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Discurso pronunciado el día de los trágicos hechos ocurridos en Estados Unidos, el 11 sept. 2001

"Ninguno de los actuales problemas del mundo se puede resolver por la fuerza."

Profesores, constructores, trabajadores, estudiantes, familiares e invitados:


Vamos a ver cómo sale esto, porque los actos en los estadios y en los lugares así, como las gradas de este coliseo, siempre son complicados, unos están detrás, otros a un lado, otros a otro y cuando aparece uno que dice: "¡No se oye!", entonces viene la tragedia (Aplausos y exclamaciones).


Ayer (Exclamaciones de: "¡Aquí no se oye!")... Bueno, pues me voy y les hablo por televisión (Exclamaciones de: "¡No!"). Hagan un esfuercito; ustedes, que son los que parece que están allá más complicados, tengan un poco de paciencia y ayuden a que haya orden hoy (Exclamaciones de: "Se oye, se siente, Fidel está presente").


Les iba a decir que ayer era un día tranquilo, nos preparábamos para dos eventos importantes: primero, la reinauguración de la escuela y el curso de enorme importancia que comenzaba con esta masa de estudiantes, y, además, muchos compatriotas estaban esperando las noticias sobre los resultados del famoso Grammy, donde una importante y numerosa delegación de artistas cubanos estaría presente.


La única preocupación, cuando nos marchamos de madrugada, bastante tarde, era si llovería o no en nuestra escuela, ya que los días previos se habían caracterizado por grandes aguaceros y casi siempre a esta hora, más o menos. Tomamos la precaución de organizar un lugar alternativo donde inaugurar, de todas formas, el curso y reinaugurar la escuela.


Se previó todo y suerte que lo hicimos así, porque en aquella zona, con lo que llovió hoy, aquello estaría inundado de agua y lleno de fango, a pesar de que se había preparado un lugar especial para la actividad, donde participarían, entre alumnos, familiares, invitados, trabajadores y vecinos, 12 000 personas.


Bien, apenas llevábamos algún tiempo descansando, comienzan a llegar noticias de que graves hechos estaban ocurriendo en Estados Unidos —y, aparte de eso, un día bien nublado y lluvioso aquí—; aquellas noticias tenían y tienen gran importancia. Medida tomada de inmediato fue solicitar al ICRT que trasmitiera, de forma rigurosamente exacta, e incluso utilizando programas de las televisiones norteamericanas, las noticias de lo que estaba ocurriendo allí, y después esperar.


El acto no pensábamos suspenderlo, ni podía suspenderse, a pesar de la tensión internacional creada por los acontecimientos. Imagino que muchos los conozcan; pero, en esencia, consistieron en que, aproximadamente a las 9:00 de la mañana, un Boeing, de los grandes, se estrella directamente contra uno de los dos edificios de la famosa torre de Nueva York, uno de los más altos del mundo, que tiene dos alas. Como es natural, aquello se incendia con todo el combustible de uno de esos grandes aviones; empiezan a ocurrir escenas tremendas, y 18 minutos después otro avión, también de una empresa aérea norteamericana, ataca y se estrella directamente contra la otra ala de la torre.


Al mismo tiempo, unos minutos más tarde, otro avión se estrella contra el Pentágono. Llegan noticias, en medio de cierta confusión, de una bomba frente al Departamento de Estado y otros hechos alarmantes, aunque he mencionado los más importantes.


Evidentemente, el país había sido víctima de un violento y sorpresivo ataque, inesperado, inusitado, algo verdaderamente insólito, que dio lugar a escenas impresionantes, en especial cuando ardían las dos torres y, sobre todo, cuando ambas se desploman, con sus 100 pisos, sobre otras edificaciones próximas, y se conocía que allí trabajaban decenas de miles de personas en diversas oficinas que representan numerosas empresas de variados países.


Era lógico que aquello produjera una conmoción en Estados Unidos y en el mundo, las bolsas de valores comenzaron a derrumbarse, y por la importancia política, económica, tecnológica y el poder de Estados Unidos, el mundo hoy estaba conmovido con aquellos acontecimientos que fue necesario seguir durante todo el día, a la vez que por nuestra parte se mantenía la atención sobre las condiciones y las circunstancias en que se realizaría este acto.


Por tanto, había dos temas: la escuela y su importantísimo curso, y la catástrofe de tipo político y humano que se había producido allá, especialmente en Nueva York.


Hablaré primero de la escuela.


