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“Un aldabonazo de conciencias”

Rafael Cancel Miranda -nacido en Mayagüez, Puerto Rico, el 18 de julio de 1930 y fallecido en San Juan, el 2 de marzo de 2020- estuvo encarcelado en EE.UU. por 28 años y nunca olvidó hablar de la importancia de la solidaridad cubana en la defensa del derecho de Puerto Rico a su independencia.

Cancel Miranda es una síntesis de ese espíritu. La causa puertorriqueña como legado de José Martí, no se diluye en el tiempo.


“Quizá por acercarme a la persona equivocada, no estuve en el Moncada el día del asalto”, recordó Rafael Cancel Miranda cuando recibió en San Juan, Puerto Rico, el reconocimiento 500 aniversario de la Ciudad de Santiago de Cuba”.

La presidenta del Comité de Solidaridad -también merecedora de este homenaje-, Milagros Rivera, destacó cómo de manera sorpresiva, aquel 27 de julio recibió la distinción de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Santiago de Cuba, en reciprocidad por la defensa del pueblo cubano.

Junto a las 10.000 personas que acompañaron a los protagonistas de esa gesta, expedicionarios del yate Granma y héroes de la República de Cuba, estuvieron los puertorriqueños como parte de la celebración, a la que Cancel Miranda no pudo asistir por no admitir otra ciudadanía que no fuera la de su patria.

Explicó que tuvo que renunciar a viajar a Cuba y a cualquier otro sitio, por no reconocer el status que el pasaporte estadounidense impone, dada la condición colonial de los puertorriqueños. En 1917 se les impuso la ciudadanía estadounidense y, hasta la década de 1970, el servicio militar era obligatorio en Puerto Rico, por lo que miles de jóvenes puertorriqueños asistieron forzosamente, fueron heridos y muertos en todas las guerras en que Estados Unidos se involucró. Cumplidos los 18 años de edad, Rafael Cancel se negó a enlistarse en el ejército invasor y fue condenado a dos años de prisión en Tallahassee, Florida.

En remembranza siempre aparecía el ejemplo de sus padres y su exilio durante 14 meses en la vida cubana, donde fue conocido con el nombre de Lázaro. Allí participó en la construcción del túnel de la calle Línea en La Habana -comenzado en 1951 y terminado en 1953- hasta que el presidente Batista lo expulsó del país. A escasos cuatro meses de las elecciones presidenciales en 1952, Fulgencio Batista y Zaldívar dio un golpe de Estado en Cuba, con el beneplácito de los Estados Unidos (EE.UU.).

Rafael Cancel Miranda -nacido en Mayagüez, Puerto Rico, el 18 de julio de 1930 y fallecido en San Juan, el 2 de marzo de 2020- estuvo encarcelado en EE.UU. por 28 años y nunca olvidó hablar de la importancia de la solidaridad cubana en la defensa del derecho de Puerto Rico a su independencia.

Oscar Collazo, Lolita Lebrón, Irving Flores, Andrés Figueroa Cordero y Rafael Cancel Miranda, los cinco héroes que resumieron los ideales de su pueblo, fueron liberados en 1979 por la solidaridad que su causa generó en todo el mundo.


Hasta el último instante


El primer cubano en firmar el libro de condolencias por la desaparición física de Rafael Cancel Miranda fue Ricardo Alarcón de Quesada, ya hace dos años en la sede de la Misión de Puerto Rico en Cuba, al cual le siguieron, con respeto, decenas de connacionales.

“Es de esas cosas que se te quedan grabadas por siempre. Rafael Cancel Miranda como el Che Guevara, creyó en el hombre nuevo y fue capaz de ponerse por encima de las circunstancias y luchar hasta el último instante. Con una impresionante energía y vitalidad hasta el último minuto”, dijo en esa ocasión al espacio radial “La Luz de la Memoria”.

Ricardo Alarcón de Quesada, doctor en Filosofía y Letras, quien fue presidente del Parlamento Cubano desde 1993 hasta 2013, previamente desempeñó la responsabilidad como representante permanente de Cuba ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Vicepresidencia de la Asamblea General. Después de esta función, describió los contextos especiales que lo involucraron con los independentistas de la hermana isla de Puerto Rico, causa abrazada por Cuba desde mucho antes del triunfo revolucionario.

“Carter decide ponerlos en libertad. Durante una comparecencia ante la prensa, un periodista le pregunta al presidente norteamericano, cómo daba la casualidad que acababan de llegar a Miami unas personas que fueron agentes de la Agencia Central de Inteligencia, que estuvieron presos en Cuba. A lo que Carter manifiesta, ¡qué bueno, para que puedan celebrar con su familia la Navidad! ¿Algún problema con eso? Es interesante como el estilo de la política norteamericana ha ido decayendo con el tiempo, hasta llegar a la vulgaridad imperante”, destacó Alarcón de Quesada.

