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BLOQUEO Y ASEDIO, VIOALCIÓN DEL DDII Y DE LOS DDHH

  • Foto del escritor: CSCPR
    CSCPR
  • 4 ago
  • 14 min de lectura

Por: Kevin Rivera-Medina, 26 de julio de 2026; San Juan, Puerto Rico


Hoy me dirijo a ustedes para reflexionar sobre una realidad que ha marcado la vida de generaciones de cubanos: el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba desde hace más de seis décadas y que se ha agudizado desde hace año y medio, y cómo esas sanciones son contrarias al derecho internacional, violatorias de los derechos y en la práctica un intento de genocidio al pueblo cubano. Demás está decir que no hay nación en el mundo que haya sobrevivido el asedio que ha tenido Cuba por parte de un imperio vecino enemigo con el ejército más poderoso del mundo a meras 90 millas.


Y quiero comenzar aseverando lo que ya conocemos, que José Martí encontró en Puerto Rico hermanos de causa. Ramón Emeterio Betances soñó con unas Antillas libres y solidarias. Eugenio María de Hostos defendió la justicia y la educación como instrumentos de emancipación para nuestros pueblos. Juan Rius Rivera, de familia hacendada, militar y revolucionario mayagüezano, que a los 20 años apoyó el Grito de Lares, se mudó a Cuba a los 22 y alcanzó el rango más alto en el Ejército Libertador Cubano, el de Mayor General. Lola Rodríguez de Tió, la poetisa que defendió la independencia para ambas islas, es autora de la letra de nuestro himno, y murió en Cuba, donde descansan sus restos. Esa herencia nos recuerda que el destino de Cuba y Puerto Rico nunca ha sido completamente ajeno el uno al otro.


Por eso, cuando observamos las consecuencias del bloqueo sobre la población cubana, no lo hacemos con indiferencia. Lo hacemos con el dolor que provoca el sufrimiento de un pueblo hermano.


Los que vamos a celebrar los 100 años de Fidel tenemos mente clara, estamos celebrando al comandante de la esperanza y la solidaridad; a la figura universal líder del siglo XX, pero que es líder para todos los tiempos; a un titán de la solidaridad; y esto, sin pretender que estemos 100% de acuerdo con todas sus decisiones, como no lo estoy yo. Pero reconocer el impacto humanitario de estas medidas de ahogo contra Cuba no exige compartir una ideología política determinada. Exige reconocer un principio fundamental: que ninguna diferencia entre gobiernos debe traducirse en mayores privaciones para las familias, los enfermos, los ancianos o los niños. Usted no tiene que ser comunista, socialista, revolucionario, independentista para reconocer que el bloqueo y las sanciones que se imponen sobre el pueblo cubano han fracasado en lograr el objetivo de tumbar un gobierno bien organizado, pero que ha sido muy exitoso en causar un sufrimiento extremo en el pueblo, ocasionando desesperanza, escasez, migración y hasta la muerte, sin exagerar.


No se trata únicamente de un conflicto político entre dos Estados. Se trata del impacto que estas medidas tienen sobre once millones de personas que enfrentan diariamente dificultades para acceder a alimentos, medicamentos, combustible, tecnologías, financiamiento y oportunidades de desarrollo. Estar con Cuba hoy es un asunto de humanidad.


De acuerdo con el Informe de Cuba sobre la resolución 79/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, presentado por el Gobierno cubano, entre marzo de 2024 y febrero de 2025 los daños económicos ocasionados por el bloqueo ascendieron a 7,556 millones de dólares.


El propio informe sostiene que, si el bloqueo no existiera, el Producto Interno Bruto de Cuba habría podido crecer alrededor de 9.2 % durante ese período.


Asimismo, se calcula que las pérdidas acumuladas desde el inicio del bloqueo superan los 170,700 millones de dólares a precios corrientes. Si ese monto se calcula considerando la depreciación del dólar frente al valor del oro, las pérdidas acumuladas superarían los 2,1 billones de dólares, según las estimaciones oficiales.


Las medidas económicas yankis contra el pueblo cubano, que ya eran terribles, han aumentado -en su impacto económico- en cerca de un 50% bajo el régimen Trump/Rubio.


