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A 128 años del ataque de la Escuadra del Almirante Sampson a Puerto Rico y la Guerra Hispano-cubana-estadounidense de 1898

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    CSCPR
  • hace 11 minutos
  • 9 Min. de lectura

Por: Alejandro Torres Rivera, 12 de mayo de 2026, San Juan, Puerto Rico


En los procesos de lucha de los pueblos, la pérdida de la memoria colectiva es quizás una de sus mayores limitaciones. En los pueblos coloniales, la historia como proceso social, económico y político, es la historia de los conquistadores. Ese es el mecanismo por excelencia para la dominación ideológica del colonizado. Una historia sin referentes propios, sin lucha, sin victorias, sin triunfos, todo ello facilita la dominación. Es por eso que en la formación de la conciencia e identidad nacional de un pueblo, cada rescate de esa historia propia que le arrebatemos al enemigo, al contrario o al adversario, para colocarla como referente para el desarrollo futuro de nuestros procesos emancipadores, se convierte en objetivo necesario. De esto se trata recordar los sucesos desatados un 12 de mayo hace 128 años y convertirlos en herramientas para la lucha del presente.

 

El capitán Ángel Rivero Méndez en su libro Crónica de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico, señala que el total de efectivos militares españoles en Puerto Rico, a la altura de 1898, ascendía a 18,000 tropas. De ellas, 7,930 eran parte del Instituto de Voluntarios. Indica que habían 2 batallones de infantería regulares, “Patria” y “Alfonso XIII”, compuesto por 800 efectivos cada uno; cinco batallones de infantería provisionales y 2,300 efectivos de otras ramas auxiliares. La fuerza expedicionaria de los Estados Unidos al momento de la invasión a Puerto Rico en 1898 estaba compuesta por 15,472 efectivos agrupados en 4 Brigadas de infantería, unidades de Caballería, Ingeniería y de Artillería. En estos números no se encuentran incluídos los efectivos militares pertenecientes a la Marina de Guerra a bordo de las unidades navales. En el desembarco en Guánica el 25 de julio participaron 3,415 efectivos, conducidos en 10 transportes de tropas y 5 buques de guerra. Hubo otros desembarcos de tropas en otros lugares en Puerto Rico.

 

El 15 de febrero de 1898 había ocurrió en la bahía de La Habana la voladura del buque USS Maine. Si bien es cierto que ya desde el 20 de abril de 1898 el gobierno español había recibido un “ultimátum” de parte del Gobierno de Estados Unidos, las operaciones militares por tierra en Puerto Rico no se produjeron sino hasta el 25 de julio de 1898.

 

El 12 de mayo, sin embargo, a eso de las 5:00 a.m., la escuadra naval del Almirante Sampson, bajo el supuesto de que la escuadra naval española a cargo del Almirante Cervera se encontraba fondeada en la Bahía de San Juan, bombardeó la capital de Puerto Rico.

 

Dicha agrupación naval contaba con 164 cañones desde los cuales se lanzaron un total de 1,362 disparos sobre la capital. Los españoles, desde sus posiciones en los fuertes El Morro y el San Cristóbal, respondieron el fuego empleando 28 piezas de artillería con las cuales hicieron 441 disparos sobre la escuadra estadounidense. En este enfrentamiento surgieron las primeras bajas de ambas partes. Sangre española, estadounidense y puertorriqueña fue derramada.

 

Indica el historiador Héctor Andrés Negroni en su libro Historia Militar de Puerto Rico (1992):

 

“El 10 de mayo de 1898 el Capitán Ángel Rivero Méndez, Comandante del Castillo de San Cristóbal, observó a la distancia un buque de guerra norteamericano que mantenía vigilancia sobre el puerto.


Dos días más tarde, el 12 de mayo, a eso de las cinco de la mañana, el vecindario de la capital despertó sobresaltado al oirse descargas procedentes del mar. Aparentemente, el Yale había interpretado el disparo del 10 de mayo [se refiere a un disparo hecho desde las defensas de San Juan para que el buque no identificado frente a las costas de San Juan se identificara] como señal de que la escuadra de Cervera se encontraba en la bahía de San Juan y había dado parte al Almirante Sampson. El Almirante Sampson tenía órdenes de encontrar y dar batalla a la flota española y se dirigió a todo vapor hacia Puerto Rico.

 

El bombardeo naval de San Juan por la escuadra del Almirante Sampson tiene la importancia de ser el primer ataque serio a una plaza por buques modernos con armamentos modernos.”

 

Rivero Méndez por su parte, en su Crónica, describe el suceso de la siguiente manera:               

“Una lluvia de proyectiles, trepitando como máquinas de ferrocarril, pasaba sobre nuestras cabezas; era una verdadera tempestad de hierro, allí en el mar, donde comenzaba a clarear el día, podían disitnguirse las siluetas de los buques enemigos alumbrados de tiempo en tiempo por las llamaradas de sus cañones.”