Debo decir, en primer lugar, que los constructores hicieron un enorme esfuerzo y han reconstruido esa escuela, prácticamente en unos meses; un tipo de tarea de tal magnitud, nunca se había hecho en un tiempo tan breve.


La directora explicó que aquella escuela había ido decayendo mucho, sufrió todo el período especial y llegó a convertirse en albergue de cientos y cientos de familias. Un día la visité y no era ni sombra de cuando la habíamos inaugurado, el 5 de diciembre del año 1974, como escuela de formación de maestros primarios para la capital; durante 14 años que funcionó como tal escuela, graduó a decenas de miles de maestros. Después desempeñó otros importantes papeles docentes, era una facultad de docencia superior; pero vino el período especial y con él todas las dificultades.


La situación de la primaria en la capital no sufría entonces la escasez de maestros que estaba padeciendo en estos tiempos, una crisis verdaderamente seria, que se puede definir o señalar con el hecho de que este año que acaba de concluir solo se gradúan 37 licenciados en enseñanza primaria.


La ciudad tenía la peor situación del país, de modo que alrededor del 80% de los alumnos estudiaba en aulas con 30, 35, 40, 45 y, en ocasiones, hasta 50 alumnos; había casi 400 aulas con más de 40. Aquello se reflejaba en la educación, como es lógico; estaba la capital por debajo, muy por debajo, de algunas provincias como Santiago de Cuba y otras, era una situación realmente grave. No había vocaciones, se habían acabado en nuestra capital las vocaciones de maestros primarios.


El estado físico de las escuelas era también crítico, tras 10 años de período especial y gran escasez de recursos. Los padres aconsejaban a sus hijos que no se hicieran maestros primarios; los egresados de los numerosos preuniversitarios pedagógicos, cuando concluían el curso y se les preguntaba qué querían estudiar, cada uno escogía la materia de su gusto: maestros primarios, menos de 5 de cada 100; y los demás, historia, matemática, literatura, geografía, en fin, alrededor de 12 ó 14 diferentes carreras, mas no la de licenciados en enseñanza primaria.


Aquello no se conciliaba con las necesidades, casi todos los alumnos de la Facultad Docente de la capital estaban ayudando en las escuelas secundarias; podían sostenerse las escuelas secundarias por el apoyo de los centros docentes superiores, y por la idea surgida, hacía apenas dos años, de la colaboración de numerosos estudiantes universitarios para impartir una u otra materia.


Habíamos caído bajo el mito de las vocaciones y era imposible concebir un programa de estudio donde a veces faltaba uno, dos o tres profesores, o un profesor tenía que dar clases a cuatro grupos de 40 ó de 50 alumnos —digo cuatro, porque a veces eran cinco y seis—, y conozco a una excelente directora de escuela que en determinados períodos les daba clase de historia a los 13 grupos de su escuela.


Este es un tema importante, porque es la tarea que nos desafía cuando ganemos esta batalla, ya casi ganada, que estamos emprendiendo ahora con relación a la primaria. La batalla de ahora era formar, con los conocimientos adecuados y de forma adecuada, y, además, urgente, miles de maestros primarios para la capital de la república y reducir el número de alumnos por aula a no más de 20. Este problema se aborda el primero de septiembre, hace apenas un año, y se planteó para resolverlo en el mes de septiembre del 2002. Parecía algo imposible.


Se analizó bien el problema, se visitaron 8 080 heroicos maestros primarios que a lo largo del período especial, junto a los pocos nuevos maestros que se graduaban, sostuvieron la educación primaria en nuestra capital.


Las edificaciones estaban, como dije, en una situación terrible y, a medida que se profundizaba, se vio la necesidad de proceder, con un programa emergente, al arreglo de las 659 escuelas primarias y secundarias de la capital. Esta última tarea suponíamos que tardaría por lo menos tres años; pero a los pocos meses de iniciada se inauguró la número 100, y aún entonces pensaban que harían falta dos años más. Pronto se inaugurará la número 200, a la vez que más de 100 estarán en el período de restauración completa de la escuela.


