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LA UNIDAD ANTILLANA EN EL IDEARIO DE JOSÉ MARTÍ, RAMÓN EMETERIO BETANCES Y EUGENIO MARÍA DE HOSTOS


Alejandro Torres Rivera

28 de enero de 2012

(revisado el 28 de agosto de 2013)




Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son sólo dos islas las que vamos a libertar. José Martí, 1894

Nos convoca el tema de este ensayo, contribuir a la formulación de una reflexión sobre el acariciado y soñado proyecto de unidad antillana formulado en el Siglo XIX, plasmado el mismo en una propuesta en torno federación o confederación de las Antillas. Si bien existen diferencias claramente identificables entre lo que constituye un modelo confederativo o federativo de gobierno dentro del marco de la configuración de un Estado político, no entraremos en este escrito a dilucidar este aspecto. Tampoco entraremos en una discusión dirigida a establecer las diferentes competencias compartidas, delegadas o reservadas a partir del modelo de integración política que formula cada una de tales propuestas, al plasmarse en la realidad de la integración de partes dentro de un todo. Sí nos interesa, sin embargo, incursionar en el plantemiento político, geográfico y sociológico formulado durante el Siglo XIX por tres de nuestros patriotas antillanos, José Martí, Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, como parte de un proyecto mayor de unidad de los pueblos del Caribe.[1]

De acuerdo con Vivian Auffant Vázquez[2] en su libro titulado La Liga de Patriotas Puertorriqueños de Eugenio María de Hostos (2012), la idea de lo que debe ser La Confederación Antillana en el pensamiento de Eugenio María de Hostos, tiene como refente lo que fue la Liga de los Independientes, de la cual también participa el general dominicano Gregorio Luperón. Hostos publica el Programa de esta Liga en 1876, el cual de acuerdo con lo expresado por José Ferrer Canales, será proyectado por el prócer mayagüezano como la Liga de Patriotas[3]. Previamente, indica Auffant Vázquez, Hostos habría participado de la Liga de la Paz en Santiago de los Caballeros, ciudad en la zona central de lo que es hoy la República Dominicana, de la cual Gregorio Luperón era su presidente.[4]

Fernando Ainsa[5] nos indica sobre el particular lo siguiente:

La Liga trata de convertir la mera voluntad asociativa de países de similar origen en un verdadero germen de ´mercado común´ latinoamericano, donde los intereses materiales (geopolíticos y económicos) pueden tenerse simultáneamente en cuenta con los ´morales e intelectuales´. Tales fines se basan en la repetición de dos principios claves, de la visión latinoamericana de Hostos.

- El principio de unidad, paz y nacionalidad en las Antillas (Artículo 1º, Inciso E de la Liga)

- El principio de expansión hacia el Continente

Latinoamericano (Artículo 1º, Inciso F de la Liga)

Sobre la base de la independencia de las Antillas y a partir de su visión geopolítica en la que el Caribe, verdadero mare nostrum del Nuevo Mundo, opera como centro natural de unión y de comunicación entre el hemisferio norte, América Central y del Sur, Hostos proyecta la unidad latinoamericana a partir del ´Principio de la expansión hacia el continente americano…

De alguna manera en Hostos debieron haber estado presente las experiencias de estas agrupaciones cuando concibió su propuesta de una Liga de Patriotas formulada en 1898[6], el mismo día en que otros miembros de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano, proponían su disolución[7].

Tomando como base la formulación hecha por Emilio Cordero Michel[8], indica Auffant Vázquez, que en opinión de dicho autor:

…es Luperón quien inicia la idea de la confederación antillana que luego Betances y Hostos promulgan para

reafirmar la relación de las Antillas. [9]

En el Prólogo[10] del libro de Auffant Vázquez, su autor Felipe Cirino Colón, señala que estas propuestas organizativas eran concepciones de agrupación de los pueblos antillanos y caribeños para defender de forma común las incipientes conquistas independentistas y la lucha de los pueblos de Cuba y Puerto Rico por su plena soberanía frente al decadente imperio colonial español. Cuba aún estaba en armas.

La idea de una propuesta de unidad de las Antillas también fue parte del ideario político martiano, expuesta desde la fundación del Partido Revolucionario Cubano, y consignadas en el Artículo 1 de sus Bases Constitutivas el 5 de enero de 1892[11] al decir que dicho partido se constituía para lograr la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico. Ese ideario estaría presente por más de medio siglo en el pensamiento y acción de Ramón Emeterio Betances. Para Martí, Betances y Hostos, la idea de la unidad de las Antillas en un todo político, no sólo fue el punto de partida en una visión integradora de la lucha contra la dominación española y por la independencia de Cuba, Dominicana y Puerto Rico; sino además, una necesidad apremiante para el futuro desarrollo económico, político y social como elemento nivelador de las Antillas entre Estados Unidos y América Latina.

