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LA CRISIS DE LOS MISILES: retomando una discusión necesaria a 59 años de los eventos

Por Alejando Torres Rivera 15/octubre/2021

El 16 de octubre se cumplen 59 años de la llamada Crisis de los Misiles. Se desata la misma apenas diez meses después de la derrota sufrida por los Estados Unidos y su fuerza mercenaria en Playa Girón. La Crisis es el resultado de la determinación del gobierno de los Estados Unidos bajo la presidencia de John F. Kennedy de imponer un bloqueo marítimo a Cuba para impedir que la entonces Unión Soviética transportara esta isla caribeña misiles nucleares de alcance medio como parte de la política defensiva cubana ante una posible invasión masiva estadounidense sobre su territorio. Se indica que hasta ese momento era una de las dos veces en la historia de los Estados Unidos en que se había alcanzado una condición de defensa de Nivel 2

Raymond Aron, en su ensayo titulado La Guerra Fría y la crisis de los misiles en Cuba (1987), señala que la llegada de J. F. Kennedy a la Casa Blanca inaugura el período más dinámico de la diplomacia estadounidense, sembrado de fracasos, el más humillante de los cuales es, sin duda, el fiasco del desembarco en la bahía de Cochinos, y también éxitos como lo es—bien glorioso—el resultado de la crisis de los misiles en Cuba. Tomado globalmente, este período conduce a la aparente supremacía mundial de 1963, a la que sigue la caída espectacular y el desgarramiento de la sociedad estadounidense a propósito de la guerra de Vietnam.”

Tras el fracaso de la invasión de la Brigada 2605 en Playa Girón el 19 de abril de 1961, Estados Unidos puso en marcha la Operación Mangosta, la cual incluía la opción de una invasión directa por parte de los Estados Unidos a Cuba.

Nos plantea el autor la necesidad de una “visión retrospectiva para decidir cuál es la significación auténtica del ascenso y la decadencia.” Indica Aron que para finales de 1962 o comienzos de 1963, Estados Unidos proyectaba hacia el mundo una imagen de superioridad frente a la Unión Soviética. El manejo eventual por parte de Jrushov ante la llamada a Crisis de los Misiles reforzó ante el mundo tal visión de superioridad, lo que promovió en cierta medida el involucramiento de los Estados Unidos en Vietnam. Es momento en que se promueve la doctrina de las llamadas “guerras limitadas” donde el enfrentamiento entre las dos grandes potencias se desplazaba hacia otros escenarios o localidades. En esta postura doctrinal la amenaza del uso de armas nucleares estaba siempre sobre el tapete, aunque las guerras que se desarrollaban en otros escenarios dependían fundamentalmente del uso de armamentos convencionales.

Más allá de las valoraciones de Aron sobre la Crisis de los Misiles, veamos cómo uno de sus participantes directos en el enfrentamiento de aquellos años relata los eventos que condujeron a la misma.

Nos dice Fidel Castro en el libro del periodista mexicano Ignacio Ramonet titulado Cien horas con Fidel (2006), que a raíz de información recopilada por fuentes de inteligencia soviéticas, luego de una reunión efectuada entre el presidente estadounidense y Nikita Jrushov en Viena, las autoridades de este país deciden comunicarle a los cubanos, por conducto de Sharaf Rashidov, Secretario del Partido Comunista de Uzbekistán y de Serguei Birzuyov, Jefe de las Fuerzas Coheteriles Estratégicas, las intenciones estadounidenses en llevar a cabo una invasión a Cuba.

De la reunión surgió la propuesta soviética de instalar en suelo cubano de “un mínimo de proyectiles de alcance medio” disuasivos ante una invasión a Cuba. En aras de consultar la propuesta, señala Fidel que se da una reunión en la cual participan Raúl Castro, el Ché, Blas Roca, Osvaldo Dorticós Torrado y Carlos Rafael Rodríguez. La propuesta soviética era comparable con la instalación de proyectiles colocados por los Estados Unidos en Italia y Turquía como mecanismo disuasivo frente a la URSS. Luego de la consulta donde los participantes estuvieron de acuerdo con la medida, se acordó la instalación de 42 proyectiles de medio alcance R-12 y R-14 en Cuba. La discusión se llevó a cabo cinco meses antes de estallar la crisis.