No debo invertir tiempo en hablar sobre estos detalles, ya que habrá otro momento cuando se inaugure la restauración número 200. Lo importante es que en septiembre del próximo año las 659 escuelas estarán completamente restauradas, como nunca lo estuvieron, ni antes del período especial, ni en ningún otro período, porque serán todas juntas restablecidas, arregladas, con todos los problemas de agua solucionados, es decir, del agua corriente. Muchas de ellas tenían grandes problemas, a algunas no les llegaba el agua, la situación de los baños era tremenda; no funcionaba prácticamente ningún equipo de refrigeración. En fin, no quiero repetir, todo el peso del período especial y de nuestras escaseces había caído sobre esas escuelas y era necesario un esfuerzo excepcional.


Hoy me atrevo a asegurarles aquí que el próximo mes de septiembre estarán las 659 escuelas. Es un trabajo serio, pero todo eso que se ha ido haciendo con gran discreción, iba unido a la creación de capacidades para 20 000 jóvenes estudiantes en esta y otras provincias: capacidades para disponer, por ejemplo, de todos los maestros primarios; capacidades para la formación de 7 000 trabajadores sociales —entre los cursos importantes—; la preparación de los profesores que van a dar clases de computación a todos los alumnos primarios, ya que los que iban a impartir esas materias en la secundaria venían siendo preparados hasta el momento en que se tomó la decisión, bien meditada, de introducir la enseñanza de la computación desde los 5 años de edad; es decir, desde el prescolar.


Otras escuelas importantísimas que no menciono, un enorme y callado esfuerzo, con muy poca o ninguna publicidad, en virtud del nuevo método, digamos, de pocas promesas y muchos hechos, inaugurar las instalaciones. A veces se inaugura una escuela en nombre de 15, como fue la Escuela de Instructores de Arte inaugurada en Santa Clara, cuando estaban funcionando ya todas en todo el país, con 4 000 alumnos.


Fueron grandes esfuerzos que se hicieron en este período de la batalla de ideas, en este período de lucha iniciada hace más de 21 meses con el secuestro del niño Elián González. Son los datos fundamentales.


Grande es el mérito de los obreros. Muchos de ellos vinieron de otras provincias, de oriente, Camagüey, de todas partes. Han trabajado sin tregua; han hecho las cosas con la máxima calidad posible, aunque todos sabemos que cuando se termina una obra que se va a usar de inmediato, porque no podíamos perder tiempo, siempre hay que hacerle algunos arreglos: alguna tubería que no resistió, algún techo que pueda tener una filtración, con respecto a lo cual se ha establecido el principio de que apenas en cualquier escuela aparezca un detalle, una filtración, un problemita, debe ser resuelto de inmediato. Se ha concebido y se ha organizado todo así.


Puede ser que en la escuela —y sé que están haciendo algunas cosas y tendrán que hacer algunas reparaciones, como consecuencia de las grandes lluvias caídas y porque ellos acaban de terminarla, y el curso no podía perder tiempo... Bueno, hemos perdido unos cuantos días, hemos perdido siete días; pero ya muchos alumnos están en la escuela, y los problemitas que puedan aparecer, nadie se desespere, que va a quedar un buen número de trabajadores allí para coger todos los detalles que puedan presentarse, en esa escuela y en todas las demás; porque se inaugura esta hoy —digo esta porque me imagino que estamos allá— y se inaugura otra para la preparación emergente de 1 000 enfermeras, ya que tenemos déficit también de enfermeras en nuestra capital, que hay que resolverlo y resolverlo bien.


Es una tarea dura la de las enfermeras, sobre todo cuando hay que hacer guardias en horas de la madrugada.


¿Qué significan estas escuelas? ¿Qué significa este curso? Que sumados los dos cursos de la escuela de Melena, han sido ejemplos excepcionales de pedagogía, porque en cada curso ingresaron 501 alumnos y no hubo una sola deserción, ni en el primero ni en el segundo. Y si en el primero dos no llegaron a reunir todos los conocimientos y experiencia necesaria para aprobar, en el segundo curso aprobaron todos; la escuela ha adquirido un gran prestigio, de modo tal que ahora todo el mundo quiere ir para aquella escuela, y esta vez tuvieron que poner unas literas más y admitir a varios alumnos adicionales, porque no había forma humana de no aceptar a un grupo de ocho o nueve que, adicionalmente, querían estudiar allí.


Los métodos que se usan con los jóvenes son, a mi juicio, los más correctos: conversar con ellos, discutir con ellos, escucharlos, atender sus problemas, tratar de atender a sus necesidades y muchas veces a sus deseos, cuando es posible. Porque cada uno de estos cursos nuevos y variados, por su contenido, los hace acreedores a todos ellos, a la posibilidad de comenzar a trabajar bajo la guía, si se trata de un maestro, de una licenciada en enseñanza primaria con mucha experiencia, y si se trata de una enfermera, bajo la guía de una licenciada en enfermería.