Es ese fiel de la balanza del cual nos hablan Hostos y Martí, y que en palabras de Marcos Reyes Dávila[12], Director de la Revista Exégesis al referirse a Hostos, lo señala como la expresión con la cual distingue y separa el norte anglosajón, el sur latino, y las antillas, punto medio, frontera de encuentro, de las dos grandes masas continentales, lo que representa el punto de encuentro y punto de partida en la formulación de una propuesta que mantiene hoy día la misma vigencia de antes.

Ojeda Reyes[13] indica, al expresarse sobre los antecedentes históricos de la idea de la integración de las Antillas, lo siguiente:

El proyecto dirigido a enlazar en un curso común a las islas del Caribe, trazado por el Doctor Betances entre 1848 y 1898, tiene pofundas raíces en la épica bolivariana. Se nutre de las guerras independentistas del continente y se amasa en las corrientes ideológicas de los utopistas de aquellos tiempos que en múltiples proyectos predican y fomentan nociones de justicia social para el disfrute de nuestros pueblos. Y es casualmente en esos pensadores del Siglo XIX donde hallamos a los precusores inmediatos del confederacionismo antillano alentado por el promotor de nuestro Grito de Lares.

Permítanme, pues, traer dentro del marco de esta discusión algunos planteamientos esbozados por José Martí, Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, formulados a partir del desarrollo de la lucha independentista en Puerto Rico y Cuba, en torno a la idea de la unidad de las Antillas en un todo nacional y político.

LA UNIDAD ANTILLANA EN MARTÍ

José Martí, en su ensayo LasAntillas y Baldorioty Castro, escrito el 14 de mayo de 1892 en el periódico Patria[14] dedicado al prócer autonomista puertorriqueño Román Baldorioty De Castro, indica su visión sobre el carácter integrador del resultante de la lucha por la independencia de las dos Antillas aún sujetas al yugo colonial español. Al expresarse, sin embargo, toma en consideración el apetito imperialista de Estados Unidos frente a las tres Antillas de habla hispana. Nos dice el Apóstol cubano:

…No parece que la seguridad de las Antillas, ojeadas de cerca por la codicia pujante, dependa tanto de la alianza ostentosa y, en lo material, insuficiente, que provocase reparos y justificara la agresión como de la unión sutil, y manifiesta en todo, sin asidero de la provocación confesa, de las ideas que han de sostenerse juntas, o juntas han de desaparecer, en el recuento de los pueblos libres. Por la rivalidaridad de los productos agrícolas, o por la diversidad de hábitos y antecedentes, o por el temor de acarrearse la enemiga del vecino hostil, pudieran venir a apartarse, en cuanto cayese en forma cerrada su unión natural, las tres islas que, en lo esencial de su independencia y en la aspiración del porvenir, se tienden los brazos por sobre los mares, y se estrechan ante el mundo, como tres tajos de un mismo corazón sangriento, como tres guardianes de la América cordial y verdadera, que sobrepujará al fin a la América ambiciosa, como tres hermanas... Las tres Antillas que han de salvarse juntas, o juntas han de perecer, las

tres vigías de la América hospitalaria y durable, las tres hermanas que de siglos atrás se vienen cambiando los hijos y enviándose libertadores, las tres islas abrazadas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo.

En ocasión de conmemorarse el tercer año de la fundación del Partido Revolucionario Cubano, en escrito titulado El alma de la Revolución, y el deber de Cuba en América[15], Martí escribe sobre el papel nivelador que le corresponde a estas tres islas, colocadas por la geografía entre dos grandes continentes. En uno, se asienta un país ansioso por colocar a todo el Hemisferio bajo su tutela; en otro, con un origen latino común, emancipado del yugo colonial que aún se asienta en las Antillas, existe el resultado fragmentado de lo que fue o pudo ser en un momento dado en sus primeros años de independencia, el fruto de un proyecto integrador. La percepción martiana en ese momento, se inscribe en el mismo concepto que ya durante la década de 1870 había trazado Hostos cuando se refirió a las Antillas como el fiel de la balanza. Así Martí nos indica[16]:

…En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarles el poder–mero fortín de la Roma americana; –y si libres– y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora –serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república americana del Norte, que en desarrollo de su territorio –por desdicha feudal ya, y repartido en secciones hostiles– hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo. –No a mano ligera, sino como con conciencia de siglos, se ha de componer la vida nueva de las Antillas redimidas. Con augusto temor se ha de entrar en esa grande responsabilidad humana. Se llegará a muy alto, por la nobleza del fin; o se caerá muy bajo, por no haber sabido comprenderlo. Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son sólo dos islas las que vamos a libertar…

