QUIEN QUIERA QUE PADECE POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA, ESE ES MI AMIGO
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- hace 6 días
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Por: Wilma E. Reverón Collazo

Si morir es algo más que perder la unidad y la individualidad del organismo, el hombre bueno que ha cesado en la obra de la vida no tiene por qué se compadecido. Eugenio María de Hostos
José Ignacio Jiménez, hijo, nieto y bisnieto de herreros albojenses, nació en Nueva York en 1937. Su padre, Ignacio Jiménez Jiménez emigró en los años 20 a Francia, Cuba, Nueva York y Puerto Rico. Su padre viajó como polizonte y nunca hizo gestiones para legalizar su estadía en EEUU, razón por la cual nunca pudo volver a su pueblo natal de Albox. Contaba José Ignacio que le hubiera gustado unirse a las fuerzas republicanas en España durante la Guerra Civil, lo cual no puedo hacer por su estatus migratorio irregular.
Su padre conoce y contrae nupcias con la que conocíamos como Doña Jenny, una puertorriqueña radicada en Nueva York. Yo le decía a José Ignacio que el era un españorican, porque tenía una influencia española muy marcada por su padre, aunque su personalidad chispeante y expresiva era puro madre.
Jose Ignacio se graduó y recibió el premio Ciencias Políticas de la Universidad de Fordham en Nueva York. También obtuvo un máster cum laude en Estudios Latinoamericanos y Filosofía de la Universidad de Nueva York
En 1956, José Ignacio comenzó su carrera diplomática como funcionario de prensa de la Oficina de Información Diplomática de España, ascendiendo más tarde a encargado de las Relaciones Públicas de España ante la ONU, y si, bajo el franquismo. Nos confesaba José Ignacio con un gran sentido de humor que en aquella época era admirador de José María, líder falangista. De hecho, se reunió con Franco en par de ocasiones. Pero así como España salió de la dictadura franquista y evolucionó hasta elegir gobiernos social demócratas, así José Ignacio a través de los estudios y su inmersión en la diplomacia internacional alcanzó y superó a España ideológicamente y se convirtió en marxista. De ahí su apoyo inquebrantable a los procesos de izquierda del mundo sobre todo en América Latina donde vivió hasta su muerte este pasado 24 de junio.
Apoyó la Revolución cubana donde pudo vivir una vez su esposa y compañera de sueños, María Clemencia López, fue designada como emjadora de Venezuela en Cuba. Allí ambos entablaron una amistad personal con Fidel Castro quien visitaba con frecuencia la Embajada de Venezuela en Cuba sobre todo cuando le informaban que había llegado Doña Jenny cuya cocina llegó disfrutar en mas de una ocasión.
Mientras José Ignacio seguía sus labores en la Misión de España ante la ONU, donde laboró ininterrumpidamente desde el franquismo hasta el ascenso de la democracia cristiana y luego de los social demócratas del PSOE, María Clemencia López Ramírez, (1940 – c. 24 June 2026) trabajaba en la Misión de Venezuela en la ONU.
Se graduó de la Escuela de Asuntos Internacionales de la Universidad Central de Venezuela, así como del Instituto de Defensa Nacional de Venezuela y de la Universidad de Nueva York para Estudios Latinoamericanos.
Comenzó su carrera en 1965 en la Oficina en Ginebra de la ONU. De 1965 a 1980 María Clemencia respresentó a Venezuela ante el Comité de Descolonización, ante la Comisión de Desarrollos Sociales y Económicos, y ante la Comisión de la Oficina de del Alto Comisionado de la ONU para Refugiados. También trabajó ante el Movimiento de Países No Alineados durante los álgidos años de la descolonización de Africa y el Caribe.