Cada uno de estos jóvenes tendrá un catedrático, inscripción automática en la universidad, opción para escoger, según se trate, entre ocho carreras diferentes, o nueve, o diez, o quince. Se les abren posibilidades reales; pero, a la vez, se les educa en la conciencia que debe tener un joven de cuáles son las necesidades del país y cómo, dentro de una variada lista de posibilidades, muchas de ellas son capaces de atraer al mismo joven, en dependencia del contacto y la familiarización que puedan tener con esa materia. Porque he visto un montón de jóvenes que estaban pensando en otra cosa, de los que no pensaban escoger la carrera de maestros primarios y, sin embargo, ha crecido enormemente el número de los que optan definitivamente por ella.


En los largos debates del día 6 se discutió bastante el tema de si el compromiso de cinco años era suficiente, y hemos hecho modificaciones, pero no dejamos de cumplir la palabra. Si hay que hacer un cambio, lo hacemos con los nuevos que ingresan, porque, realmente, como de todas formas un número de esos estudiantes escogerán entre las opciones que tienen, resultaría que cinco años son pocos; pero no les pediremos, y ni siquiera les aceptaremos a los alumnos de los dos primeros cursos de maestros que se comprometan ocho años, porque dijimos cinco y serán cinco.


Desde luego, el estudio tiene que ser intenso, porque, si escogen alguna otra carrera, que pueden escoger desde este mismo mes de septiembre —y ya muchos se han matriculado—, eso requiere un esfuerzo especial, puesto que si están estudiando, por ejemplo, sociología, ellos deben continuar adquiriendo un número de conocimientos de pedagogía, por lo menos tres años; y tienen todas las ventajas de un catedrático particular y estarán enseñando, y cada día deben tener más experiencias y más conocimientos.


Ya la juventud trabaja con ustedes para un compromiso de tres años adicionales, es decir, durante ocho años, independientemente de la carrera por la que prefieran optar. Entonces estarían enseñando ocho años, estarían graduados, incluso, ya, en la carrera escogida, continuarían, si quieren, profundizándola, buscando una maestría, lo que quieran, y enseñando durante tres años más; es decir, ocho en vez de cinco, que es lo que consideramos indispensable para lo que queremos hacer.


Sé que hay una excelente voluntad, pero cada compromiso que hacemos con un joven lo cumplimos, y cada perspectiva que le ofrecemos se la otorgamos; la seriedad y el cumplimiento de la palabra empeñada es cuestión de honor. Y es un método que debemos usar siempre, porque a veces pedimos una colaboración por 20 días y después decimos: hacen falta cinco más, cinco más.


Hace unas semanas más de 5 000 estudiantes, constituidos en Brigadas Universitarias de Trabajo Social, visitaron prácticamente a todos los núcleos de la capital en una encuesta sobre temas sociales y de interés de la comunidad, que iban desde el hospital, la farmacia y la escuela, hasta la posibilidad de plantear cualquier otro tema. De eso ni se ha hablado; pero hicieron un trabajo excelente, extraordinario, y así se han estado haciendo otros muchos trabajos, porque no disponemos todavía de suficientes trabajadores sociales. No tenemos los miles y sería mejor decir las decenas de miles que necesitamos, y no voy a explicar eso ahora por qué, todo a su tiempo, y cuando haya tiempo.


Hemos visto en la juventud una fuerza, un entusiasmo, una disciplina y un espíritu como no lo habíamos visto nunca.


Para ustedes, los alumnos, los 3 500 —había dos datos, había uno que hablaba de 3 500 y otro que habla de 3 599, son diferencias pequeñas asimilables por la escuela—, este será, de acuerdo con lo que tenemos programado hasta ahora, el último curso de formación de maestros emergentes, como se les ha dado en llamar. Su calidad quedó reflejada el 6 de este mes, día del inicio oficial del curso escolar, porque numerosos maestros de formación emergente, respondiendo a aquella inquietud de que no tuvieran suficiente capacidad para cumplir la tarea, o si podía haber duda acerca de su propósito de cumplir sus deberes como estudiantes y como maestros, hablaron con una elocuencia que creo que nunca había visto en personas tan jóvenes. Hay que atribuirlo a los cursos que recibieron, al mayor nivel cultural y político de nuestra población, y a lo mucho que han aprendido en estos 21 meses de batallas de ideas.