Simón Bolívar advirtió en carta enviada desde Guayaquil el 5 de agosto de 1829 a su amigo, el Coronel Patricio Campbell, que Estados Unidos parecía destinado por la Providencia a plagar a la América Latina de miserias a nombre de la Libertad. Martí advirtió también en sus escritos que las Antillas constituían una especie de trampolín desde el cual Estados Unidos pretendería extender sus dominios al resto de América Latina. Por esto, en las Antillas, Martí veía el muro de contención a la expansión imperialista sobre la América hispana y en la independencia de Cuba la manera de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.[17]

Se trata en el pensamiento de Martí, de concebir las tres Antillas unidas, tal y como lo expresara en su escrito del 14 de marzo de 1892, titulado El Convite a Puerto Rico[18], en relación a nuestra patria y Cuba:

Unas son en el porvenir, como lo han sido unas en el pasado, el alma de Lares y el alma de Yara. Unos son hoy en la preparación, como fueron ayer en la cárcel y el destierro, los cubanos y puertorriqueños. Unos han de ser en la acción, para acelerar, con el esfuerzo doble, la libertad común.

Para Martí, la idea de la unión de las Antillas evocaba el sueño bolivariano de integración latinoamericana, plasmado en la frase del Libertador cuando enunciaba en 1814, en Pamplona, ante los soldados de Urdaneta, su expresión Para nosotros, la Patria es la América.[19] Al igual que hizo Bolívar cuando convocó al Congreso Anfictiónico en Panamá, recordando aquella Liga Anfictiónica de la Grecia Antigua que hizo las veces de instancia integradora de las ciudades/estado; Martí veía en el futuro de las Antillas el resplandecer que tuvieron en el pasado aquellas ciudades griegas[20]. Como Bolívar en su idea integradora de América Latina, Martí propulsaba su ideario que las Antillas hicieran por sobre la mar a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la cordillera de fuego andino[21], que no es otro que fundirnos en un todo.

Ese sueño de Martí toma forma también en los aportes hechos por el general dominicano Máximo Gómez, principal jefe militar en la conducción de la guerra necesaria iniciada por Martí en 1895. También la encontramos en los esfuerzos y aportaciones de figuras como Betances y Hostos a la causa de la independencia de Cuba; así como en la sangre generosa derramada por cubanos, puertorriqueños y dominicanos en la lucha por la independencia cubana.

Finalmente, recordemos lo indicado en Martí en su carta a Federico Henríquez y Carvajal,[22] fechada en Montecristi el 25 de marzo de 1895, en la cual le indica: Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo.

LA UNIDAD ANTILLANA EN BETANCES

Sobre la idea de la unidad antillana en Ramón Emeterio Betances, Ojeda Reyes ha indicado en su ensayo Betances, Meriño, Luperón: profetas de la Antillana, combatientes de nuestra libertad[23], que el Padre de la Patria puertorriqueña vivió enamorado del proyecto confederativo antillano.[24] Ojeda Reyes traza lo que llama antillanismo militante en Betances a principios de la década de 1860, definiéndolo como la premisa estratégica más importante de su pensamiento político.[25]

Ya desde la década de 1860 encontraremos referencias en los escritos de Betances en los cuales este puertorriqueño, hijo de padre dominicano, se refiere a la lucha iniciada por puertorriqueños y cubanos como al porvenir de la República de las Antillas.[26]

En Betances, la lucha por la consecución de la independencia de Cuba y Puerto Rico eran también partes dentro de un todo. Se trata de una concepción presente, tanto durante los años de desarrollo en Cuba de la Guerra Grande de 1868 a 1878, como al final del siglo, durante los años de la guerra que se ha de hacer para el decoro y el bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre, inspirada por José Martí.[27] Veamos.

Como indicáramos antes en relación a Martí, desde muy temprano, Betances avizoró el interés de Estados Unidos en la anexión de Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Así lo expresaba en su escrito publicado en París el 10 de abril de 1874 bajo el título de Cuba Libre[28], donde expone:

Bajo el punto de vista militar y político, se han invocado muchas razones con el objeto de demostrar la necesidad para los Estados Unidos –nunca para Cuba–, de la anexión de la Antilla: o, por mejor decir, y entendámoslo así de una vez, de las Antillas: Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico.

De lo anterior se desprende que estará implícito en Betances la necesidad de enfrentar los planes de anexión de Estados Unidos sobre las Antillas con la fuerza que sumaba la unidad en la lucha de tales islas. Por eso, al referirse a la lucha que en esos momentos se libraba en Cuba, lo hacía con un llamado a precipitar la independencia de Cuba para prepararla al brillante porvenir que la espera. Ese porvenir no era otro que el ideario de las Antillas independientes.