Estas cifras no representan solamente balances económicos. Detrás de cada número existen industrias, instituciones, gente. Hospitales que enfrentan dificultades para adquirir equipos médicos, pacientes que esperan medicamentos que no llegan, agricultores que no pueden obtener combustible para producir alimentos y familias que viven bajo apagones prolongados debido a la escasez de combustible, la imposibilidad del gobierno de acceder a piezas de repuesto y a financiamiento internacional.


El informe describe serias afectaciones en prácticamente todos los sectores de la economía.


En la salud pública, Cuba denuncia dificultades para importar equipos de alta tecnología, reactivos para laboratorios, insumos y material quirúrgicos y medicamentos destinados al tratamiento de enfermedades como el cáncer, la diabetes y enfermedades cardiovasculares. La mortalidad infantil, que había sido un logro bandera de la Revolución Cubana, se duplicó, de los mínimos históricos de 3.9 por cada 1000 nacimientos en 2021, a 8.2 a julio del año pasado. En comparación con Puerto Rico, para el año 2000 estuvo en 10.2 y al 2020 bajó al 7.2, según cifras oficiales. Las restricciones financieras también complican los pagos internacionales a proveedores.


Imaginen intentar comprar un medicamento, pagar una máquina para un hospital o importar alimentos, pero descubrir que ningún banco quiere procesar el pago. No porque el dinero no exista, sino porque las instituciones financieras temen las consecuencias de hacer negocios con Cuba. Así funciona una parte del bloqueo en el siglo XXI.


En la economía mundial, la mayoría de las transacciones entre bancos de distintos países se realizan mediante una red conocida como SWIFT, que funciona como un sistema seguro de mensajería financiera. SWIFT no mueve el dinero; permite que los bancos se envíen las instrucciones necesarias para completar pagos y transferencias internacionales.


Debido a las sanciones de Estados Unidos, muchos bancos internacionales optan por no realizar operaciones con Cuba, aun cuando estas puedan ser legales en sus propios países. Lo hacen por temor a enfrentar multas, restricciones o perder acceso al sistema financiero estadounidense. Este es el fenómeno del "sobrecumplimiento", overcompliance, en inglés.


Como resultado, los bancos cubanos encuentran dificultades para abrir cuentas corresponsales, recibir pagos, emitir cartas de crédito o procesar transferencias internacionales. En la práctica significa que importar alimentos, medicamentos, equipos médicos o materias primas puede tomar más tiempo, costar más dinero o, en algunos casos, no poder realizar la importación, porque las instituciones financieras involucradas deciden no participar en la operación.


No es que Cuba está formalmente expulsada de la red SWIFT, como sí ocurrió con algunos bancos de otros países bajo sanciones. Sin embargo, las sanciones estadounidenses, y el riesgo de la imposición de sanciones secundarias, han llevado a que casi todas las instituciones financieras internacionales a limitar o evitar sus relaciones con bancos cubanos, reduciendo a un mínimo crítico el acceso efectivo de Cuba al sistema financiero internacional. Y cuando países como Brasil intentan circunvalar el SWIFT con un sistema propio como el PIX, el gobierno estadounidense les sanciona, como hizo con Brasil, con 25% de aranceles en las importaciones, y los doblega a que no exporten ese sistema, que bien pudo haber sido una soga de socorro para la situación financiera cubana.


En el sector alimentario, el bloqueo incrementa significativamente el costo de importar alimentos, fertilizantes, semillas, maquinaria agrícola y combustible. Ello repercute directamente en la disponibilidad y el precio de los productos básicos para la población.


En educación, las universidades enfrentan limitaciones para adquirir programas informáticos, equipamiento científico, bibliografía especializada y tecnologías educativas debido a restricciones comerciales y financieras.


La ciencia y la biotecnología, sectores en los cuales Cuba ha desarrollado importantes capacidades durante décadas, también enfrentan obstáculos para adquirir materias primas, equipos especializados y acceder a plataformas internacionales de investigación.


El sistema energético constituye hoy uno de los sectores más afectados.