Es impresionante y es casi imposible imaginarse lo que serán esos jóvenes, a esa misma edad y en ese mismo grado, en el futuro, con las cosas que ya comienzan masivamente en todo el país, ya que cada aula aquí en la capital tendrá un televisor, y tres municipios completos de la capital, municipios humildes, de obreros, la mayor parte: Diez de Octubre, Arroyo Naranjo y San Miguel del Padrón, ya tienen allí la computación. Los demás van a tardar más, porque ahora en los tres mencionados estarán 149 profesores de los Joven Club que han venido de distintas provincias; pero están preparándose 1 250 jóvenes que van a recibir alrededor de 800 horas de clases, casi tres veces las que se necesitan, pero lo que nos interesa es la disciplina y la conciencia que adquieren en la escuela y ellos no estarán listos hasta marzo. El primero de marzo dispondremos de esos jóvenes profesores, que tienen un enorme entusiasmo y pueden estudiar después alguna de tres carreras diferentes de informática. Es por eso que La Habana será la última ciudad que tendrá el ciento por ciento de los alumnos de primaria estudiando computación.


Alrededor de eso hay muchas ideas, muchos programas, muchos planes, asociados con un nivel de enseñanza y preparación incomparablemente superior, apoyados por todos los medios técnicos más modernos, que situarán a nuestro país, en materia de educación primaria, secundaria y media, por largo trecho, digamos por varias pistas, como el país más avanzado del mundo en materia de educación, y educación es todo. Educación es el futuro.


Después, cuando se termine este curso, tenemos planes bien ambiciosos que se relacionan con el otro salto, que es el que hay que dar en la enseñanza secundaria, y tendremos en la escuela que reinauguramos hoy, con el total de su capacidad, 4 500 alumnos.


En este proceso hemos tenido el privilegio de entrar en contacto con un increíble número de personas valiosísimas, talentosas, cumplidoras, patrióticas, que ayudan a cualquiera a explicar por qué este país resistió más de 40 años el bloqueo y, sobre todo, cómo este país resistió con tanto heroísmo, con tanto honor y tanto patriotismo los terribles 10 años del período especial que hemos ido venciendo, pero que no está aún totalmente vencido.


Es maravilloso y alentador ver cuánto es posible hacer y lo que podrá hacer nuestro pueblo en el futuro, lo que ya está haciendo, y no solo en el campo de la educación, sino también en el de la cultura, en el campo social, con el desarrollo de métodos y profesionales para realizar el trabajo enorme que hay que hacer todavía en ese campo.


Termino la parte cubana. He tratado de ser breve, pues me veo obligado a utilizar el tiempo que me resta para hablar sobre la situación internacional creada en las últimas horas.


Hoy es un día de tragedia para Estados Unidos. Ustedes saben bien que aquí jamás se ha sembrado odio contra el pueblo norteamericano. Quizás, precisamente por su cultura y por su falta de complejos, al sentirse plenamente libre, con patria y sin amo, Cuba sea el país donde se trate con más respeto a los ciudadanos norteamericanos. Nunca hemos predicado ningún género de odios nacionales, ni cosas parecidas al fanatismo, por eso somos tan fuertes, porque basamos nuestra conducta en principios y en ideas, y tratamos con gran respeto —y ellos se percatan de eso— a cada ciudadano norteamericano que visita a nuestro país.


Además, no olvidamos al pueblo norteamericano que puso fin a la guerra de Viet Nam con su enorme oposición a aquella guerra genocida; no olvidamos al pueblo norteamericano que, en un número superior al 80%, apoyó el regreso de Elián a nuestra patria (Aplausos); no olvidamos cuánto idealismo, perturbado muchas veces por el engaño, porque —como hemos dicho muchas veces— para llevar a un norteamericano a que apoye una causa injusta, una guerra injusta, primero hay que engañarlo, y el método clásico utilizado en la política internacional de ese enorme país es el método de engañar primero, para contar después con el apoyo de la población. Cuando sucede a la inversa y su pueblo descubre que algo es injusto, por su tradición de idealismo, se opone a aquello que ha estado apoyando, muchas veces, causas muy injustas, convencido de que lo que apoyaba era justo.


Por eso nosotros —que sabemos no el número exacto, pero que hemos visto escenas impresionantes de sufrimientos y posibles víctimas— hemos sentido dolor profundo y tristeza por el pueblo norteamericano, fieles a la línea que hemos seguido siempre.