En el ensayo publicado por Ojeda Reyes antes citado, figura la referencia a una carta enviada por Betances a Lola Rodríguez de Tió el 28 de agosto de 1891. Nos dice Ojeda Reyes que Betances consideró la utilización del territorio dominicano para allí crear una base de apoyo en donde habrían de montarse las expediciones que liberarían a Cuba y Puerto Rico del coloniaje español. La carta indica también, lo siguiente:[29]

Ah ¡si la Junta Revolucionaria de Nueva York...hubiera querido comprender mi plan! Hacer entrar á Sto. Domingo en la revolución i tener la bandera en el mar: sublevar luego á Pto. Rico i luchar las tres islas juntas...no! eso no es delirio; i todavía lo creo que si se hubiera hecho esa combinación tan fácil entonces hoi serían independientes las dos Antillas.

Indica Ojeda Reyes que, sin embargo, se desconoce si en algún momento este proyecto fue del conocimiento de Martí.

Durante los meses decisivos en la contienda cubana, en una carta que le escribiera Betances a Tomás Estrada Palma el 27 de mayo de

1898[30], le advertía:

Me parece razonable pensar que la libertad de Cuba, sin la de Borinquen, no será mas que media independencia, y esto por pocos años solamente. Vdes. lo pensarán.¨

Más adelante, en otra carta, escrita también a Estrada Palma el 23 de junio de 1898[31], Betances le recordaba:

Como yo no he separado un solo día, la causa de Pto. Rico de la de Cuba-- y van ya cincuenta años (1848–1898) me parece que trabajar por una es trabajar por la otra; y me es difícil renunciar a este hermoso sueño.

Consumada la entrada de Estados Unidos en la guerra librada por Cuba y España, en una entrevista hecha por Luis Bonafoux[32] a Betances, en la cual el autor le reconoce a nuestro patriota ser quien concibió e inició la idea de la Confederación de las Antillas, Betances le manifiesta las siguientes palabras:

...Cuba debe ser independiente, y en mi concepto, el porvenir de nuestros países está en la Confederación de las grandes Antillas, que pueden formar una nación marítima de 25 millones de habitantes. Yo he dicho que Lord Gladstone aprobaba la idea y que Inglaterra consentiría en hacer entrar en ella la isla de Jamaica. Si España hubiera querido, ya habría obrado en favor de esa solución, que le hubiese procurado grandes ventaja en toda América.

LA UNIDAD ANTILLANA EN HOSTOS

La unidad política de las Antillas en el pensamiento de Eugenio María de Hostos tiene su base muy temprano en el desarrollo de sus ideas cuando, como estudiante en Madrid, ya postulaba la idea de una integración política entre España y sus ex colonias en América. Esta idea expuestas por Hostos durante un discurso pronunciado el 20 de diciembre de 1868 en el Ateneo de Madrid, es la misma a la cual se referirá mas adelante en el ocaso de su vida en carta escrita a su amigo Manuel Guzmán Rodríguez el 13 de junio de 1902[33]. Allí le dice:

Hace cuarenta años menos dos, que empecé en ´La Peregrinación de Bayoán´ la triste obra de previsor solitario, previendo la posibilidad de una unión de pueblos ibéricos de ambos mundos y hoy, cuando ya es inútil y es contraproducente esa unión, es cuando a esos desgraciados se les ocurre empezar a fabricarla en el vacío.

Nos dice Pedro Pablo Rodríguez, intelectual cubano e investigador del Centro de Estudios Martianos de La Habana, Cuba, que los sucesos desatados en este hermano país luego del Grito de Yara, y aquellos otros acaecidos en Puerto Rico a raíz del Grito de Lares en 1868, llevan a Hostos a una ruptura total con sus orígenes reformistas y su asunción de la vía armada como camino para alcanzar la independencia y la verdadera unión antillana[34]. De acuerdo con Rodríguez, en aquella propuesta inicial de Hostos se encontraba su plan confederal entre las Antillas y España.

Reyes Dávila, por su parte, en su escrito titulado Antillanía: el fiel de la balanza[35], indica que aquella propuesta inicial hostosiana fue una forma de federación hispánica que reconociera la soberanía de las provincias españolas y de las Antillas que España mantenía aún sujetas a su dominio en la segunda mitad del Siglo XIX.

Más allá de la extensión integradora de la propuesta inicial hostosiana, la cual definitivamente aspiraba a integrar los pueblos iberoamericanos, que incluiría no solo a las Antillas sino también las ex colonias advenidas a la independencia en América luego de las guerras de independencia de inicios del Siglo XIX; lo cierto es que la propuesta de una “Confederación” o de una “Federación”, adquiere más adelante dimensiones distintas en la formulación política de una propuesta integradora para las Antillas.

En su visión integradora de las Antillas, Hostos señala[36]:

En las Antillas mayores hay un esbozo de nacionalidad, y de una nacionalidad tan natural, por inasequible que hoy parezca y aún por invisible que sea a tardos ojos, que en ninguna otra ha hecho la Naturaleza tanto esfuerzo por patentizar su designio. Cuba, Jamaica, Santo Domingo, Puerto Rico, no son sino miembros de un mismo cuerpo, fracciones de un mismo entero, partes de un todo.