Por su parte, el Dr. Héctor Dávila Alonso, puertorriqueño graduado de la Academia Naval de Annapolis en 1939, militar activo durante la Segunda Guerra Mundial y militar retirado para el centenario de la Guerra Hispano-cubana-estadounidense, describe en escrito publicado en el períodico Claridad en 1997 los sucesos de aquel 12 de mayo de la siguiente manera:

 

“Siguiento con el escenario desde el lado americano, debemos considerar la expedición del Escuadrón del Atlántico Norte del Almirante Sampson. Este escuadrón salió de Cayo Hueso el 4 de mayo, llegando el día 8 a Cabo Haitien donde encontraría cablegramas (no tenían radio-comunicación) del Secretario de la Marina con instrucciones especiales de no arriegar ni exponerse a serias averías a sus buques contra las fortificaciones de San Juan. Estas órdenes son muy afines con los principios de guerra naval publicados al menos diez años antes de esa fecha por el famoso estratega naval americano Alfred T. Mahan. El principio es sencillo: el primordial objetico de un poder naval es localizar y destruir la fuerza naval del enemigo. Si la escuadra española hubiera estado fondeada en la bahía de San Juan, entonces sí Sampson  hubiese podido tratar de forzar la entrada al puerto y emular a Dewy en Manila. Pero Sampson sabía a las 4:58 de la mañana del día 12 por un barco explorador, que había solamente un barco mercante en el puerto y sin embargo, abrió fuego a las 5:16, antes del amanecer. Estuvo casi tres horas bombardeando con más de 1,300 balas de cañón a los fuertes, a la ciudad y haste el vecindario de Puerto Nuevo y San Patricio…

 

Hasta el Siglo XIX los llamados países civilizados habían desarrollado un código de ética de la conducta durante las guerra por las fuerzas armadas, vis a vis los derechos de las poblaciones civiles. Este convenio, tradicionalmente prevalecía por acuerdo de los países, no solamentr para proteger a los paisanos sino también para mantener el alto sentido de la caballerosidad en la profesión militar. Ya desde el Renacimiento el rango y prestigio en los órdenes sociales de la época que ostentaba la profesión militar, era segundamente a la sacerdotal.

 

La conducta reprochable del Almirante Sampson y su Estado mayor del Escuadrón Norte del Atlántico  resultó en críticas condenatorias no solamente de sus víctimas, los puertorriqueños, sino del mundo civilizado de Nuestra América y Europa…”

 

En entrevista que le hiciéramos el 17 de abril de 1898 al Dr. Dávila Alonso, nos indicó que “el bombardeo a San Juan vino a probar que unas formidables fortificaciones terminadas a fines del Siglo XVIII como el Castillo de San Cristóbal y El Morro, aunque sus armamentos y defensas se encontraban en pésimo estado, pudieron resistir la agresión de acorazados  blindados con cañones de hasta 13 pulgadas, todos de fabricación y tecnología  militar de la última Década del Siglo XIX. De haber habido una defensa bien preparada la escuadra de Sampson hubiese terminado en el fondo del mar o malamente averiada.”

 

Los hechos del 12 de mayo  demuestran y establecen que no es correcto, históricamente hablando, decir que la Guerra de 1898 comenzó en Puerto Rico a partir del 25 de julio; o que la campaña militar en Puerto Rico solo duró 17 días. 

 

La realidad es que desde el 21 de abril de 1898, fecha en que se suspende por el General Manuel Macías Casado, Gobernador y Capitán General las garantías individuales que confería la Carta Autonómica de 1897, Puerto Rico ya vivía un virtual estado de guerra. Las operaciones militares durante la Guerra a partir del intento de bloqueo marítimo al puerto de San Juan el 10 de mayo de 1898 se ampliaron en la mañana del 12 de mayo con el bombardeo a San Juan.

 

 

Las operaciones militares en Puerto Rico se suspendieron el 13 de agosto como resultado de la firma el día anterior del “Protocolo de Armisticio” entre España y Estados Unidos, luego del combate en las alturas de Asomante en Aibonito. A partir de tal momento, comienza la desmovilización de las tropas españolas en Puerto Rico, lo que culmina el 23 de octubre  de 1898 con la partida del último contingente español de nuestro país. Precisamente correspondió a Rivero Méndez la entrega de la plaza de Puerto Rico a las autoridades militares de Estados Unidos. El llamado “Tratado de París de 1898” no vino a ser ratificado por los Estados Unidos sino hasta el 11 de abril de 1899.