Fidel sugirió se emitiera una Declaración Pública por parte de la URSS a los efectos de señalar que una invasión a Cuba sería interpretada por la Unión Soviética como una agresión a dicho país, sin embargo, la propuesta, de inmediato, no fue acogida por la contraparte soviética.

El componente militar soviético en Cuba, además de las instalaciones de los misiles, fue reforzado “con lanchas coheteriles, un regimiento de aviones MiG-21, cuatro brigadas de infantería motorizada bien equipadas con blindados y tanques y un regimiento de armas nucleares tácticas que en el momento en que estalla la crisis ya disponía de todas las ojivas nucleares y cuyo jefe tenía facultad para emplear aquellas armas sin necesidad de órdenes superiores.” La operación militar soviética se conoció por el nombre de “Operación Anádir”. Mediante la “Operación Kama”, se planteó el desplazamiento a aguas de Cuba de cuatro submarinos cargados con torpedos nucleares que no llegaron a su destino al ser detectados por la armada de los Estados Unidos. Se indica que un total de 47 mil efectivos militares soviéticos fueron desplazados hacia Cuba.

Fidel señala en la entrevista que solicitó de la parte soviética la formalización del acuerdo. Se acordó la elaboración de su borrador fuera preparado por la parte soviética. Recibido el documento e identificadas algunas deficiencias, personalmente él le hizo en manuscrito ciertas precisiones políticas enviando a su hermano Raúl a entregarlo personalmente en la Unión Soviética. Indica que los cambios fueron totalmente aceptados por Jrushov. El documento, sin embargo, no se hizo público.

En un momento dado, tras rumores de la prensa estadounidense basados en informes que desde Cuba se enviaban por parte de cubanos residentes en la Isla a sus familiares en el exterior, Jrushov asumió el discurso público de que las armas enviadas a Cuba eran de carácter “defensivo” y no “ofensivas”, algo con lo que no estuvo de acuerdo Fidel Castro. Ante la situación, Fidel señala que envió al Ché a hablar la situación con Jrushov y a solicitarle que se hiciera público el acuerdo negociado entre Cuba y la Unión Soviética. Jrushov se negó a hacerlo público.

Sobre la equivalencia de los emplazamientos de misiles en Turquía y Cuba, en su ensayo Aron indica por su parte:

“…En 1962, y en vista del ambiente internacional de entonces, ningún presidente estadounidense habría podido tolerar que Cuba se transforme en una base nuclear soviética. El argumento acerca de la equivalencia entre las bases estadounidenses en Turquía y una base soviética en Cuba habría sido rechazado con indignación, la que resultaría legítima en el plano de la política de potencia (¿por qué no comparar a Cuba con Finlandia?), aunque no en el plano de la legalidad internacional.”

Entre los días 14 y 15 de octubre un avión espía de los Estados Unidos fotografió desde gran altura las rampas de lanzamiento de los cohetes, permitiendo detectar y documentar su ubicación específica en suelo cubano. Sin embargo, Fidel indica en su entrevista con Ramonet que la información sobre el emplazamiento de los proyectiles realmente no fue descubierta por el avión espía sino que fue producto de información suministrada por un coronel soviético de nombre Oleg Penkovsky. Estados Unidos ya conocía los detalles sobre la ubicación de las plataformas de misiles. El avión espía lo que hizo fue confirmar la información de inteligencia suministrada por Penkovsky, quien fuera arrestado en los días siguientes por las autoridades soviéticas.

La información provista por el coronel soviético le fue transmitida a Kennedy el día 16 de octubre, procediendo el presidente a realizar las consultas correspondientes con el Estado Mayor de las FF.AA, que en ese momento recomendó una operación militar con un ataque aéreo masivo contra las instalaciones de los cohetes. A pesar de ello, “aconsejado por Robert McNamara, Secretario de Defensa, Kennedy decide establecer un bloqueo naval de la isla”, al que llamaron “Cuarentena”, lo que se hizo efectivo a partir del día 24 de octubre. En este operativo, indica Fidel, se utilizaron 183 buques de guerra, entre los cuales había ocho portaviones, y 40 mil infantes de marina a bordo de los transportes.” Señala, además, que en la península de Florida, fueron “concentrados 579 aviones de combate y tenían listas cinco divisiones del Ejército, entre ellas las divisiones élite aerotransportadas 82 y 101.” Por su parte, la Unión Soviética movilizó hacia Cuba 23 buques de guerra.