Geológicamente, son el mismo pedazo de la misma costra (sic) continental, fraccionadas por la misma convulsión. Geográficamente, son la misma porción de territorio en casi los mismos paralelos. Físicamente, tienen la misma estructura, el mismo sistema de montañas, los mismos climas, con la misma distribución de relieves y las mismas zonas agrícolas, industriales y comerciales. Históricamente, el mismo pasado antehistórico, la misma procedencia colonial, parecidos sucesos, o los mismos, derivados de los mismos motivos de existencia. Étnicamente, la más sencilla combinación que hay en América; una misma variedad caucásica como fondo, y el mismo derivado etiope como accesorio. Éticamente, las mismas tradiciones religiosas, políticas, económicas y administrativas, produciendo los mismos usos y costumbres, o más bien, la misma falta de costumbres.

Y es que, como indicáramos antes, jurídica y políticamente hablando, los conceptos ¨federación¨ y ¨confederación¨, aunque aparentemente suenen similares, su contenido es distinto. La diferencia reside en el grado de poderes delegados y retenidos en un Estado político por las distintas partes que lo conforman con relación al poder político central.

Tanto en Betances como en Hostos, la propuesta política tiene más elementos de una confederación de las Antillas, donde las identidades de cada una de éstas se mantienen, aunque en la formulación de la propuesta política y económica, por mencionar algunas de las más importantes instancias de integración, se concentren determinadas competencias delegadas a un poder central estatal. Esta discusión, sin embargo, como señalamos, a pesar de su importancia, requiere un espacio propio de análisis.

En Epistolario (1865-1878)[37], figura un escrito de Hostos en Nueva York el 24 de octubre de 1874, cuando aún era relativamente joven, dejando ya clara su visión abogando por una independencia nacional vinculada con la independencia de Cuba y Puerto Rico, de las Antillas y de América Latina, vistas las mismas como parte de un todo. Allí indicaba:

Soy puertorriqueño, y quiero a mi patria, y a ese amor por ella debo cuanto he querido hacer, cuanto he hecho, cuanto he pensado, sentido, ideado, imaginado, soportado y sufrido. Pero por lo mismo que amo a mi patria y quiero para ella lo que desde niño he querido; por eso mismo debía amar a Cuba y querer para ella lo que para mi pobre Isla. Queriendo dignidad, independencia, libertad y civilización para ambas, debía querer para toda la parte latina del continente lo mismo que deseaba para las Antillas.

Dentro de la estructura de pensamiento de Hostos, sin embargo, a la vez que afirmaba su visión política de integración de las Antillas en un todo, también concebía la individualidad de la patria que le había tocado nacer.

Para Hostos, "patria", "nación" y "nacionalidad" no eran sinónimos aunque iban de la mano. La primera la vincula con lo que él mismo denomina ¨punto de partida¨[38]. En un plano ético, tal concepto va de lo particular a lo universal y de lo universal a lo específico. En esta noción de patria también está presente el deber, el respeto del derecho humano, el acatamiento de la justicia universal; es el patriotismo de la libertad, el de la razón, el del progreso, en suma, el del beneficio para la humanidad.

La nación en Hostos, sin embargo, constituye un concepto jurídico; mientras que la nacionalidad representa una institución natural.[39]

La noción de patria en Hostos, en alguna medida, empalma también con la noción martiana del Apóstol cubano cuando nos dice:

[P]atria es algo más que opresión, algo más que pedazos de terreno sin libertad y sin vida, algo más que derecho de posesión a la fuerza. Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas.[40]

Es por esto que Martí nos indica a la página 94 del escrito antes citado, que los pueblos no se unen sino con lazos de fraternidad y amor.

Juan Mari Brás[41], al referirse a la propuesta de integración antillana en Hostos, según expone en su escrito titulado Evolución de la idea antillanista de Hostos hacia el Siglo XXI, cita de éste, lo siguiente:

Lo que puede ser una gran nacionalidad no es la República Dominicana que conocemos. La República puede progresar hasta el punto de organizar sus fuerzas, utilizándolas en su propia civilización, y así podría llegar a ser una gran nación. Cuba, si logra salir de las garras españolas, Puerto Rico si quisiera decidirse a salir de ellas, podrían también llegar a ser considerables. Pero ninguna llegar aislada lo que sólo juntas podrían llegar todas.

El propio Hostos nos remacha en sus reflexiones sobre el tema de la unidad de las Antillas éstos elementos integradores en nuestros pueblos, al decir:

` El grupo que constituyen es tan homogéneo, que para ser en la historia lo que son en la geografía, les bastará organizarse según la naturaleza, obedecer a la naturaleza, constituir políticamente la clara nacionalidad que intrínsecamente constituyen.