 

Si bien las operaciones militares en Filipinas y Cuba fueron de una mayor dimensión, no es correcto minimizar las operaciones militares en Puerto Rico. Durante el curso de la guerra se efectuaron las siguientes acciones bélicas:

 

  1. El inicio del primer disparo de artillería desde el Fuerte San Cristóbal sobre el crucero USS Yale el 10 de mayo.

  2. El bombardeo de San Juan el 12 de mayo. 

  3. El enfrentamiento naval de la escuadra de Sampson con buques de la armada española como resultado de un intento de bloqueo al puerto de San Juan el 22 de junio, donde resulta muy averiado el buque español “Terror”.

  4. El enfrentamiento de buques de la escuadra de Sampson con buques de la escuadra española entre la noche del 27 de junio y el día 28 de junio, donde resulta destruido el buque español “Antonio López” y averiado (varado en la playa) el “Isabel II”.

  5. El desembarco de tropas al mando del General Nelson A. Miles en Guánica el 25 de julio de 1898.

  6. El combate entre fuerzas de tierra en Yauco el 26 de julio.

  7. El combate entre fuerzas de tierra el 1 de agosto en Arroyo.

  8. El combate entre fuerzas de tierra en Guayama el 5 de agosto.

  9. El combate entre fuerzas de tierra el 9 de agosto en las alturas de Guamaní.

  10. El combate entre fuerzas de tierra el 9 de agosto en Coamo.

  11. El combate entre fuerzas de tierra el 10 de agosto en San Germán.

  12. El combate entre fuerzas de tierra el 10 de agosto en Hormigueros.

  13. El combate entre fuerzas de tierra el 12 de agosto en las alturas de Asomante.

  14. El combate entre fuerzas de tierra el 13 de agosto en Las Marías (El Guasio).

  15. Las operaciones de desembarco y combate por parte de unidades de la Infantería de Marina en Fajardo durante los días 1 al 9 de agosto.

 

Ciertamente la corta duración de la campaña militar y el repliegue de las tropas españolas en los primeros días del conflicto hacia otras posiciones militares en el interior de la Isla influyeron en que los combates y las bajas registradas fueran menores. Uno de los criterios para tal repliegue al interior de país fue evitar el bombardeo naval a posiciones en tierra localizadas en las zonas costeras. Asumir que España no tenía tropas preparadas en Puerto Rico para ofrecer una mayor resistencia, sería asumir que las tropas regulares en Puerto Rico eran distintas a las que había en Cuba; o asumir que España no tenía un control sobre Puerto Rico que le permitiera defender esta plaza militar, al menos por un tiempo mayor. Ambas premisas son incorrectas.

 

Dentro de la estrategia desarrollada por las fuerzas españolas se encuentra, como indicamos,  la retirada de sus tropas localizadas en las principales ciudades en el litoral por donde desembarcaron las tropas estadounidenses y aquellas  otras poblaciones costeras a las cuales se acercaban en la marcha sus diferentes columnas. Este movimiento de tropas se da a partir de tres premisas:

 

  1. El enfrentamiento con las tropas estadounidenses en las ciudades costaneras exponía a las ciudades a la artillería naval de los buques estadounidenses, habiendo provocado así importantes costos para la población y para las tropas que defendían las mismas;

  2. Había en las autoridades españolas el convencimiento de que las derrotas navales sufridas por España en Santiago de Cuba y Manila, al ser aniquilada su Flota del Atlántico y la del Pacífico, colocaba a España en serias dificultades para ganar la guerra;

  3. El convencimiento de que las oportunidades militares para la defensa del país estaba en las alturas, en la profundidad de la Cordillera, en lugares como Guamaní o Asomante, desde donde se podría capitalizar en mejor medida la defensa del territorio. 

 

Esta estrategia, sin embargo, no estuvo acompañada de medidas específicas que levantaran el nivel de disciplina y combatividad de las tropas veteranas regulares españolas, mucho menos de las auxiliares.

 

La bajas en el curso de las operaciones militares en Puerto Rico fueron, para los españoles, 429. De éstos 17 fueron muertos, 88 heridos y 324 prisioneros; para los Estados Unidos las bajas fueron 43, a saber, 3 muertos y 40 heridos.

 

Como resultado del Artículo IX del Tratado de París se dispuso que los “derechos civiles y la condición política de los habitantes de los territorios aquí cedidos a los Estados Unidos se determinarán por el Congreso.” Es precisamente el Congreso de los Estados Unidos el que 128 años después de la Invasión, continúa conculcando nuestros derechos manteniendo sobre Puerto Rico la subordinación política, colonial y territorial.

 

En el contexto de 128 años de la Invasión estadounidense a Puerto Rico rescatamos algunos datos importantes en nuestra memoria histórica en a la luz de aquellos acontecimientos.

 
 
 

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