Raymond Aron describe en su ensayo este momento en los siguientes términos:

“En el Comité especialmente constituido para examinar las distintas opciones y proponerlas al presidente hubo consejeros, en especial los militares, que recomendaron el bombardeo inmediato de las bases soviéticas. Pero también esta vez Kennedy escogió la solución moderada”.

En un mensaje al pueblo estadounidense, Kennedy informó el día 22 de octubre a las 7:00 p.m. las medidas adoptadas. En su mensaje reclamó de la Unión Soviética el retiro de suelo cubano de los misiles instalados, o asumir las consecuencias de una guerra. A raíz de este mensaje que presagiaba una inminente invasión, 300 mil efectivos cubanos fueron movilizados para la defensa de la patria.

En una reacción inmediata de parte de Jrushov, en mensaje dirigido al presidente Kennedy, le manifestó: “La URSS ve el bloqueo como una agresión y no instruirá a los barcos que se desvíen.” Se refería a los buques que desde la Unión Soviética se dirigían a Cuba. No obstante, seguidamente, los barcos disminuyeron su velocidad en la trayectoria hacia Cuba mientras se abría un espacio de negociaciones.

Los aviones espías de los Estados Unidos continuaron sobrevolando el espacio aéreo cubano sin que las unidades soviéticas actuaran. Esta inacción les llevó a realizar vuelos de reconocimiento a baja altura. Sin embargo, el día 27 de octubre una batería SAM soviética en la zona oriental del país operada por personal soviético al mando del mayor Iván Mironavich Guerchenov derribó un avión U-2 muriendo su piloto estadounidense.

Sin consultar con las autoridades cubanas, ese mismo día el gobierno soviético entró en negociaciones con el gobierno de los Estados Unidos. Propusieron la retirada de los misiles en Cuba si Estados Unidos retiraba los misiles colocados en Turquía e Italia. Las autoridades cubanas se enteraron de esas propuestas a través de la prensa. De hecho, Fidel le indica a Ramonet que en principio no hubiera objetado el acuerdo de haber sido consultado, pero que hubiera colocado en la mesa de negociación que parte del acuerdo fuera la retirada de Estados Unidos de la Estación Naval de Guantánamo.

De acuerdo con Aron, durante las conversaciones Estados Unidos prometió secretamente retirar los cohetes instalados en Turquía e Italia y se comprometió a no atacar a Cuba, compromiso que oficialmente desapareció, ya que estaba subordinado a una inspección por parte de las Naciones Unidas de la Isla a la que se opuso Fidel Castro. La diplomacia soviética excluyó a las autoridades cubanas llegando a acuerdos con la parte estadounidense en la madrugada del 28 de octubre de 1962.

En la conversación de Fidel con Ramonet este le muestra el contenido de una carta que el 26 de octubre le dirigiera a Jrushov. En ella le advierte que Cuba considera inminente un ataque en las siguientes 24 a 72 horas, primero en la modalidad de ataque aéreo contra las instalaciones; segundo, en la modalidad de una invasión. En ambos escenarios, le señala, Cuba habrá de resistir “firme y decididamente”. Si se produjera la modalidad de la invasión, advierte, “la Unión Soviética no debe permitir jamás las circunstancias en las cuales los imperialistas pudieran descargar contra ella un primer golpe nuclear.” Finaliza la carta indicando:

“Usted ha sido y es un incansable defensor de las paz, comprendo cuán amargas han de ser estas horas, cuando los resultados de sus esfuerzos sobrehumanos son amenazados tan seriamente. Hasta el último momento, no obstante, mantendremos la esperanza de que la paz se salve y estamos dispuestos a contribuir con lo que esté a nuestro alcance. Pero al mismo tiempo, nos disponemos con serenidad a enfrentar una situación que vemos muy real y muy próxima.”

El 28 de octubre Jrushov le escribe a Fidel en respuesta a su carta del día 26 de octubre. Le indica que la respuesta que le ha dado Kennedy ha sido ofrecer “seguridades de que los Estados Unidos no invadirán a Cuba, no solamente con sus fuerzas, sino que no permitirá a sus aliados realizar la invasión.” Sobre la decisión cubana de defender su espacio aéreo, en carta fechada ese mismo día a Jrushov, Fidel le indica que la decisión fue tomada ante el peligro existente de una invasión por sorpresa, “apagados los radares de detección, y los aviones potencialmente agresores volando impunemente sobre los objetivos, podía destruirlos totalmente.” En esas condiciones, le señala, Cuba no podía cruzarse de brazos. Por eso, las fuerzas cubanas desde el día 24 de octubre habían movilizado 50 baterías antiaéreas.