No andamos adulando a gobiernos, ni pidiendo perdones, ni favores, ni se alberga en nuestros pechos ni siquiera un átomo de temor. La historia de la Revolución ha demostrado cuán capaz es de desafiar, cuán capaz es de luchar, cuán capaz es de resistir lo que tenga que resistir, algo que nos ha convertido en un pueblo invencible. Esos son nuestros principios, una Revolución que se basa en ideas, en la persuasión y no en la fuerza. Espero que no quede loco por el mundo capaz de decir que 1 200 000 ciudadanos desfilaron por ese malecón el pasado 26 de julio obligados, por la fuerza.


Nuestra reacción ha sido la que dije, y quisimos que nuestro pueblo viera las escenas y contemplara la tragedia. Y no hemos vacilado en expresar públicamente nuestro sentimiento. Aquí mismo está una declaración que se entregó a la prensa internacional alrededor de las 3:00 de la tarde, elaborada tan pronto se conocieron los hechos; mientras tanto, nuestra televisión estaba enfrascada en la divulgación de los acontecimientos. Sería comunicada a nuestro pueblo en el noticiero de la noche.


Me adelanto aquí algunos minutos para hacerles conocer la Declaración Oficial del Gobierno de Cuba, frente a los hechos ocurridos en Estados Unidos.


"El Gobierno de la República de Cuba ha recibido con dolor y tristeza las noticias sobre los ataques violentos y sorpresivos realizados en la mañana de hoy contra instalaciones civiles y oficiales en las ciudades de Nueva York y Washington, que han provocado numerosas víctimas.


"Es conocida la posición de Cuba contra toda acción terrorista" —nuestra historia lo demuestra, eso lo saben bien todos los que conocen la historia de nuestras luchas revolucionarias. "No es posible olvidar que nuestro pueblo ha sido víctima durante más de 40 años de tales acciones, promovidas desde el propio territorio de Estados Unidos.


"Tanto por razones históricas como por principios éticos, el Gobierno de nuestro país rechaza y condena con toda energía los ataques cometidos contra las mencionadas instalaciones y expresa sus más sinceras condolencias al pueblo norteamericano por las dolorosas e injustificables pérdidas de vidas humanas que han provocado dichos ataques.


"En esta hora amarga para el pueblo norteamericano, nuestro pueblo se solidariza con el pueblo de Estados Unidos y expresa su total disposición a cooperar, en la medida de sus modestas posibilidades, con las instituciones sanitarias y con cualquier otra institución de carácter médico o humanitario de ese país, en la atención, cuidado y rehabilitación de las víctimas ocasionadas por los hechos ocurridos en la mañana de hoy" (Aplausos).


Esto no solo lo hemos hecho público, sino que lo hemos trasmitido por vía oficial, en horas de la tarde, especialmente cuando empezaron a aparecer sumas impresionantes de posibles víctimas y conocimos que los hospitales estaban llenos de heridos.


Aunque no se sepa si son 5 000, 10 000, 15 000, 20 000 las víctimas, se sabe que solo en los aviones que fueron estrellados contra las torres, o contra el Pentágono, viajaban cientos de pasajeros, y ofrecimos lo que podíamos si hiciera falta.


Ese es un país que tiene un gran desarrollo científico, médico, recursos; pero hay momentos en que pudiera hacer falta sangre de un grupo, plasma —cualquier otro producto que nosotros podamos donar lo haríamos gustosamente—, o apoyo médico, o de personal paramédico, porque sabemos que muchos hospitales tienen déficit de determinados técnicos y profesionales. En fin, lo que queríamos era expresar nuestra actitud y nuestra disposición con relación a estos trágicos acontecimientos.


Todo esto tiene algunos antecedentes, porque les mencioné que habíamos soportado más de 40 años de terrorismo; es más, hemos publicado que en determinadas ocasiones le hemos trasmitido al gobierno de Estados Unidos importantes riesgos para la vida de ciudadanos norteamericanos. Aquí tengo un ejemplo, es una página y cuarto.