“Regreso a Estados Unidos junto a la delegación cubana, durante una asamblea especial de la ONU en 1979. Yo no estaba en las Naciones Unidas, porque justamente había terminado ese año. Allí va Fidel, como presidente del Movimiento de los Países No Alineados, después de la celebración en Cuba la Sexta Cumbre”.

No me voy sin verlos


“Justo antes de regresar a Cuba -describió Alarcón- los puertorriqueños que habían sido liberados por Carter, llegaron a Nueva York. Fidel dijo que no se iba sin verlos, porque de aquí salíamos para el aeropuerto”.

El comandante en jefe de la Revolución Cubana participó en la internacionalización del caso colonial de ese país. También, la misión diplomática ante la ONU presentó esta realidad en el Comité de Descolonización, junto con una gran campaña internacional a favor de su libertad, incluso en EE.UU.

En agosto de 1979, el Comité de Descolonización de las ONU aprobó una resolución patrocinada por Cuba e Irak, para pedir a Washington que transfiriera inmediatamente la soberanía de la isla al pueblo de Puerto Rico, y pusiera en libertad a los cuatro prisioneros. Además, estaba la petición reiterada por países tercermundistas, reunidos en la Sexta Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados (Mnoal).

El primero de marzo de 1954, los miembros del Partido Nacionalista de Puerto Rico irrumpieron en el Capitolio de EE.UU. y a la exclamación de: ¡viva Puerto Rico Libre!, abrieron fuego para llamar la atención sobre la situación colonial de su país. Nadie falleció a consecuencia, pero lamentablemente si contaron heridos. Los jóvenes asaltantes fueron detenidos sin mayor resistencia, momento en que la jefa del operativo, Lolita Lebrón gritó: “¡yo no vine a matar a nadie, yo vine a morir por Puerto Rico!”

La investigadora Milagros Pichardo precisa que fue interpuesta la reclamación del fiscal Leo A. Rover para imponer la pena de muerte, ante lo que el juez Alexander Holtzoff decidió condenarlos a los plazos más largos años de prisión permisibles.

Rafael Cancel, Cordero e Irving fueron condenados a 75 años de reclusión y a Lolita Lebrón le impusieron 50 años de privación de libertad.

Previamente, Oscar Collazo y un comando nacionalista atacaron la Casa Blair en 1950, lo que provocó la muerte de varios independentistas y policías. Collazo fue condenado a muerte y la campaña internacional ayudó a que fuera conmutada la sentencia, por cadena perpetua.

Con ambos actos realizaron un ciclo de jornada revolucionaria, iniciado con el Grito de Jayuya, el 30 de octubre de 1950 y que culminaría aquel primero de marzo de 1954. Fue un llamado a la insurrección contra el Gobierno de EE.UU. impuesto a Puerto Rico.

En el artículo titulado “Fidel obró en la liberación de Rafael Cancel Miranda y sus compañeros”, se señala cómo los nacionalistas boricuas carecieron de un trato humano durante los años de encierro.

Tras haber padecido presiones de carácter político, amenazas físicas, psicológicas, sumado a la falta de atención médica e intentar modificar su conducta con programas de ensayo en las cárceles estadounidenses, aquel 6 de septiembre de 1979, al filo de las 11 de la noche, fue anunciada la liberación de los independentistas puertorriqueños.

El comunicado dijo que el presidente Carter concedió el perdón -a los cuatro nacionalistas- después que el Departamento de Justicia refiriera informes favorables.

“Andrés Figueroa Cordero estaba muy enfermo de cáncer y fue liberado antes. Los norteamericanos son muy pragmáticos, un enfermo grave les cuesta. Así que lo liberan para que estuviera a cargo de sus amigos y familia”, recuerda Alarcón de Quesada.

La conmutación de las sentencias estaba basada en la “recomendación favorable” del secretario de Justicia, Benjamín Civiletti, precisando que no serían puestos en libertad hasta completarse los trámites administrativos.

La gestión del Gobierno de Cuba en la liberación de los compatriotas al realizar un canje de prisioneros, no fue revelada entonces. Carter pondría en libertad a los cuatro puertorriqueños y Cuba liberaría a igual número de estadounidenses, acusados por realizar espionaje en la mayor isla antillana, refiere el artículo.

Sobre el tema, Cancel Miranda enfatizó su agradecimiento en un artículo titulado “La llegada a la Patria”.