En la comunicación Fidel le advertía Jrushov que Cuba no estaba en disposición de permitir la inspección de su territorio como se sugería, encargando de ello a las Naciones Unidas. La inspección de los misiles en Cuba no se llevó a cabo; sin embargo la URSS la negoció, pero fue en alta mar, mientras sus buques retiraban los proyectiles de vuelta a la Unión Soviética.

La carta de Fidel fue contestada por Jrushov. Entre otras cosas expresa un punto de vista contrario a lo que entendía era la posición de Fidel Castro a los efectos de que, ante una amenaza de ataque nuclear, la Unión Soviética procediera con el primer golpe. Además de las consecuencias que tal curso de acción hubiera tenido para el propio Estados Unidos, Jrushov menciona la que habría para la Unión Soviética y Europa, advirtiéndole a Fidel que en tales circunstancias, “en el fuego de la guerra se quemaría Cuba.” Le indica como un logro de la diplomacia soviética en las negociaciones, que sin el golpe nuclear, se le había arrancado a los Estados Unidos “la obligación de que no invadan a Cuba ellos mismos y no permitan eso a sus aliados de los países de América Latina.”

El intercambio por cartas continuó adelante entre los dos jefes de Estado. En carta de 30 de octubre Fidel le indica a Jrushov:

“Lo que hicimos frente a los acontecimientos, compañero Jrushov, fue prepararnos y disponernos a luchar. En Cuba sólo hubo una clase de alarma: la alarma de combate.”

En la carta Fidel le indica que quizás el presidente soviético “no conozca hasta qué grado el pueblo cubano se dispuso a cumplir con su deber con la Patria y con la humanidad.” Le advierte que al escribir la carta anterior sabía que “habríamos de ser exterminados”. Le indica que “una vez desatada la agresión, no debe concederse a los agresores el privilegio de decidir, además, cuándo se ha de usar el arma nuclear.” Le recuerda al presidente soviético que en su carta no le sugiere que la Unión Soviética sea la parte agresora, sino que “desde el instante en que el imperialismo atacara a Cuba y en Cuba a fuerzas armadas de la URSS destinadas a ayudar a nuestra defensa en caso de ataque exterior, y se convirtieran los imperialistas por este hecho en agresores contra Cuba y contra la URSS, se les respondiera con un golpe aniquilador.”

Loa Acuerdos alcanzados por la URSS con los Estados Unidos fueron informados a Cuba el 29 de octubre de 1962.

La crisis se prolongó hasta el 20 de noviembre cuando el gobierno de Estados Unidos puso fin a su patrullaje naval en aguas cercanas a Cuba. Dos días más tarde el Primer Ministro de la URSS, Anastás Mikoyan en visita a Cuba, le señaló a las autoridades cubanas que la Unión Soviética sólo dotaría a Cuba de armas convencionales.

Las últimas tropas soviéticas en Cuba, una Brigada de Instrucción de Infantería Mecanizada, fueron retiradas a raíz de las negociaciones entabladas por Mijail Gorvachov y Estados Unidos en septiembre de 1991. Una vez más, la Unión Soviética actuó a espaldas del gobierno cubano, sin consulta con éste. Al irse de Cuba se llevaron todo lo que pudieron.

Recordando esta experiencia y el ejemplo dado por Cuba en medio de la Crisis de los Misiles, el Comandante Ernesto Guevara, señaló:

“Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a sociedades nuevas y que cuando se hace, sin consultarlos, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua; salta a la palestra para dar su voz propia y única, su posición combatiente, propia y única, y más lejos, su decisión de lucha aunque fuera solo.”

Al día de hoy, la política de bloqueo se mantiene en su modalidad económica. En su modalidad política, Estados Unidos sigue en espera de un desenlace final que extirpe de raíz la Revolución Cubana. El pueblo cubano por su parte, en difíciles condiciones resiste en la lucha, como anticipara el Ché, “aunque fuera solo.”


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