A eso se irá, a eso habrá que ir por la fuerza de las cosas, y el día que a eso llegue la sociedad de las Antillas, formará en los tiempos venideros una nacionalidad de un carácter semejante, y tan poderosa y tan prepotente y tan viva y tan insinuante en la civilización universal, como aquella sociedad helénica, que, en la cuna de las sociedades europeas, ocupó en el mundo antiguo, una posición geográfica y comercial que en el mundo moderno no tienen más que las

Antillas.[42]

Mari Brás no deja de recordarnos en su escrito que Puerto Rico, en particular lo que conocemos como la “Isla Grande”, no es sino la más oriental de las llamadas Antillas Mayores; mientras que nuestras dos “islas municipios”, es decir, Vieques y Culebra, conforman el inicio de las llamadas Antillas Menores. En ese sentido, Puerto Rico es también transición geográfica en la configuración del archipiélago antillano.

En Hostos, además, la formulación de la propuesta de una unidad de las Antillas dentro de un proyecto de Confederación Antillana, iba unida a un plan más ambicioso. De acuerdo con Fernando Ainsa, uruguayo representante en la UNESCO cuando tuvo lugar en Puerto Rico el Primer Encuentro Internacional sobre el Pensamiento de Eugenio María de Hostos, efectuado entre el 2 al 7 de abril de 1989, en su ensayo Hostos y la unidad de América Latina: raíces históricas de una utopía necesaria[43], la propuesta hostosiana para las Antillas era un eslabón en la cadena que aspiraba a formar parte de una propuesta superior de una Confederación Centroamericana como elemento necesario para lo que denomina la reconstitución geopolítica del continente.

Citando directamente de Hostos, nos indica el autor:

Si las Antillas llegaran a su independencia en tiempo oportuno, en este gran tiempo en que vivimos, y lograran reconstituirse pronto y atrajera a su círculo de acción al itsmo y las repúblicas centrales, tal vez quedaría eliminada para siempre una de las más formidables incógnitas del porvenir continental. Entonces, el Archipiélago y este pedazo de tierra que une los dos continentes del Nuevo Mundo, adquirirían por la navegación y el cambio aquella rápida fuerza que da la afluencia de los intereses universales hacia un centro.

Así las cosas, indica que Hostos contemplaba, de cara al futuro, que la parte del estado de Panamá que corresponde al itsmo, las cinco repúblicas centrales y las tres Grandes Antillas, Cuba Santo Domingo, Puerto Rico, formarán una confederación de estados libres.

De acuerdo con Mari Brás, esa idea integradora de las Antillas unidas en Hostos, permite hoy trascender el plano de la formulación hecha en Martí y Betances, concibiendo en la propuesta hostosiana lo que Mari Brás denomina, la versión ampliada de unidad caribeña hacia una entidad multinacional que incluya a todas las naciones de la cuenca...[44]

Consumada ya la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico, Hostos no abandonó su ideario integrador de las Antillas. Sostuvo en su ensayo El Gobierno Civil para Puerto Rico[45], frente a aquellos que propulsaban la integración de Puerto Rico con Estados Unidos, que los puertorriqueños formábamos parte de una nacionalidad donde los elementos de territorialidad, geografía e historia, constituían los pilares fundamentales. Puerto Rico, decía Hostos, no es un pedazo de Continente en donde radica la población del Norte. Puerto Rico, remachaba, es una isla que ni geográfica ni étnica, ni histórica, ni etimológicamente corresponde al sistema natural de la federación americana.

Para Hostos, los puertorriqueños tampoco éramos un conglomerado de ciudadanos estadounidenses viviendo en una isla caribeña, ni una minoría nacional dentro del estado político estadounidense, mucho menos, un conglomerado nacional dentro de la diversidad cultural de Estados Unidos.

CONCLUSIÓN

No son pocas las ocasiones en que la historia nos demuestra que ideas que en su momento no pudieron materializarse, porque fueron perseguidas, suprimidas o incomprendidas, eventualmente prevalecen.

La propuesta de unidad de las Antillas, de la unidad caribeña y de la unidad latinoamericana sigue siendo hoy, no solo un sueño anhelado, sino una necesidad inevitable.

En los años que nos ha tocado vivir, contrario a los reparos imperiales, las propuestas de integración económica y política en los pueblos latinoamericanos y caribeños, han demostrado no solo su viabilidad, sino también su necesidad. Esfuerzos de integración política, económica e incluso militar, como los que desde América del Sur hoy se desarrollan bajo la UNASUR; esfuerzos de integración económica regionales, como el MERCOSUR, el Pacto Andino, el CARICOM; esfuerzos de integración a partir de la solidaridad entre los pueblos, como es el caso del ALBA; y más recientemente, esfuerzos de integración latinoamericana y Caribeña al margen de la tutela imperial, como es el caso de la Comunidad de Estados de Latinoamericanos y del Caribe (CELAC); entre algunos ejemplos de mayor relieve, establecen la corrección de aquellas propuestas que los forjadores de nuestras patrias nos legaron a lo largo del Siglo XIX.

