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EL CASO COLONIAL DE LAS ISLAS MALVINAS, SU RECLAMO SOBERANO POR ARGENTINA

Ante el reclamo de diálogo de varios expresidentes de gobierno del Estado español

En días recientes, el periódico digital argentino La Nación, publica un artículo bajo el el título Malvinas: cuatro expresidentes españoles exhortaron a Reino Unido a que dialogue con la Argentina. Indica la noticia que Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, dos expresidentes de gobierno bajo el Partido Socialdemócrata Obrero Español (PSOE) y dos expresidentes de gobierno bajo el Partido Popular (PP) “emitieron un comunicado en el que señalan la importancia de que se reactive el diálogo entre el gobierno británico y el argentino para solucionar la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas.” Indican los exfuncionarios del gobierno español que reafirman la necesidad, a la mayor brevedad, de que ambos gobierno reinicien las negociaciones “tendientes a encontrar una pronta solución a la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espaciones marítimos colindantes. Cualquier persona opuesta al colonialismo y al imperialismo por parte de potencias extranjeras tendría que ver con buenos ojos esta inciativa de los expresidentes de gobierno españoles. El problema, sin embargo, es la falta de credibilidad en ellos. Nótese que se trata de los mismos funcionarios que bajo sus presidencias no han procedido de igual manera en el manejo de la lucha del pueblo saharaui por su libre determinación, a pesar de España haber cedido unilateralmente el territorio que reivindica la República Árabe Saharaui Democrática en lo que antes fue el denominado enclave colonial español en el noroeste de África, el Sahara Español.


La noticia también indica que como parte del Grupo de Apoyo al Diálogo se encuentran importantes figuras de la política internacional española, que incluye al ex Ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo, considerado uno de los “padres de la Consitución Española”. Se trata de la misma Constitución que hoy se invoca para justificar el procesamiento y encarcelamiento de ciudadanos que reinvindican la autodeterminación de Catalunya bajo la premisa de que España es un estado unitario e indisoluble. Para colmo, indica también la noticia que otra de las voces reclamando del Reino Unido el diálogo con Argentina sobre el tema de las Islas Malvinas es el ex Secretario de la OTAN y Alto Responsable para la Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea, Javier Solana. Este invoca la aplicación del derecho internacional, derecho que en todo caso también deberían reclamar, si es que es una postura de principio basada en el derecho, en su aplicación al caso colonial de Puerto Rico frente a los Estados Unidos.


Una de las bases del reclamo hecho al gobierno británico son “las sucesivas resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que instan a su Secretario General a que lleve adelante gestiones de buenos oficios a fin de que se reanuden negociaciones”, cuyo principal propósito es procurar una solución pacífica en el marco de las resoluciones de la ONU, de la OEA y de la Carta de la ONU. Sin embargo, una vez más, en el caso del gobierno español respecto al derecho del pueblo saharaui a su libre determinación, se observa un total y absoluto silencio.


En el caso de Puerto Rico, si bien no hay propiamente una denuncia de la Asamblea General de la ONU a nuestra condición colonial, hay más de treinta y cinco resoluciones de su Comité de Descolonización afirmando el derecho de nuestro pueblo a la libre determinación e independencia. A ese reclamo, también, se ha sumado la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) reconociendo a nuestro país su condición de pueblo latinoamericano y caribeño.

No podemos referirnos al derecho del pueblo argentino a reclamar su soberanía sobre las Islas Malvina, Georgias del Sur y Sandwich del Sur sin mencionar los sucesos que enfrentaron a Argentina y el Reino Unido de la Gran Bretaña en el conflico militar desarrollado durante el pasado siglo.


Nos dice la Enciclopedia Libre Wikipedia, que una Dictadura Militar “es una forma de gobierno autoritario en la cual, en mayor o menor grado, las instituciones ejecutivas, legislativas y jurídicas son controladas por las fuerzas armadas que impiden cualquier forma de control democrático.” Señala también que una de sus características universales en este tipo de dictadura es la “institución de la ley marcial o de un estado de emergencia permanente, mediante el cual se eliminan todas las garantías jurídicas que protegen a las personas contra el abuso del Estado.” De acuerdo a lo anterior, este tipo de gobierno, impuesto sobre la base de la fuerza armada, no guarda respeto por los derechos civiles o humanos de sus ciudadanos. Utilizando la violencia, que les asegura el control del aparato estatal, suprime voces de disidentes u opositores políticos.