En los días posteriores a los ataques terroristas a nuestros hoteles por la mafia terrorista radicada en la Florida, que proyectaba y pagaba los ataques terroristas contra Cuba, al igual que decenas de planes de atentados contra mí las veces que he tenido necesidad de viajar al exterior, el grupo, encabezado por el monstruo de Posada Carriles, al que habíamos capturado ya algunos cómplices que eran mercenarios extranjeros, al ingresar al territorio nacional, con los medios correspondientes, tenía proyectado utilizar el procedimiento sofisticado de las bombas que ponían en los hoteles o en lugares concurridos por turistas extranjeros como La Bodeguita del Medio, y que podían explotar hasta 99 horas después de colocadas para atacar naves aéreas. Podían viajar, poner la bomba en el avión, pasarse tres días de fiesta y regresar a su país antes de que la misma estallara. Hubo el caso de aquel mercenario salvadoreño que proyectó colocar cinco en hoteles y lugares públicos de la capital para hacerlas estallar casi simultáneamente, una detrás de otra. Véase adónde se había llegado.


Más de una vez nos comunicamos por vías confidenciales con el gobierno de Estados Unidos y aquí hay uno de los mensajes directos al que presidía el país en ese momento —mensajes por vías confidenciales, no vamos a decir cómo, a través de personas de entera confianza, que tenían amistad con nosotros y con él, a las que explicábamos con exactitud lo que queríamos que comunicaran—; ya una vez se usó una parte de ese material, pero voy a citar textualmente un ejemplo:


"Un asunto importante.


"Número uno: Se mantienen planes de actividad terrorista contra Cuba, pagados por la Fundación Nacional Cubano Americana y usando mercenarios centroamericanos. Se han realizado ya dos nuevos intentos de hacer estallar bombas en nuestros centros turísticos, antes y después de la visita del Papa.


"En el primer caso los responsables pudieron escapar, regresando por vía aérea a Centroamérica, sin lograr sus propósitos, dejando abandonados los medios técnicos y los explosivos, que fueron ocupados.


"En el segundo intento fueron arrestados tres mercenarios, ocupándose los explosivos y demás medios; son de nacionalidad guatemalteca. Por cada una de las cuatro bombas que debían estallar, recibirían 1 500 dólares" —fueron de los primeros capturados, no del que puso el mayor número de bombas.


"Ambos casos fueron contratados y suministrados por agentes de la red creada por la Fundación Nacional Cubano Americana; ahora están planeando y dando ya pasos para hacer estallar bombas en aviones de las líneas aéreas cubanas o de otro país que viajen a Cuba, trayendo y llevando turistas desde y hacia países latinoamericanos.


"El método es similar: colocar el dispositivo de pequeño tamaño en lugar oculto del avión, explosivo potente, detonante controlado por reloj digital que puede ser programado hasta con 99 horas de anticipación, abandonar la nave normalmente en el lugar de destino; la explosión se produciría en tierra o en pleno vuelo posterior. Procedimientos verdaderamente diabólicos: mecanismos fáciles de armar, componentes casi imposibles de descubrir, entrenamiento mínimo para su empleo, impunidad casi total, sumamente peligrosos para las líneas aéreas, instalaciones turísticas o de cualquier otro tipo; instrumentos utilizables para crímenes y delitos muy graves.


"Si llegan a divulgarse y conocerse tales posibilidades" —nosotros nos oponíamos a que se divulgara la tecnología que usaban— "pueden convertirse en una epidemia, como ocurrió en otros tiempos con los secuestros de aviones. Otros grupos extremistas de origen cubano, radicados en Estados Unidos, comienzan a moverse en esa dirección.


"Las agencias policiales y de inteligencia de Estados Unidos poseen informaciones fidedignas y suficientes de los principales responsables, si realmente lo desean pueden hacer abortar a tiempo esta nueva forma de terrorismo; imposible frenarla si Estados Unidos no cumple el elemental deber de combatirla. No se puede dejar la responsabilidad de hacerlo solo a Cuba, muy pronto podría ser víctima de tales actos cualquier país del mundo."


Esto lo informamos, le prestaron atención, a extremo tal que nos consultan sobre la conveniencia de enviar un texto del gobierno norteamericano a compañías aéreas.


Mandaron el texto en que les comunicaban a las líneas aéreas: "Hemos recibido información sin confirmar acerca de un complot para colocar artefactos explosivos a bordo de naves aéreas civiles que operan en Cuba y países latinoamericanos. Las personas involucradas en el control planean dejar un pequeño artefacto explosivo a bordo...", en fin, explican lo que les habíamos trasmitido.


"No podemos descontar la posibilidad de que la amenaza pueda incluir operaciones de carga aérea internacional desde los Estados Unidos.


