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25 ANIVERSARIO DE LA EXCARCELACIÓN DE NUESTROS COMBATIENTES

  • Foto del escritor: CSCPR
    CSCPR
  • 19 oct 2024
  • 7 Min. de lectura

Mensaje del portavoz del Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico, Lcdo. Kevin Miguel Rivera Medina

Buenas tardes a quienes están aquí físicamente y a quienes nos siguen en vivo o nos verán más tarde en las redes.

 

El Comité Pro Derechos Humanos no podía dejar pasar este septiembre complicado -complicado por la cercanía de las elecciones, complicado por LUMAfuera, complicado por los reclutadores del ejército, complicado porque es la Jornada de Lares y la conmemoración del asesinato de Filiberto Ojeda Ríos, complicado porque se nos han muerto recientemente grandes amistades que son aliadas de la lucha, como Wanda Colón Cortés, complicado porque septiembre es mes de estrés post traumático por los huracanes que de cuando en cuando azotan y las respuestas de catástrofe para enriquecer a empresas que vienen a seguir saqueando y que chupan del desastre.

 

Pero dejarlo pasar no era opción. Celebrarlo es importante. Es una fiesta con reflexión; es una fiesta con historia; es una fiesta con reafirmación. Es una fiesta. No son muchas las naciones-colonias que pueden celebrar la liberación de sus prisioneros de guerra; mucho menos cuando se trata de liberarlas de las cárceles de un imperio impiadoso, ciertamente poderoso, groseramente homogeneizador, bravucón, y arrogante.

 

Los grandes imperios se mueven por la fuerza, por el control tentacular, por sus riquezas económicas y territoriales al son de despojos, por su poder tecnológico, por el terror. Y ante ese poderío, hay pocas armas para hacerle frente, pero son muchísimo más poderosas las que aquí tenemos; comenzando por el amor, seguido por la solidaridad, y al pie de ellas la astucia, la valentía, el sacrificio y la entrega.

 

No hay imperio que derrote un ejército dotado de esas armas. Y lo primero que yo quiero reconocer esta tarde de septiembre, es el enorme desprendimiento de cada una, de cada uno de nuestros combatientes excarcelados hace 25 años. No existen palabras para describir su sacrificio; hay ejemplos, modelos, siempre los hemos tenido. De heroínas y héroes de esta tierra podemos escribir libros y llenar una biblioteca.

 

Y son diversos tipos de desprendimiento. El desprendimiento material, real, que implica el riesgo. Cada combatiente conoce el riesgo y lo asume con sacrificio. Ese sacrificio no sólo es de quienes sufrieron cárcel, tortura y humillaciones, sino de cada combatiente; incluso los que nunca enfrentaron juicio ni cárcel, pero han debido vivir en silencio, bajo el radar, al ras del clandestinaje en su propio hogar. Y a ellas y ellos, que no sufrieron la vejación carcelaria, pero que arriesgaron igualmente su vida, también hay que reconocerles el sacrificio hecho.

 

Bien sabemos que la abnegación -como virtud moral-, en muchos casos, significó perder el trabajo, a veces perder el hogar, perder familia, no estar presente en momentos claves -tanto a nivel personal como colectivo-, el destierro en ocasiones, hasta entregar a sus hijos para que tuvieran una vida digna, o tener que despedir sus duelos por la crueldad del enemigo. Y repito, que no hay palabras para describir ese sacrificio.

 

Una de las características más nobles que han tenido los movimientos en defensa de nuestra libertad nacional es que no olvidan ese sacrificio, lo honran. Por eso, cada combatiente encarcelado, desterrado, o en clandestinaje, ha contado con el apoyo y el cariño indiscutible del movimiento libertador; óigame, y a veces las personalidades de cada cual pueden hacer bien difícil mostrarles nuestro cariño. Pero les amamos así, con sus humanas imperfecciones. Y eso me trae a otro tema.

 

Nuestra gente combatiente son heroínas y héroes, pero no son superhéroes; son valientes, claro está, pero con la misma fragilidad humana que usted y yo; imperfectamente humanos. Eso implica muchas cosas. Una de ellas es que podemos diferir, que nos podemos molestar por algo que digan o que hagan, de la misma manera que alguien se puede molestar conmigo por algo que yo diga o haga; pero eso no nos hará dejar de quererles y honrarles jamás…jamás. Y también significa, esa humana imperfección, que cada persona que ame mucho a esta tierra, que desee para ella bienestar y gloria en libertad, que se forme políticamente, y que esté dispuesta al sacrificio que implica el riesgo, puede ser héroe y heroína y ganarse el honor y el amor de su pueblo.

 

Ese amor que hace 25 años se les demostró al recibirlos en nuestra patria. Luego de una larga espera, del sacrificio también de quienes lo dieron todo en las campañas de excarcelación… Mire, no había mañana más hermosa para mí de pequeño que aquellas en que pasaba por los enormes murales acabados de pintar que hacía el CUCRE en el expreso Las Américas, casi frente al Oso Blanco, reclamando la libertad de los presos políticos. Y el coraje que me daba al ver que el Estado le volvía a pintar encima, y la tenacidad del CUCRE al regresar a pintar el mural. Era una guerra de paciencia, “pisa blandito, jode duro”, decían en mi barrio.

