top of page
  • CSCPR

Estrategia militar contra China

La percepción del gobierno de los Estados Unidos en torno a la República Popular China: su principal desafío de cara al futuro

El 15 de septiembre de 2021 se anunció públicamente la alianza estratégica entre Australia, el Reino Unido y los Estados Unidos para la región Indo-Pacífico mediante el acuerdo conocido por sus siglas AUKUS. En conformidad con lo dispuesto en éste, los Estados Unidos y el Reino Unido abrirían las puertas para que Australia adquiera submarinos construidos con dichos países, con la más reciente tecnología, para enfrentar la influencia de la República Popular China en la región. Se trata de un acuerdo que se añade al ya existente entre Estados Unidos, Nueva Zelanda y Canadá para el intercambio de inteligencia. El acuerdo incluye, además, la cooperación en áreas relacionadas con las capacidades cibernéticas, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas y claro está, capacidades submarinas adicionales. El propósito perseguido es que a partir de este acuerdo, se comience a construir en la región un dispositivo militar de seguridad similar al de la OTAN en Europa, esta vez dirigido preventivamente contra la República Popular China.


El anuncio del AUKUS motivó una fuerte protesta por parte de Francia, aliada de estos tres países, calificando el mismo como “una puñalada por la espalda” al dicho país no ser tomado en consideración en las negociaciones y luego Australia proceder a cancelar acuerdos ya negociados por la suma de 56 mil millones de euros para la construcción de submarinos franco-australianos.


El pasado 29 de junio de 2022 se hizo pública la llamada “Declaración de Madrid”, aprobada por los distintos dignatarios y gobiernos participantes de la reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en esta ciudad europea. Como parte de los documentos aprobados en la Cumbre de Jefes de Estado, se aprobó el documento titulado en inglés NATO 2022 Strategic Concept.


Bajo las premisas de que “la guerra ha regresado al continente europeo” y alegar que la OTAN es un Tratado defensivo que no presenta amenazas para ningún país, la Declaración manifiesta el compromiso de los Estados participantes con lo que ellos entienden es “la democracia, la libertad individual, los derechos humanos y la ley”, incluyendo como parte de éstas, el derecho internacional. Basada en tales premisas, la Declaración denuncia la agresión por parte de la Federación Rusa a Ucrania y el propósito de dicha alianza en que Rusia le responda a la comunidad internacional por alegados crímenes de guerra en el curso del conflicto armado. En su expresión, la Declaración también hace responsable a Bielorrusia (Belarus) por el conflicto ante su imputada “complicidad” con la Federación Rusa en la guerra librada en Ucrania.


Los Estados signatarios de la Declaración identifican a la Federación Rusa como la amenaza más significativa y directa contra la seguridad de los países que forman parte de la OTAN, la paz y la estabilidad de la región euroatlántica. En el caso de la República Popular China, la Declaración cataloga este país como un desafío a sus intereses y seguridad en lo relacionado con el uso de nuevas tecnologías, amenazas en los planos cibernéticos y espacio, así como otro tipo de amenazas, híbridas o asimétricas. A partir de lo anterior, indica la Declaración, es necesario el apoyo a una propuesta para la adopción de un nuevo “Concepto Estratégico” basado en un acercamiento de 360 grados; es decir, ya no a escala atlántica, sino que integre los hemisferios europeo y americano a escala global.


La Declaración propone un nuevo modelo en el cual se refuerce la actual estructura de la OTAN ampliando sus capacidades defensivas, incluyendo nuevos planes militares. Lo anterior incluye el fortalecimiento de la seguridad energética, la interoperabilidad entre los distintos países y la respuesta ante ataques químicos, biológicos, radiológicos y nucleares.