Las restricciones para adquirir combustible, piezas industriales y acceder a créditos internacionales han agravado la crisis eléctrica que vive el país, provocando prolongados apagones que afectan hogares, hospitales, escuelas y centros productivos. Diversos informes recientes describen cómo el endurecimiento de las sanciones ha coincidido con una crisis energética particularmente severa.


En este contexto se han producido nuevas medidas impulsadas por la actual administración estadounidense, en cuya política hacia Cuba el secretario de Estado Narco Rubio ha desempeñado un papel central.


Estas acciones incluyen nuevas sanciones contra entidades estatales cubanas, la inclusión de entidades adicionales en las listas sancionadas, restricciones financieras adicionales y medidas dirigidas al suministro de combustible y al turismo, uno de los principales sectores generadores de divisas para la economía cubana.


La primera administración del presidente Donald Trump restableció y amplió numerosas sanciones contra Cuba que Biden mantuvo hasta sus últimos días en la presidencia. La más hipócrita, a mi entender, es la designación de Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo, por dos razones fundamentales. Primero, porque Cuba ha sido garante de negociaciones de paz y defensor , todo lo contrario a ser un patrocinador. Y, segundo, porque esa designación parte del Departamento de Estado de la potencia más beligerante en la historia de la humanidad, que en la actualidad mantiene múltiples frentes de guerra, que sustenta y encubre al genocida Estado de Israel, y que ejecuta dentro y fuera de sus fronteras, a diestra y siniestra, sin ninguna consecuencia.


En 2025 y 2026, se adoptaron nuevas y más potentes medidas dirigidas a incrementar la presión económica sobre la isla. En los últimos meses, las nuevas sanciones de Rubio han tenido un efecto significativo sobre el sector turístico cubano, una de las principales fuentes de divisas del país. Las sanciones incluyeron al Ministerio de Turismo de Cuba (MINTUR) y a entidades vinculadas al sector, aumentando los riesgos legales y financieros para empresas extranjeras que operan hoteles en la isla.


Como consecuencia, varias cadenas hoteleras internacionales anunciaron su retiro o una reducción importante de sus operaciones. Entre ellas se encuentra Meliá Hotels International, que puso fin a su presencia en Cuba tras más de tres décadas, señalando que el endurecimiento de las sanciones estadounidenses, unido a la crisis económica y energética, hacía insostenible continuar operando. También otras cadenas internacionales, como Iberostar y Archipelago, anunciaron salidas o reducciones de sus actividades.


Este impacto trasciende a las empresas mencionadas. El turismo es uno de los principales generadores de empleo e ingresos para miles de trabajadoras y trabajadores cubanos: empleados de hoteles, restaurantes, transportistas, guías turísticos, artistas, pequeños negocios privados y productores agrícolas que abastecen al sector. Cuando disminuye la llegada de visitantes o cierran hoteles, los efectos alcanzan a toda esa cadena económica. Es, además, uno de los sectores económicos donde la gente cubana encuentra un respiro de acceso económico a dólares y euros.


De acuerdo con informes recientes, las llegadas de turistas a Cuba registraron una fuerte caída en 2026 respecto al 2025, mientras las restricciones financieras, las dificultades para operar y la salida de operadores hoteleros agravaron la crisis de un sector considerado estratégico para la recuperación económica de la isla. Y, claro, ante la escasez de combustible, se hace muy difícil y caro transitar por la isla para explorarla.


Desde la perspectiva de los derechos humanos, esta discusión resulta especialmente importante.


Diversos relatores especiales de las Naciones Unidas han expresado preocupación por el impacto humanitario de las sanciones económicas unilaterales cuando afectan el acceso a derechos fundamentales como la alimentación, la salud, la educación, el desarrollo y un nivel de vida adecuado.


Cuando un padre o a madre no encuentra medicamento para sus crías.


Cuando en un hospital no se puede reparar un equipo de diagnóstico.


Cuando quienes trabajan la tierra pierden una cosecha por falta de combustible.


Cuando la gente adulta mayor permanece horas sin electricidad durante temperaturas extremas.


Volvemos, estamos hablando de personas, no de estadísticas.


Precisamente por ello, durante más de treinta años consecutivos, desde 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha aprobado resoluciones solicitando el fin del embargo estadounidense contra Cuba mediante votaciones con un respaldo ampliamente mayoritario entre los Estados miembros. Estas resoluciones de la Asamblea General no son jurídicamente vinculantes, pero nos dice dónde está parado cada país, y es amplio el rechazo al boqueo.