“Mi gente. Gracias a ustedes salimos con el puño en alto, triunfadores. Gracias a Nelson W. Canals, los abogados Emilio Soler Mari, Juan Mari Bras, Michael Deutsch y Mara Siegal, a Rita Zengotita, Pupa Nazario, Domingo Vega Figueroa, Roberto Martínez, Iris Martínez, al Rev. José Torres, Pepe Rivera Sotomayor, Paulino Castro, Rosa Collazo, y tantos otros compañeros y compañeras que lucharon por nuestra excarcelación incondicional".

"Así fue que salimos, sin condiciones ni perdones. Gracias a Fidel Castro y al pueblo cubano que negoció con la administración Carter, se logró un canje de prisioneros entre agentes de la CIA encarcelados en Cuba y los cinco presos nacionalistas. Nuestro compañero Andrés Figuera Cordero había sido excarcelado incondicionalmente un año antes, por padecer de un cáncer terminal, pero también fue parte de la negociación y la excarcelación, sin perdones ni condiciones. Gracias a todos aquellos y aquellas que por años nos fortalecieron el espíritu con sus cartas de solidaridad patria”.

Formalmente, fueron liberados el 10 de septiembre de 1979 y, unos días más tarde, el 14 de octubre, se reunieron con Fidel en la sede de la Misión Cubana ante la ONU. “Yo tuve que ir a recogerlos, caminando desde la Misión diplomática cubana hasta la avenida Lexington”, contó Alarcón, exrepresentante de Cuba en la ONU.

Foto: Rosa María Fernández

Caminó por la vía de un solo sentido en el barrio de Manhattan. “Ésta es una de las más encumbradas de avenidas neoyorkinas, que estaba tomada por la policía porque desde aquí salíamos para el aeropuerto de regreso a Cuba, con Fidel. Por cierto -continua Ricardo Alarcón- en Lexington Avenue, me encontré a Lolita Lebrón, a quien sólo conocía por fotos de revistas".

"Una de las únicas amistades con quien mantuvo comunicación las cárceles de máxima seguridad, fue con mi esposa. Esos son los rasgos de Fidel Castro que no se conocen, ya que él le encargó a mi esposa el contacto con Lolita, la inspiró a escribirle, porque lo peor que hay para un preso es la soledad. Sentir que alguien desde fuera de la prisión se interesaba por ella, la reconfortaría, le dijo”.

Fue a través de Antulio Parrilla Bonilla, sacerdote jesuita, luchador por la justicia social, y de su sobrina Carmencita, los que siempre pasaban por Nueva York antes de ir a ver a Lolita, que le llegaba una carta. “Por eso, cuando la veo en la calle, de inmediato me pregunta: cómo esta Margarita”, rememora con una sonrisa.

Más adelante, cuando Lolita llegó de visita a Cuba, le dijo a Fidel: ¿cómo te atreviste a hacer eso? A lo que él respondió pacientemente sobre la importancia de que estuvieran comunicados, narró Alarcón. “En los documentos hay varios informes del Departamento de Estado, incluso uno de Zbigniew Kazimierz Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional del Gobierno de Jimmy Carter, el presidente de Estados Unidos, donde le aconseja: ‘nosotros no podemos continuar reteniendo a la presa política más antigua del mundo, pero ella no acepta salir si no se liberan a todos sus compañeros’. En varios de esos mensajes dicen cuándo llego a Nueva York, y refieren que seguramente yo iba a interceder por los presos puertorriqueños. Esos documentos están desclasificados y editados, después de diez o 20 años”.


Una causa justa


Ricardo Alarcón siempre se ha sentido como en su casa al visitar la Misión de Puerto Rico en La Habana, donde también ha compartido estas experiencias.

“Fidel siempre fue un luchador consecuente con la independencia de Puerto Rico desde sus tiempos universitarios. Mucho después, también como él, nosotros dirigimos el Comité por la independencia de la hermana isla. Es una tarea martiana, un mandato histórico, incluso en la República de Cuba con la excepción de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, más o menos, casi todos los gobiernos trataron de ser consecuentes con ello. Mucho antes, el líder independentista Don Pedro Albizu Campos estuvo en Cuba”, dijo a la periodista Arleen Rodríguez, a propósito del deceso del líder boricua.

Ese encuentro estuvo precedido por una solicitud de Don Federico Enrique Carvajal, amigo del prócer cubano José Martí, donde le dijo a Emilio Roig que recibiera a Don Pedro Albizu Campos, de quien decía: “ese joven intelectual que va por el camino de Eugenio María de Hostos y de Juan Pablo Duarte, y lógicamente de Ramón Emeterio Betances”, precisó en su momento Eusebio Leal, historiador de La Habana, Cuba.