"El gobierno de Estados Unidos continúa buscando información adicional para esclarecer, verificar o refutar esta amenaza."


Nosotros les expusimos nuestra oposición a que publicaran ese aviso, porque uno de los objetivos que estaban persiguiendo los individuos era sembrar el pánico, y les expusimos que había otros procedimientos, como los que usamos nosotros: montamos las guardias pertinentes dondequiera que había un riesgo de poner una de esas bombas, chequeamos y sabíamos quiénes podían ponerlas y quiénes andaban envueltos en los planes. Estuvimos vigilando, que es lo que hay que hacer, si no quiere sembrar pánico, crear escándalo u otorgarles a los autores el objetivo que buscaban de afectar la economía del país y sembrar el terror.


De todas formas publicaron la información. Está bien, ya nosotros habíamos fortalecido mucho los mecanismos para capturar a los individuos y desde entonces no pudieron poner una bombita más, y la guardia se mantiene donde es necesario. Cuando fueron a hacer el atentado allá en Panamá, nosotros sabíamos más de lo que estaban planeando que lo que ellos mismos sabían. Eso está clarísimo.


Ahí está la mafia de Miami haciendo esfuerzos por poner en libertad a los terroristas sorprendidos in fraganti y arrestados en Panamá. Tienen ya planes de cómo hacerlo, por qué país evacuarlos y cómo, haciéndose allí los enfermos y moviéndose; reciben visitas de Miami por la libre, y hasta, incluso, participaron en el envío de una filtración armada a Cuba hace unos meses, por Santa Clara.


Gracias a muchos amigos que tenemos por todas partes y a hombres como los que están ahí (Se refiere a los patriotas cubanos presos en Miami por buscar información sobre planes terroristas contra Cuba), el país se ha defendido de ese terrorismo (Aplausos).


Lo señalo porque hay una realidad, por ahí hay más papeles y notas y nosotros hemos enviado a veces mensajes verbales, y a veces hemos dejado constancia escrita, y uno de los argumentos que hemos utilizado es un argumento irrefutable: Estados Unidos es el país que tiene el mayor número de grupos extremistas organizados y 400 de ellos están armados.


Los secuestros aéreos, método inventado contra Cuba, se convirtieron en una plaga universal, y fue Cuba la que al fin y al cabo resolvió ese problema cuando, después de advertirlo reiteradamente, devolvimos a Estados Unidos a dos secuestradores; es doloroso, eran ciudadanos cubanos, pero lo habíamos advertido, vinieron y los enviamos, cumplimos la palabra pública; pero nunca, ni siquiera después nos dieron noticias para sus familiares. Tienen su modo de actuar. Nadie sabe. Sé que los condenaron a 40 años, y aquello fue lo que puso fin al secuestro de aviones.


Pero, oiga, allí tienen 800 grupos extremistas. A veces se han encerrado en un lugar por alguna razón, se han dado candela, se han muerto todos; grupos que por una razón, muchos de ellos por razones políticas, a veces por razones religiosas, pero grupos violentos, proclives al empleo de la fuerza o a preparar venenos, productos para actuar contra las propias autoridades norteamericanas. No estoy hablando de la gente de la mafia, estoy hablando de cientos de grupos extremistas organizados y que actúan dentro de Estados Unidos. No hace mucho tiempo hicieron volar el edificio aquel de Oklahoma.


El país más vulnerable al terrorismo es Estados Unidos, el que tiene más aviones, más dependencia de recursos técnicos, vías eléctricas, gasoductos, etcétera, etcétera. Y muchos componentes de esos grupos son fascistas, no les importa matar; mentalmente deben estar mucho más cerca de la locura que de una inteligencia equilibrada. Nosotros les hemos dicho a las autoridades norteamericanas: hay que evitar que tales métodos se divulguen —ese argumento lo usamos—, son fáciles de utilizar, es un peligro para ustedes.


En este mismo momento, cuando yo llegué aquí, no había ningún elemento de juicio para afirmar quién pudo poner esas bombas, porque pudo ser una acción ideada y ejecutada por alguno de estos grupos, que ya lo han hecho, como en Oklahoma, o pueden ser grupos del exterior; pero es evidente, por los detalles que han llegado, que esto fue organizado con bastante eficacia, digamos, bastante organización y sincronización, propio de gente que conocen, que tienen preparación, que contaban con pilotos capaces de manejar los Boeing de gran tamaño, que coordinaron las horas exactas en que los que