Históricamente hablando, en América Latina el término “Dictadura Militar” no puede desasociarse de los Estados Unidos, lo que han sido sus estamentos militares y lo que fue y sigue siendo la famosa Escuela de las Américas. Allí se formaron y deformaron miles de militares y policías de los países latinoamericanos que eventualmente ejercerían, por vía de las armas y la supresión de derechos, las desapariciones, muertes y torturas de cientos de miles de opositores políticos.


A lo largo de su historia, la República Argentina padeció las consecuencias de tales dictaduras militares. Recordamos aquella película de finales de los años sesenta titulada La Patagonia Rebelde, cuando en su comienzo el narrador indica cómo en la historia de esa República, nunca antes tantos ciudadanos habían sido perseguidos y asesinados, como aquellos perseguidos y asesinados por sus propias fuerzas armadas.


Durante el periodo de 1976 a 1983 Argentina vivió la última de sus dictaduras militares a través de varias Juntas, la primera de las cuales estuvo encabezada por el General Jorge Rafael Videla, tras un Golpe de Estado. La campaña desatada por la Dictadura Militar contra el movimiento revolucionario, que incluía entre otras, organizaciones como la organización peronista de izquierda denominada Montoneros; el Partido Revolucionario de los Trabajadores Argentinos, el Partido Comunista Argentino y otras fuerzas socialistas y comunistas, cobró en el curso de lo que se conoció como la “Guerra Sucia”, la vida de más de 20 mil argentinos.


Una de las crisis que precipitó la caída de la Dictadura Militar en Argentina y a la vez la reelección del gobierno neoliberal de Margaret Thatcher en el Reino Unido de la Gran Bretaña, fue el resultado de la “Guerra de las Malvinas”, desarrollada entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.


Las Islas Malvinas (denominadas por los británicos como “Falkland Islands”, junto con las islas Georgias del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur, Sandwich del Sur y algunos territorios localizados en la Antártica denominados por éstos como “Tierra de Graham”, fueron el objeto de esta Guerra. La disputa entre las partes, sin embargo, se remonta a muchos años antes; incluso siglos atrás.


Estos territorios formaron parte de la jurisdicción reconocida al Reino Español desde el Siglo XVI. Sin embargo, no fue sino hasta 1670, que mediante el “Tratado Americano”, suscrito entre España e Inglaterra, se reconoció la jurisdicción española sobre todos los territorios australes españoles en América del Sur, sus costas e islas. Más adelante en 1715, mediante el “Tratado de Ultrech-Rastatt”, ratificado por España, el Reino Unido y los Países Bajos se puso fin a la Guerra de Sucesión librada en España. En él acuerdo alcanzado, España cedió en beneficio del Reino Unido importantes territorios en América del Norte. No obstante, ya en 1749 España había tomado conocimiento del interés británico de establecerse en el territorio de las Islas Malvinas. También Francia intentó hacer lo propio hacia 1767.


Mediante la firma del “Tratado de San Lorenzo de Escorial” en 1790, Inglaterra acordó no desarrollar establecimientos con colonos tanto en las costas orientales como occidentales de América Meridional y sus islas adyacentes. Esto incluía las Islas Malvinas, las Georgias del Sur, las Orcadas del Sur, Shetland del Sur y Sandwich del Sur.


A raíz del triunfo de las Guerras de Independencia en el Cono Sur, España cesa su dominación en estos territorios. El 10 de junio de 1829 la República Argentina creó una Comandancia Política y Militar en las islas Malvinas. En 1831 un buque de la armada de Estados Unidos atacó la localidad de Puerto Soledad como acto de represalia por la captura por parte de Argentina de varios llamados “buques loberos” que pescaban en el litoral, ello en violación de las leyes de pesca argentinas. Una vez fue restablecida la presencia del gobierno argentino en el lugar, dos buques de la Marina Real inglesa exigieron la rendición del contingente argentino estableciendo a partir de entonces allí su presencia. Ya para 1841 el gobierno inglés tomó la decisión de colonizar las Malvinas procediendo a designar un gobernador. A partir de entonces, el diferendo entre ambos países se ha mantenido, donde el gobierno argentino no ha desistido en un solo momento de reivindicar sus derechos soberanos sobre los territorios en disputa.