El bloqueo económico y financiero es incompatible con la Carta de las Naciones Unidas en los siguientes artículos:

  • Artículo 2.1: igualdad soberana de los Estados.

  • Artículo 2.4: prohibición del uso de la fuerza o de amenazas contra la integridad política o independencia de un Estado (aunque Estados Unidos sostiene que las sanciones económicas no constituyen "uso de la fuerza" en el sentido de este artículo).

  • Artículo 2.7: principio de no intervención en los asuntos internos, pues las sanciones buscan ejercer presión para modificar el sistema político y económico del país.


También contraviene la Declaración sobre los Principios de Derecho Internacional referentes a las Relaciones de Amistad entre los Estados (Resolución 2625 (XXV), 1970). Esta declaración establece que ningún Estado debe emplear medidas económicas o políticas para obligar a otro Estado a subordinar el ejercicio de sus derechos soberanos.


En esa misma línea, el bloqueo violenta la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados (Resolución 3281 (XXIX), 1974), que en su artículo 32 dispone que "Ningún Estado podrá utilizar medidas económicas, políticas o de otra índole para coaccionar a otro Estado."


De manera indirecta, violenta la Declaración Universal de Derechos Humanos, pues se sostiene que cuando las sanciones dificultan el acceso a medicamentos, alimentos o condiciones de vida adecuadas, pueden afectar derechos como:

  • artículo 3 (vida),

  • artículo 25 (nivel de vida adecuado),

  • artículo 22 (seguridad social).


Un instrumento importante, del cual Cuba es parte, y los Estados Unidos firmó, pero no ratificó, es el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Diversos relatores especiales de la ONU han advertido que las sanciones económicas tan abarcadoras afectan estos derechos porque las sanciones repercuten sobre la población civil.

  • derecho a la salud (artículo 12),

  • derecho a la alimentación,

  • derecho al trabajo,

  • derecho al desarrollo científico,

  • derecho a un nivel de vida adecuado (artículo 11).


De forma adicional, se puede estar violando la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo (1986), que reconoce que todos los pueblos tienen derecho al desarrollo económico y social. Y hay principios del derecho internacional consuetudinario que también son violados por el bloqueo: no intervención; libertad de comercio; igualdad soberana. Estos principios reconocidos están recogidos en los otros instrumentos que les mencioné. Hay leyes estadounidenses, como la Ley Helms Burton, que buscan aplicar determinadas restricciones a empresas y personas de terceros países que comercian o invierten en Cuba. Esto es una aplicación extraterritorial de una ley norteamericana.


A todo esto, se suma la hipocresía y desfachatez de presentar a Cuba como un Estado fallido, es como como decir que George Floyd falleció porque no sabía respirar bien. A Cuba, como a Floyd, lo asfixia un sistema asesino e impune. Más aún, Cuba ha demostrado que no es un Estado fallido al ser reconocido tantas veces internacionalmente -incluso por organizaciones dominadas por occidente y el norte global- por sus enormes logros en diversas categorías, como la salud, la educación, el aporte científico, las artes, entre otros. Sin el bloqueo, y hasta con un bloqueo menos feroz que el actual, Cuba ha demostrado su capacidad de éxito y crecimiento.


Cuando la administración Obama, de algunas luces y de tantas sombras, bajó el diapasón del asedio a Cuba, y se acercó a Raúl, con respeto y cordialidad, y expresó el carácter fallido, no del Estado cubano, sino del bloqueo, avivó el intercambio, los viajes, la apertura diplomática, la transportación marítima y el correo postal, los intercambios académicos, culturales, científicos y deportivos. El turismo se catapultó, y la posibilidad de comerciar con el mundo fue un alivio y un crecimiento económico; cientos de miles de cubanos y cubanas pudieron reunirse con sus familiares y las remesas aumentaron, hubo un aumento en la inversión extranjera. Aumentaron los bienes de consumo y servicio, pero el bloqueo seguía presente y la movilidad económica no se tradujo, necesariamente, en mayor producción nacional. De hecho, quien más ganó fue la agroindustria de los Estados Unidos, que pudieron vender sus productos en Cuba, así como el turismo y las telecomunicaciones. Claro, todo eso se fue al caño con la primera administración Trump, se mantuvo con la administración Biden, y se recrudeció con el régimen actual.