En cuanto a la República Popular China, el documento señala que “sus ambiciones y desafíos a sus políticas coercitivas”, presentan un reto a “los intereses, valores y seguridad” de la OTAN. Al referirse a China, la describe como un país que procura el control clave tecnológico e industrial de otros países; de sus infraestructuras críticas; del suplido de materiales estratégicos y cadenas de distribución para crear en estos dependencia y de esta manera aumentar su control sobre ellos. Se trata precisamente de denunciar lo que por años han venido haciendo las potencias europeas y los Estados Unidos sobre sus colonias y países en desarrollo.


El documento señala que con tal proceder, la República Popular China pretende extender su influencia, incluso hacia el espacio y los dominios cibernéticos y marítimos, llamando la atención, por cierto con gran preocupación, a los acercamientos entre la Federación Rusa y la República Popular China al margen de las normas por las cuales se rige la OTAN. El documento plantea la preocupación del uso por parte de China de “tácticas” que dividan a la Alianza Atlántica.


En sintonía con lo anterior, el pasado 12 de octubre, la Casa Blanca hizo público el documento titulado National Security Strategy. En él la administración Biden delinea la manera en que ésta adelantará lo que considera son los intereses de los Estados Unidos para la próxima década frente a sus competidores geopolíticos. Destacando lo que han sido sus alianzas con sus colegas europeos, y en particular en la región Indo- Pacífico, postula una OTAN más fuerte y más unida que nunca antes, dándole la bienvenida a la alianza militar a Suecia y Finlandia, así como las nuevas iniciativas dentro del marco de AUKUS.


Con relación a la República Popular China el documento identifica como un peligro para los Estados Unidos los acercamientos hechos entre China y la Federación Rusa, por lo que postula enfocarse en cuanto a éste, en que los Estados Unidos desarrollen capacidades competitivas; mientras que en el caso de la Federación Rusa, plantea su peligrosidad. A la República Popular China la considera como el único competidor que al presente persigue posicionarse en el plano internacional promoviendo un nuevo orden y aumentando sus capacidades económicas, diplomáticas, militares y tecnológicas. Señala que China se propone incrementar su influencia en la zona Indo-Pacífico para convertirse en el polo dominante a nivel global en esa región, mientras promueve hacer al mundo más dependiente de ellos a la vez que reduce su propia dependencia respecto al resto del mundo.


A partir de lo anterior, el documento indica que la estrategia a seguir por parte de los Estados Unidos frente a China se basa en las siguientes premisas: (a) invertir en el desarrollo de la competitividad, innovación, democracia y resiliencia de los Estados Unidos; (b) alinear los esfuerzos de los socios de los Estados Unidos en una misma dirección y causas; (c) competir responsablemente con China defendiendo los intereses de los Estados Unidos y la visión en torno al futuro que este país promueva.


Señala el documento que al presente se ha incrementado la competencia de los Estados Unidos con China, no sólo en la región Indo-Pacífico sino en todo el planeta, por lo que los próximos diez años serán decisivos. Considera que los socios de los Estados Unidos en esta región enfrentan la coerción por parte de China, por lo que Estados Unidos debe promover y apoyar que estos países puedan tomar decisiones soberanas de acuerdo con sus propios intereses y valores libres de presiones externas. Plantea también que los Estados Unidos debe exigir de China rendimiento de cuentas por lo que indica son sus abusos (genocidios y crímenes) en Xinjiang y Tibet, así como las limitaciones de libertades y autonomía en Hong Kong.


Con relación al tema de Taiwan, la nueva Estrategia de Seguridad señala que Estados Unidos debe procurar la estabilidad y la paz en el estrecho de Taiwan; que el país se opondría a un cambio en el status quo entre cada parte, donde si bien por una parte los Estados Unidos no deben apoyar la independencia de Taiwan, por otra parte, China debe abstenerse políticamente hablando de no forzar cambios unilaterales. Lo anterior supone, además, que los Estados Unidos deberán continuar apoyando la autodefensa de Taiwan y su capacidad de resistencia frente a China. Finalmente señala que los Estados Unidos tienen profundas diferencias con el Partido Comunista de China y su gobierno, no así con el pueblo chino.