En tiempos más recientes, cuando a raíz de la fundación de la ONU se produjo la Resolución Número 66 (I), aprobada el 14 de diciembre de 1946 para hacer efectivo el Artículo 73 (c) de la Carta de las Naciones Unidas en la cual se dispuso la obligación de las potencias administradoras de proveer información sobre los territorios que administran. El Reino Unido de la Gran Bretaña inscribió las Islas Malvinas y los otros territorios como territorios administrados por dicho país. La posición asumida por la República de Argentina fue formalizar la reserva de su derecho soberano sobre estas islas, acto que reiteró en 1955; y más adelante en 1960, con la aprobación de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de la ONU. En una resolución aprobada por el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas en 1964 el gobierno argentino cuestionó importantes omisiones históricas y jurídicas en el documento.


Luego de los cambios sufridos por la Junta Militar argentina en 1981, con la llegada al poder de Leopoldo Galtieri, se produjo en el seno del gobierno argentino la discusión sobre la recuperación de las Islas Malvinas y Georgias. En las deliberaciones, tomando como base las difíciles relaciones entonces existentes con la República de Chile y la Junta Militar de Augusto Pinochet, los militares argentinos se plantearon ocupar algunas islas localizadas al sur en el Canal de Beagle, que aunque ocupadas por Chile, los militares argentinos también reclamaban le pertenecían a Argentina. En sus deliberaciones, los militares argentinos concluyeron que había llegado el momento de llevar a cabo una acción militar que les permitiera la recuperación de estos territorios. Es así como surge y se pone en marcha las famosas “Operación Rosario” y la “Operación Azul”.


El 1 de abril comenzaron las operaciones militares argentinas en las Islas Malvinas, produciéndose el desembarco de tropas al día siguiente. En las operaciones militares, la guarnición británica en las Islas Malvinas, luego de breves combates, se rindió. En las islas Georgias del Sur, sin embargo, la respuesta inicial de la guarnición británica fue pelear y no rendirse, aunque más adelante, también capitularían.


En el conflicto armado Chile, al igual Estados Unidos, cerró filas con el Reino Unido de la Gran Bretaña. El resto de América Latina, a pesar de la existencia de serias diferencias políticas e incluso sistemas económicos, la mayoría de los países cerraron filas en apoyo al reclamo de los derechos soberanos de Argentina sobre los territorios en disputa con el Reino Unido de la Gran Bretaña. La respuesta británica ante Argentina no se hizo esperar con el desarrollo de la “Operación Corporate”, iniciada con el ataque con torpedos desde un submarino inglés al buque insignia de la Armada argentina, General Belgrano. Su hundimiento causó la muerte de 323 tripulantes argentinos. Tras varios días de combates en tierra, aire y mar, con un saldo de 649 argentinos caídos en combate y 258 británicos y aliados fallecidos, el día 14 de junio de 1982 se alcanzó un alto al fuego.


Esta derrota militar argentina ocurrida hace casi cuarenta años, precipitó un amplio movimiento de masas en repudio a la Junta Militar la cual se vino abajo en 1983. Desde entonces el tema del reclamo de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y otros territorios insulares continúa planteado ante diversos foros. Mientras Argentina levanta su reclamo soberano ante los foros internacionales, el Reino Unido de la Gran Bretaña sostiene su negativa a negociar nada con Argentina que se relacione con el tema de su reclamo de soberanía sobre estas islas.


Consciente de que la mayoría de los habitantes en estos territorios son de origen británico, el Reino Unido reclama que el tema del futuro de estos territorios corresponde decidirlo mediante el voto a su habitantes. Claro está, desde el siglo pasado Inglaterra ha desarrollado un sistemático proceso de transferencia de población a estas islas por lo que el voto reclamado será de votantes de origen británico y no argentinos. Argentina, por su parte, demanda de Inglaterra la devolución de dichos territorios a quien en su origen le pertenecieron, reclamando que no sea el resultado de una ocupación militar lo que determine el derecho aplicable al caso de las Islas Malvinas.