También indicó que en el archivo histórico cubano se conservan los manuscritos de Albizu Campos sobre la conferencia que debió pronunciar aquel día, a la que asistió invitado por el Grupo Minorista, entre cuyos miembros estaba el propio Emilio Roig de Leuchsenring, junto a otros prestigiosos intelectuales cubanos como Rubén Martínez Villena.

“Luego de esa visita a Cuba se crea inmediatamente la Junta de Solidaridad con Puerto Rico, presidida por el político, maestro y periodista cubano Enrique José Varona, vicepresidente de la República neocolonial de Cuba. Aquellos gobiernos tenían vicios, pero era tan fuerte el vínculo con Puerto Rico, que se vieron obligados a mantenerlo”. Alarcón precisó la contradicción: “cuando Cancel Miranda llegó a Cuba por primera vez, estaba Prío en el poder”.

Carlos Prío Socarrás fue el presidente de Cuba desde 1948 a 1952 y su Gobierno se caracterizó por una fuerte corrupción administrativa, el gansterismo y la persecución al movimiento obrero, entre otros desmanes.

“Sin embargo durante su mandato se libró una batalla diplomática campal que duró todo el año 1949, en la que Cuba se quedó aislada. Los yanquis impusieron que no definieran un dictamen, en la comisión de la recién creada Organización de Estados Americanos, sino que consultaran a sus gobiernos. Con la única excepción de Juan José Arévalo, de Guatemala y la Argentina de Juan Domingo Perón, Cuba estuvo sola apoyando la independencia de Puerto Rico”, indicó Alarcón.

“En el libro titulado ‘La contrarrevolución cubana en Puerto Rico y el caso de Carlos Muñiz Varela’ -donde escribió el prólogo- señaló las declaraciones de los primeros días de enero de 1959, realizadas por el primer gobernador de Puerto Rico y promotor del Estado Libre Asociado, Luis Muñoz Marín. Él estaba preocupado porque esos sentimientos solidarios, iban a adquirir mayor fuerza con la Revolución Cubana".

"Muñoz Marín se refería a que algunos planteaban la independencia de las colonias europeas y fue Cuba la que planteó la independencia de Puerto Rico. Es muy importante que la historia se conozca. No es un invento ‘castrista’ el apoyo a la libertad de Puerto Rico, sino que tiene mucha historia”, insistió el expresidente de la Asamblea Nacional de Cuba.

Cancel Miranda es una síntesis de ese espíritu. La causa puertorriqueña como legado de José Martí, no se diluye en el tiempo.

“No todo el mundo es colonia de la mayor superpotencia de la historia. Estoy seguro de que el pueblo de Mayagüez y en todo su trayecto le brindará la honra que merece. Desde el Cardenal hasta el último sindicalista. Incluso los políticos. Con la única excepción de los más serviles anexionistas, todos han dicho palabras de respeto a Cancel Miranda”, sentenció Alarcón al conocer el fallecimiento del prócer independentista.

“El de Puerto Rico es un caso complicado. Sin embargo, cuando ahora se habla de luchas contra el neoliberalismo y las privatizaciones, recordemos que los puertorriqueños pararon las privatizaciones con grandes huelgas. También piensen en Vieques, de donde hicieron salir a la Marina de Guerra estadounidense, con el pueblo como escudo”.

“Desde Barack Obama hacia acá, tanto el Poder Ejecutivo, el Congreso, el Tribunal Supremo de Estados Unidos, han dicho formalmente que Puerto Rico es una colonia. No es un territorio asociado, ni libre. Donald Trump con su famosa tiradera del papel higiénico, todavía pretendió humillar más a los puertorriqueños”, continuó narrando Alarcón.

“La terrible deuda que no hay quien la pague, fue lo que llevó al Gobierno de Estados Unidos a establecer en Puerto Rico una Junta de Control Fiscal, que es quien administra a la isla. Hace rato que el Estado Libre Asociado no existe, desapareció por defender los intereses de sus acreedores, los bonistas, etc.”.

“De manera que ya el tema en su plano teórico está resuelto, nadie lo duda. Hace falta valor y sacrificio, lo dijo Albizu. Todo el mundo no está dispuesto al heroísmo, pero difícilmente haya algún puertorriqueño que no haya salido a rendir tributo a Rafael Cancel Miranda. Porque se ven reflejados en quien fue capaz de expresarlos en un modo que ninguno ha llegado, eso lleva a que Rafelito sea perenne en la conciencia de los puertorriqueños. Es un aldabonazo que conmueve conciencias”.

 

Fuente: “Un aldabonazo de conciencias” | En Profundidad | teleSUR (telesurtv.net)

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