La preocupación de los Estados Unidos hacia China ha ido más allá de la región Indo-Pacífico o de sus expresiones como parte de la OTAN, ampliando tales miedos o preocupaciones a nuestro Hemisferio. Nuestra región representa para los Estados Unidos $1.9 trillones en el comercio anual. El documento especifica que una prioridad para los Estados Unidos es trabajar con Canadá y México para adelantar su visión de futuro. Para ello, es necesario evitar la interferencia extranjera, particularmente de parte de la República Popular China, la Federación Rusa y la República Islámica de Irán y el apoyo de estos países a otros como Cuba, Venezuela y Nicaragua.


En un artículo publicado en Military Times de fecha 29 de noviembre de 2022, titulado El Pentágono no ve una amenaza inminente para Taiwan por la acumulación china, contrario a otras expresiones hechas en los documentos citados, se indica que “nuevos informes del Pentágono”, a la par que detallan la realización de acciones más provocativas y agresivas de parte de China hacia Taiwan, a la vez se indica que los funcionarios de Departamento de la Defensa de los Estados Unidos señalan que esos ejercicios militares chinos no significan que el país procederá pronto con una invasión.


De acuerdo con el escrito, la República Popular China es el único país con la voluntad y la capacidad militar, “sin dejar de ponerse al día”, para ser un desafío a los Estados Unidos. Señala que China ha establecido la fecha de 2049—fecha que marca el centenario de la fundación de la República Popular China—con el objetivo de lograr “un ejército de clase mundial capaz de rivalizar con Estados Unidos.” Para ello invierte hoy en la modernización de su armamento, la expansión de instalaciones militares fuera de su país y la preparación para lo que se considera es una “guerra de avanzada”, que incluye las operaciones informáticas. Esto último significa incorporar “avances ‘big data’ e inteligencia artificial para identificar rápidamente vulnerabilidades clave en el sistema operativo de EE UU y luego combinar fuerzas conjuntas en todos los dominios para lanzar ataques de precisión contra esas vulnerabilidades.”


Para el año 2027 China proyecta como objetivo la “mecanización, la informatización e inteligencia”; a la vez que ampliar su arsenal nuclear para 2037 a 1,500 ojivas nucleares y el desarrollo de instalaciones militares, además de la actual que opera en Djibouti, a Camboya, Myanmar, Tailandia, Singapur, Indonesia, Paquistán, Sri Lanka, Emiratos Árabes Unidos, Kenia, Guinea Ecuatorial, Seychelles, Tanzania, Angola y Tayikistán.


En la edición del 21 de noviembre de 2022 del magazine Diálogo Américas del Comando Sur de los Estados Unidos, bajo la firma de Julieta Pescastre, titulado Estaciones terrestres de China en Sudamérica suscitan preocupación, se señala que en “un informe de principios de octubre, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un laboratorio de ideas con sede en Washington, destaca la creciente preocupación por la huella espacial de China en Sudamérica. Sus estaciones terrestres en la región, indica el informe, Ojos en el cielo “podrían estar interceptando información confidencial.”


Señala el artículo que China “ha creado un triángulo de bases de inteligencia electrónica y espacial en sitios estratégicos [de Sudamérica].” Hace referencia específica a la Neuquén, Argentina. Si bien en apariencia se trata de actividades civiles, el escrito indica que podrían tener propósitos de otra naturaleza, incluyendo información gubernamental “sensible”.

“…la estación Espacio Lejano, a cargo del Control General de Seguimiento y Lanzamiento de Satélites de China, una subentidad de la Fuerza de Apoyo Estratégico del Ejército Popular de Liberación (PLASSF)—la fuerza de guerra espacial, cibernética y Electrónica del Ejército Popular de Liberación—incrementa las sospechas de que el ejército chino utiliza esta estación.”

El escrito denuncia que el gobierno argentino no lleva a cabo ninguna supervisión del uso de estas facilidades dado que el acuerdo negociado que indica que Argentina “no interferirá ni interrumpirá” las actividades que allí se llevan a cabo.