Desde la presidencia de Cristina Fernández se revivió a nivel continental el impulso por el reclamo soberano argentino sobre las Islas Malvinas en foros internacionales. El mismo fue llevado ante la Unión de Estados Suramericanos (UNASUR) y más adelante, ante la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribeños (CELAC), donde en los pronunciamientos y declaraciones de sus cumbres se ha reivindicado el derecho de Argentina al ejercicio de su soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y otros territorios australes.


Hace varios años, en ocasión del aniversario de la Guerra de las Malvinas, la edición digital en español del periódico The New York Times publicó un artículo escrito por Teresa Sofía Buscaglia titulado El militar inglés que le devolvió su nombre a los argentinos caídos en Malvinas. Indica la autora que un capitán de nombre Geoffrey Cardozo, oficial en logística adscrito al Ministerio de Defensa del Reino Unido de la Gran Bretaña, terminada la guerra, recibió la encomienda de construir un cementerio en un predio de terreno localizado en Darwin, donde hoy reposan los restos de más de 200 argentinos fallecidos en combate. De ellos, en aquel momento121 fueron enterrados sin nombre.


Relata la historia de Buscaglia que Cardozo logró eventualmente la identificación de los restos de 91 de aquellos soldados. Relata el ex militar británico que concluida la guerra le asignaron se encargara de aquellos restos de cuerpos sobre el terreno, algunos encontrados en campos minados, logrando como parte de su gestión la sepultura de más de 200 efectivos argentinos. Con las notas que él levantó y los “dibujos, diagramas y números” donde había anotado “cada detalle de cada cuerpo que había enterrado, incluida su ubicación, entre los años 2008 y 2016, junto a tres veteranos de la guerra argentinos, comenzaron a exhumar los cadáveres y a identificar los cuerpos. Finalmente 210 familiares de aquellas víctimas sin nombre de la guerra, pudieron darles un adios a sus familiares 36 años después de la derrota.


Se ha dicho por alguien, que parte de las comunicaciones militares de las fuerzas armadas argentinas fueron interceptadas por los Estados Unidos desde instalaciones ubicadas en Puerto Rico en la Estación Naval de Sabana Seca. Desde allí la Marina de Guerra de Estados Unidos operaba radares y medios de interceptación electrónica, mediante las cuales finalmente fueron descodificadas las comunicaciones argentinas y puestas a disposición por Estados Unidos a las fuerzas armadas británicas. Rotas y descodificadas las comunicaciones secretas de los militares argentinos, su entrega facilitó a los británicos sus operaciones militares en el breve curso de esta guerra.


Los puertorriqueños conocemos por experiencia propia en nuestra lucha la importancia que reviste la solidaridad internacional en cuanto al reclamo de independencia y soberanía. Precisamente porque hemos recibido la solidaridad de los pueblos del mundo en dicho reclamo, valoramos el significado que representa apoyar también los justos reclamos solidarios de otros pueblos en sus luchas. Por eso, a diferencia del motivo que pueda estar presente en las declaraciones de estos cuatro expresidentes del gobierno español, ante el reclamo argentino por el rescate de sus derechos soberanos sobre las Islas Malvinas y otros territorios insulares, los que defendemos el derecho a la libre determinación de los pueblos y el reclamo del respeto de los derechos soberanos de otros países a tales derechos, más allá de la naturaleza de sus gobiernos, lo hacemos desde una perspectiva solidaria.


Después de todo, de lo que se trata es del reencuentro de América Latina consigo misma, de una patria grande libre de ataduras imperiales y colonialistas. En ese llamado del pueblo argentino va también la voz del pueblo puertorriqueño reclamando el derecho a recuperar su soberanía sobre estos territorios insulares, como también el derecho a la libre determinación de otras naciones del Caribe anglófono, francófono y holandés que hoy luchan por su soberanía e independencia.

 

Por: Alejandro Torres Rivera

21 de enero de 2022

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