 

Ese amor a cada combatiente sólo era superado por otros dos amores: primero, el amor que los llevó a la cárcel, ese amor patrio incuestionable. Y patrio no es sólo alusivo a su tierra, sino a su gente. Ese amor por el bienestar de su gente que los llevó a prisión se compara con el otro amor: el amor con el que salieron de la prisión. ¿Cómo es posible que el amor pudiera más que el rencor, que el odio a esas dos décadas de encierro? Salieron para continuar un trabajo con su gente, que es fruto de su formación política.

Salieron de prisión con la frente en alto. El encierro no fue su derrota; la adversidad siempre abre caminos de oportunidad, y bien que han sabido aprovecharla nuestros combatientes. Nunca se pierde todo, lo indispensable es perder el miedo, enfrentarlo y vencerlo.

 

Y al salir se encontraron a un Puerto Rico sumido en una de sus gestas más importantes de finales del siglo XX y principios del XXI: la lucha por sacar a la Marina de Guerra de la Isla Nena. La llegada en septiembre del 1999 del grupo de combatientes excarcelados nos demostraba que la unión de voluntades populares, así como el trabajo sistemático, creativo, inteligente y entregado, rendía frutos.  Que no nos quepa dudas de que el triunfo de la excarcelación hace 25 años fue oxígeno para la lucha que hace unos meses se arreciaba por sacar a la Marina de Vieques, nos dio confianza, fuerza.

 

Y con ese Puerto Rico de lucha y unión contra la Marina de Guerra más potente del planeta, con esa realidad, fue que se toparon las once almas combatientes al salir de prisión. Y, nuevamente, la unidad del pueblo valiente, los cientos de personas que pusieron su pecho como escudo humano para detener el bombardeo, que se arriesgaron a la cárcel y al récord criminal, con el amor que hemos dicho que caracteriza ese sacrificio, esa unidad de pueblo derrotó al imperio y sacó a la Marina de la isla de Vieques y de Ceiba también, como antes lo hizo con Culebra.

 

Poco sabrían nuestros combatientes excarcelados que justo 20 años después de pisar suelo patrio, en el verano del 19, otra nueva unión de voluntades de pueblo, indignados por la indolencia de un gobernante inmaduro y fanfarrón -con su grupo allegado de hombres necios- nos volcaríamos en las calles para destituirlo, para jamaquear a la clase política y gritarles que no tenemos miedo, que somos más. Que no hay que esperar a que nos den la señal, que las borinqueñas y borinqueños ya estamos despiertos y prestos a luchar. Y la lucha de un pueblo unido rindió su fruto victorioso inmediato.

 

Pero como los pueblos obran por caminos misteriosos, parece ser que tendríamos que sembrar un poco más para ganar batallas adicionales. Hoy no me cabe la menor duda de que este pueblo está a punto de ganar otra batalla. No lo digo con un optimismo ciego; lo digo con la certeza de que el trabajo realizado ha clavado una puñalada mortal en el bipartidismo colonial. Que el abuso y la explotación han provocado mucha presión en la caldera a punto de estallar; que la negativa del poder metropolitano a abrir las llaves de paso para modular el calentón, hace que la caldera se vaya resquebrajando; y la clase político-empresarial local está en negación y no sabe ni qué hacer, aparte de mentir, meter miedo y reprimir. Es la actitud de la bestia herida, dando fuerte sus últimos aletazos.

 

Bien nos cantaba el grupo chileno Quilapayún, en ritmo de marcha, que el pueblo unido jamás será vencido. Y así como nuestro pueblo se unió para traer de regreso a casa, hace 25 años, a este hermoso grupo de combatientes que desde la diáspora lo entregaron todo por su patria, y lo logramos; así como nuestro pueblo se unió por sacar del paraíso viequense a la marina de guerra invasora, la más poderosa del mundo, y lo logramos; así como nuestro pueblo se unió para despedir a un gobernante rodeado de inmoralidad y falto de dignidad (de la verdadera dignidad, no la que pregonan como proyecto por ahí), y lo logramos; así mismo se está uniendo hoy, despojándose de los discursos de miedo, para cambiar el rumbo de cómo gobernarnos, de justicia social y de desarrollo sustentable, de crecimiento material y espiritual, de autoestima, y de encaminar el proceso para la tan necesaria descolonización, Y LO LOGRAREMOS.

Por primera vez en muchas décadas, este pueblo unido está derrotando el temor. Decían que ya nos han quitado tanto que nos han quitado hasta el miedo. El miedo que tanto sembraron al perseguir y criminalizar al independentismo. Pero la constancia de nuestros movimientos en todas las luchas sociales de justicia, la firmeza del ideal, la transparencia y la pulcritud de nuestra gestión, y la característica de ser insobornables, nos ha ganado la confianza suficiente como para derrotar ese discurso de odio y miedo.

 

Hace 25 años atrás, al recibir a nuestros combatientes en el aeropuerto, no podía imaginarme estas victorias. Se las debemos a los mártires que han caído, a quienes murieron sin disfrutar el dulce sabor de un pueblo erguido. Se las debemos a Elizam y a Dylcia, y con ambos, aquí presentes siempre, reafirmamos lo que nos decía otro chileno combatiente y salvador, que “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

 

¡Gracias, que viva Puerto Rico y que vivan nuestros 11 combatientes siempre libres!

 

Kevin Miguel Rivera-Medina

21 de septiembre de 2024

Casa Aboy, Miramar

 
 
 

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