El escrito también hace referencia a otra instalación satelital ubicada en Santiago de Chile operada por la Corporación Espacial Sueca (SSC), la que alquila la instalación a organizaciones extranjeras como la NASA y la Agencia Espacial Europea. Indica que China “arrendó equipos y construyó instalaciones especiales antes de que la misma fuera vendida a SSC en 2008. Para 2019, indica el escrito, la “Agencia Sueca de investigaciones de Defensa descubrió que el acceso de China a las antenas en otra estación terrestre podría ser utilizado para la recopilación y vigilancia de inteligencia militar.” Lo anterior llevó a la corporación sueca a la cancelación en 2020 del contrato con China.


El escrito levanta preocupación por la posibilidad de la intervención china en otras regiones, señalando específicamente a Venezuela, que indica tiene dos estaciones construidas por la empresa “China Wall Industry Corporation”. La autora del escrito indica que la “red espacial de China en Sudamérica es parte de un impulso más amplio de Beijing para establecerse como una potencia espacial global líder para las economías de ingresos medios.” Destaca el hecho de que China lanzó tres satélites “para la región venezolana.”


David Thomson, vice jefe de Operaciones Especiales de la Fuerzas Espaciales de los Estados Unidos indicó el 26 de octubre de 2022 en la revista SpaceNews: “…todo lo que puedo decir es que son un desafío serio. Son una amenaza.”


En la revista Seguridad y Poder Terrestre del Centro de Estudios Estratégicos del Ejercito del Perú, Vol. I, Núm. I (julio-septiembre de 2022), Robert Evan Ellis, profesor e investigador de Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del Army War College de los Estados Unidos, publicó el ensayo El avance digital de China en América Latina. Allí indica:

“Estas tecnologías digitales son especialmente valiosas para el avance de China, tanto por ser la punta de lanza de la innovación empresarial actual, como por ofrecer a quienes las dominan una influencia sin paragón sobre las actividades económicas que sustentan. Asimismo, brindan información sobre los procesos gubernamentales y comerciales, así como sobre los líderes que tanto utilizan esas redes o se ven afectados por ellas. Por lo tanto, el dominio de las tecnologías digitales por parte de la RPC en América Latina y en otros lugares ofrece la oportunidad de conocer, comprometer y explotar de otra manera los procesos de decisión soberanos de los gobiernos y competidores para promover los intereses chinos.”

El autor levanta su preocupación por las tecnologías que China podría estar entregando a gobiernos que cataloga como “no democráticos”, esto evidentemente desde la óptica de los Estados Unidos, donde además lo anterior se complemente “mediante la compra de sus productos básicos, proporcionándoles préstamos e inversiones, y vendiéndoles equipos de seguridad para sostener la vida de estos regímenes.”


A raíz de lo anterior, el autor recomienda a los Estados Unidos: (a) Recopilar y poner a disposición de los gobiernos ejemplos de incidentes por parte de China de piratería informática, ciberespionaje u otras actividades llamadas ilícitas por el autos cometidas por China; (b) trabajar conjuntamente con el sector privado para evidenciar los “riesgos derivados de la capacidad de los chinos para acceder a sus datos respecto a propiedad intelectual y su posición competitiva” ayudando a las naciones a “evaluar las amenazas y desarrollar políticas eficaces… para proteger la integridad de los dominios vulnerables al compromiso digital”; y (c) “trabajar con los gobiernos socios, las empresas del sector privado y otras partes interesadas para avanzar en una visión alternativa de arquitecturas digitales que sean competitivas con la oferta china…”


Es de esperar que este desafío de los Estados Unidos frente a la República Popular China en los próximos años se siga agudizando a escala global, como también es de esperar que desde el punto de vista chino, con la paciencia que siempre ha caracterizado su política exterior, el desarrollo de sus capacidades productivas y su desarrollo técnico y militar, siga su curso como ha ocurrido en las pasadas décadas.

Por: Alejandro Torres Rivera

2 de diciembre de 2022

1 visualización0 comentarios
bottom of page