentra frente a las costas de Venezuela por el Comando Sur y de la llamada “Cuarta Flota”, proviene de la Segunda Flota (Flota del Atlántico) localizada en Norfolk, Virginia.
Los sucesos en torno a Venezuela cambian a cada momento. El discurso guerrerista, sin embargo, no se detiene. Hay que estar pendiente reclamando del gobierno de Estados Unidos el cese de su escalada militar contra el hermano país, y en nuestro caso particular, exigiendo de nuestro gobierno colonial el rechazo al incremento de la presencia militar de Estados Unidos en Puerto Rico.







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