Según reseñara Rafi Anglada en su página de Facebook, María Clemencia López fue ayudante especial primero del embajador venezolano Leonardo Díaz González y posteriormente, en 1974 del embajador venezolano Simón Alberto Consalvi. Fue Encargada de Negocios de la Misión de Venezuela desde el 1977 al 1978. Fue nombrada Embajadora de Venezuela en Trinidad y Tobago desde el 1984 al 1989 y Embajadora en Cuba desde el 1989 al 1992. También fue embajadora de Venezuela en República Dominicana.
En el 2003 fue nombrada Secretaria General de la Comisión de Venezuela de la UNESCO en Caracas, y representante alterna de Venezuela ante la Junta directiva de la UNESCO en París. También tuvo varias posiciones relacionadas a la OPEC y el 500 Aniversario del mal llamado descubrimiento del Nuevo Mundo.
José Ignacio por otra parte, recibió varias distinciones internacionales como resultado de sus casi 30 años en las Naciones Unidas y su febril labor cultural en la comunidad hispana de Nueva York, siendo uno de los fundadores del día de la Hispanidad en New York, tiene una larga lista de condecoraciones concedidas por el Gobierno Español, como:
la Orden de Caballero del Mérito Civil,
la de Comendador de Isabel la Católica y la Orden de África, esta última por su trabajo durante la descolonización del Sáhara.
Por su labor hispanista en Estados Unidos e Iberoamérica, el Instituto de Cultura Hispánica lo nombró Miembro Titular.
En San Juan de Puerto Rico, tierra de su madre, fue asesor del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, que le otorgó su premio de honor por su defensa del idioma y la entidad hispana de esta isla.
En Cuba, junto a su compañera María Clemencia López, crearon la Casa Bolívar de La Habana y en Caracas fueron fundadores de la Casa José Martí.
José Ignacio era un coleccionista de amistades en el mejor sentido de la palabra. Una vez te convertías en su amigo no había escapatoria o como dice Ramón Olivencia: ´Una vez uno era amigo de José Ignacio, él no te soltaba. Eras amigo para toda la vida.´
Andaba con una hojas de papel estrujadas donde llevaba su libreta de direcciones y con ese recurso organizaba conferencias, tertulias y cenas, siempre exitosas sin depender de redes sociales. Se sentaba pacientemente y usaba ese método antiguo que se llamaba la llamada telefónica. Llegó a utilizar los correos electrónicos para asuntos de larga distancia.
Con lo alto que era era como quiera difícil de ignorar, pero si a ello le añades un vozarrón extrovertido con un entusiasmo de adolescente era verdaderamente inolvidable. María Clemencia, diminuta y callada a su lado, con una dulzura especial, le corregía equivocaciones de fechas y lugares, y cuando hablaba todos la escuchábamos porque sus comentarios eran siempre puntuales a los temas. Ambos eran lectores voraces, amaban viajar y se disfrutaban la vida sin disculparse. Tenían una biblioteca amplísima en la sala de estar y una hamaca que la usaban para leer y dormir siestas, a veces las dos cosas y los dos a la vez.
José Ignació organizó el Comité Venezolano de Solidaridad con Puerto Rico el cual organizaba conferencias y actividades sobre nuestra lucha patria. Las veces que visité Venzuela José Ignacio tenía un calendario amplio que incluia visitas de protocolo, conferencias y cenas con amistades. Gracias a José Ignacio y María Clemencia pude visitar el mausoleo de Bolívar que se encontraba cerrado por cuestiones de mantenimiento. Asimismo visitamos el de Chávez a quien nunca conocí personalmente. Gracias a ellos tanto yo como Juan Dalmau, María de Lourdes Santiago y Julio Muriente fuimos invitados a entrevistas con aquel insigne analista geoplítico, Walter Martínez y su programa Dossier.
José Ignacio además procuraba que lo que publicáramos sobre la lucha circulara por periódicos y redes internacionales.
Hemos perdido a unos grandes amigos, a hermanos de la Patria Grande que soñó Bolívar de la cual somo hijos e hijas, pero más que tristeza hay celebración de estas insignes y plenas vidas..
¡Que viva Puerto Rico Libre y la Revolución Bolivariana!




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