El ideario de integración antillana, tarde o temprano será alcanzado por nuestros pueblos. Estas tres Antillas, junto a los pueblos que las conforman, estas tres hermanas; estas tres vigías de la América hospitalaria[46] en el decir de José Martí; no habrán de perecer. Por imperativo de sus pueblos, llegará el día en que juntas, definitivamente, habrán de salvarse, para el beneficio y el bienestar no sólo de los pueblos antillanos, sino para el conjunto de todos los pueblos de América Latina y el Caribe.

[1] Las referencias a José Martí, Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, en forma alguna pretenden desconocer otras importantes aportaciones de otros ilustres patriotas que durante el siglo XIX fueron propulsores de esta idea. [2] Auffant Vázquez, Vivian: La Liga de Patriotas Puertorriqueños de Eugenio María de Hostos, Publicaciones Gaviota, (2012), páginas 8-9. [3] Ferrer Canales, José: Martí y Hostos, Instituto de Estudios Hostosianos, Universidad de Puerto Rico y el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (1990), págs. 32-33. [4] Nos dice Félix Ojeda Reyes, en su escrito titulado Ramón Emeterio Betances, patriarca de la Antillanía, ensayo publicado en el libro editado por éste junto a Paul Estrade, titulado Pasión por la Libertad, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Instituto de Estudios del Caribe (1998), pág. 34, que dicha Liga tiene como antecedente histórico la Liga de las Antillas, establecida en París a fines de 1873 o tal vez a principios de 1874. Esta Liga, posteriormente radicada en la República Dominicana, luchará por mantener a Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo y Haití ´fuera del alcance de toda dominación extranjera. [5] Ainsa, Fernando: Hostos y la unidad de América Latina: raíces históricas de una utopía necesaria, publicado en la recopilación de ensayos hecha por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico bajo el título de Hostos: sentido y proyección de su obra en América Latina, (1995), pág. 434. [6] Auffant Vázquez en su libro, Op. Cit., entre las páginas 87 a la 129, incluye de las Obras Completas de Eugenio María de Hostos, los documentos elaborados por éste relacionados con la Liga de Patriotas. [7] La disolución de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano se produce el 8 de agosto de 1898. De acuerdo con Germán Delgado Pasapera, en su libro Puerto Rico; sus luchas emancipadoras, Editorial Cultural (1984), pág. 593, a dicha reunión asistió Hostos y lanzó un llamado a la unidad patriótica, que recibió el apoyo de todos para fundar la Liga de Patriotas. [8] Cordero Michel, Emilio: República Dominicana: cuna del antillanismo, (2003), citado por Auffant Vázquez en La Liga de los Patriotas Puertorriqueños de Eugenio María de Hostos, página 9 . [9] Ojeda Reyes, Op. Cit., pág. 33, sin embargo, indica que ya en 1867 Betances y Ruiz Belvis suscriben en Nueva York una proclama en la instan a cubanos y puertorriqueños a trabajar unidos por la independencia de ambas islas, con el propósito de ´formar mañana la Confederación de las Antillas´. Ramón de Armas, investigador del Centro de Estudios Martianos de La Habana, Cuba, acota que esa parece ser la primera vez que un revolucionario antillano expresa públicamente la idea de confederación de nuestras islas, aunque el trabajo de solidaridad ya se había puesto en práctica desde la fundación en 1865 de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico. [10] Cirino Colón, Felipe, Prólogo escrito en el libro La Liga de los Patriotas Puertorriqueños de Eugenio María de Hostos, página xiv (2012). [11] Martí, José: Bases del Partido Revolucionario Cubano, Obras Completas (O.C.), Tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba, (1975), página 279. [12] Reyes Dávila, Marcos: www.lasletrasdelfuego.com, (2008) [13] Ojeda Reyes: Op. Cit., pág. 31 [14] Martí, José: Las Antillas y Baldorioty, O. C., T. 4 (1975), pág. 405. [15] Martí, José: El alma de la Revolución, y el deber de Cuba América, O. C., T. 3 (1975), págs. 138-143. [16] Martí, José: Op. Cit. pág. 142. [17] Martí, José: Carta a Manuel Mercado de 18 de mayo de 1895, O. C., Edición 1975, T. 5, pág. 250. [18] Martí, José: El convite a Puerto Rico, O. C., Edición 1975, T. 2, pág. 324. [19] Ulsar Pietri, Arturo: Prólogo de la recopilación de discursos de Simón Bolívar en el libro publicado por la Fundación Biblioteca Ayacucho, (1991), pág.15. [20] Martí, José: Judah P. Benjamin, O. C. Edición 1975, T.13. pág. 272. Al referirse en 1884 a este hombre salido de las cenizas de los estados confederados del sur de Estados Unidos calificándolo como, uno de los hombres más culminantes de su tiempo, Martí indica: Todo hombre joven debe colgar de su cabecera el retrato de este antillano, porque ni norteamericano era siquiera, lo cual hacen todavía más meritorios sus primeros triunfos; las Antillas que dan hijos brillantes serán tierras gloriosas. Ya las veremos resplandecer como las griegas… [21] Martí, José: Carta a Federico Henríquez y Carvajal, O. C., Edición 1975, T. 4, pág.112. [22] Martí, José: Carta a Federico Henríquez y Carvajal, O. C., Edición 1975, T. 4, pág. 111. [23] Ojeda Reyes, Félix: Revista Ciencia y Sociedad, Volumen XXIX, Núm. 4, octubre a diciembre de 2004, páginas 648-671. [24] Ojeda Reyes, Félix: Revista Ciencia y Sociedad, Volumen XXIX, Núm. 4, octubre a diciembre de 2004, pág. 649. [25] Ojeda Reyes, Félix: Revista Ciencia y Sociedad, Volumen XXIX, Núm. 4, octubre a diciembre de 2004, pág.651. [26] Casa de las Américas,Ramón Emeterio Betances, Colección del pensamiento de nuestra América, A Cuba Libre, proclama del 11 de abril de 1869, pág. 99. [27] Martí, José: Bases del Partido Revolucionario Cubano, O. C. Edición 1975, T. 1, pág. 280. [28] Casa de las Américas, Ramón Emeterio Betances, Colección del pensamiento de nuestra América, Cuba Libre, pág. 144. [29] Ojeda Reyes, Félix: Revista Ciencia y Sociedad, Volumen XXIX, Núm. 4, octubre a diciembre de 2004, pág. 655. [30] Casa de las Américas,Ramón Emeterio Betances, Colección del pensamiento de nuestra América, Carta a Tomás Estrada Palma, fechada en París, 27 de mayo de 1898, pág. 360. [31] Casa de las Américas,Ramón Emeterio Betances, Colección del pensamiento de nuestra América, Carta a Tomás Estrada Palma, fechada en París, 23 de junio de 1898, pág. 363 [32] Casa de las Américas, Ramón Emeterio Betances, Colección del pensamiento de nuestra América, Entrevista a Betances por Bonafoux, pág. 367. [33] De Hostos, Eugenio María: Madre Isla, Obras Completas, Tomo V, página 316 (1969). [34] Rodríguez, Pedro Pablo: Cuba en Hostos, Revista Exégesis, Año 17, Números. 4850 (2004), pág. 210. [35] Reyes Dávila, Marcos: www.lasletrasdelfuego.com, (2008). [36] De Hostos, Eugenio María: La que algún día será una gran nacionalidad, publicado en Revista Científica, Núm. 15, agosto de 1884, reproducida en Los Rostros del camino, Antología, preparada y recopilada por Julio César López, Instituto de Cultura Puertorriqueña (1995), págs. 240-241. [37] De Hostos, Eugenio María, Epistolario (1865-1878) Obras Completas, Edición Crítica Vol. III, Tomo I, (2000 ), pág. 221. [38] Texto escrito en París el 14 de septiembre de 1869: Amamos la patria porque es un punto de partida. La vida es un viaje; la razón no sabría encontrar el punto de partida si no fuera por el terruño cuya imagen atrayente vemos en todas partes. [39] De Hostos, Eugenio María: La que algún día será una gran nacionalidad, publicado en Revista Científica, Núm. 15, agosto de 1884, reproducida en Los Rostros del camino, Antología, preparada y recopilada por Julio César López, Instituto de Cultura Puertorriqueña (1995), pág. 241. [40] Martí, José: La República Española ante la Revolución Cubana, O. C., T. 1, pág. 93. [41] Mari Brás, Juan: Evolución de la idea antillanista de Hostos hacia el Siglo XXI, Revista Exégesis, Año 17, Números 48-50 (2004), pág. 216 [42] De Hostos, Eugenio María: La que algún día será una gran nacionalidad, publicado en Revista Científica, Núm. 15, agosto de 1884, reproducida en Los Rostros del camino, Antología, preparada y recopilada por Julio César López, Instituto de Cultura Puertorriqueña (1995), pág. 242. [43] Ainsa; Fernando: Hostos y la unidad de América Latina: raíces históricas de una utopía necesaria, publicado en la recopilación de ensayos hecha por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico bajo el título de Hostos: sentido y proyección de su obra en América Latina, (1995), pág. 434. [44] Mari Brás, Juan, Evolución de la idea antillanista de Hostos hacia el Siglo XXI, Revista Exégesis, Año 17, Números 48-50 (2004), pág. 218. [45] De Hostos, Eugenio María, Madre Isla, Obras Completas, Tomo V, páginas 230-31, (1969). [46] Martí, José: Op. Cit., Las Antillas y Baldorioty, pág. 405,.


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