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Sí, tengo un hermano: Puerto Rico

Martí, que vislumbraba los peligros que acechaban sobre los pueblos de Nuestra América, con la expansión del vecino del Norte, procura, en la unidad latinoamericana, la fuerza capaz de contener su impacto

Foto: Resumen Latinoamericano

Cuando el 25 de julio de 1898 desembarcaron tropas estadounidenses en esta isla del Caribe, como parte de la Guerra Hispano-norteamericana, se cometía uno de los mayores atropellos de la historia en la región.

Se cerraba un nuevo capítulo expansionista de unos EE. UU. que, desde 1823, habían hecho oficial su política de ocupar «una zona que les pertenece», según Monroe. Además, estratégicamente, necesitaban acabar con dos islas que, de proclamarse independientes, serían un escollo en el camino de su voracidad imperial.

Martí, que vislumbraba los peligros que acechaban sobre los pueblos de Nuestra América, con la expansión del vecino del Norte, procura, en la unidad latinoamericana, la fuerza capaz de contener su impacto. Por eso la lucha de los puertorriqueños está incluida en la creación del Partido Revolucionario Cubano. Nos unía la condición de isla bajo la bota colonial, la cultura y el deseo de una república con libertad y revolución, a diferencia de lo ocurrido en otros procesos latinoamericanos. Fueron de los primeros en pedir, ante las Juntas de Información, la abolición de la esclavitud, como lo pedirían también los patricios cubanos en 1868, y participaron, con un desprendimiento total, en las luchas desde la manigua, por la libertad de Cuba. Son las razones de su necesaria incorporación al proyecto emancipador.

El carácter imperial y de rapiña de esta guerra frustró los históricos deseos de ambos pueblos. No se pudo detener a tiempo, y cayeron con toda su furia sobre la cultura, las tradiciones, en fin, el desmontaje de su resistencia, negando todo derecho político o social. Para encubrir su estatus colonial, la denominaron como Estado Libre Asociado, y hoy viven un proceso que intenta que renuncien a su identidad como pueblo, a través de un plebiscito para escoger la independencia o el coloniaje.

Sin embargo, no han podido doblegar las ideas ni el espíritu de Puerto Rico, firme en la búsqueda de su autodeterminación.

 
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