El pueblo cubano merece desarrollar plenamente sus capacidades, comerciar libremente con el mundo, acceder a financiamiento internacional, fortalecer su sistema de salud, modernizar su infraestructura y construir un futuro de prosperidad. Y merece hacerlo sin asedio. Sabemos que el pueblo cubano, como el nuestro, es un pueblo de resistencia, y que también es un pueblo que sabe ser feliz a la menor provocación.


Para culminar, quiero hacer un comentario sobre el centenario del líder de la Revolución Cubana, el comandante Fidel Castro Ruz, y de la vocación solidaria de la Revolución.


Fidel, a pesar de los cientos de intentos de magnicidio en su contra desde el exterior, representó el liderazgo que condujo al país y al pueblo durante décadas de presiones externas en defensa de la soberanía nacional frente al imperio que, a meras 90 millas de sus costas, asedia, amenaza, y se traga vorazmente naciones vecinas. Fue referente para otros procesos revolucionarios y para nuevas generaciones de liderato político dentro y fuera de Cuba.


Citando del artículo “La grandeza de Fidel”, publicado en el Periódico Granma, el 26 de noviembre de 2016, y de la autoría de Angel F. Pérez Cabrera, “cientos de personalidades del deporte, la cultura, la política o la religión, supieron distinguir la grandeza que había en él, sus méritos humanistas y solidarios, además del valor personal que siempre lo caracterizó, que le permitieron, durante más de 50 años, enfrentar con éxito al imperio más grande que ha existido sobra la tierra.


Y todo eso lo pudo hacer porque como dijo Abdelaziz Bouteflika, presidente de Argelia, “Fidel viaja al futuro, regresa y lo explica”, o debido a que “es un hombre que pone su vida en función de la utopía, es un hombre que jamás en esta vida encontrará su plenitud porque Fidel cree que es posible el cielo en la tierra”, como expresó el teólogo brasileño Frei Betto.


Para millones de cubanos y para numerosos movimientos de solidaridad en el mundo, el liderazgo de Fidel representó determinación y aplomo; a pesar de las incuestionables limitaciones materiales, Cuba logró mantener servicios universales de salud y educación, desarrollar una industria biotecnológica reconocida internacionalmente y sostener un proyecto social que priorizó el acceso de toda la población a derechos básicos que aún hoy son difíciles de acceder para gran parte del planeta.


Esa capacidad de resistencia no se explica únicamente por el liderazgo político. También se explica por la fortaleza y la resistencia del pueblo cubano, que durante generaciones ha enfrentado carencias, dificultades y sacrificios sin renunciar a la aspiración de construir su propio destino.


Y si la historia revolucionaria de Cuba está marcada por la resistencia; otro factor ineludible de su éxito internacionalista (que es lo más que enloquece al imperio) es el carácter firme, desprendido, desinteresado, humanista, y puramente Martiano y Fidelista, del principio de la solidaridad.


Pocos países han compartido, en proporción a sus recursos, tanto como Cuba ha compartido con otros pueblos.


Miles de médicos, enfermeras y profesionales de la salud cubanos han prestado servicios en decenas de países de América Latina, África, Asia y el Caribe, llevando atención médica a comunidades rurales, zonas de conflicto y regiones afectadas por desastres naturales. Brigadas médicas cubanas combatieron el ébola en África Occidental, brindaron asistencia tras terremotos, huracanes e inundaciones, y colaboraron durante la pandemia de COVID-19 en diversos países.


Del mismo modo, miles de jóvenes de diversas naciones recibieron formación universitaria gratuita en Cuba, particularmente en el campo de la medicina, con el compromiso de regresar a servir a sus comunidades en los países de origen. A ello se suman los programas de alfabetización y la cooperación técnica en áreas como el deporte, la educación y la prevención de desastres. Para muchos países en desarrollo, esa cooperación ha constituido una contribución significativa a sus sistemas de servicios públicos.


La vocación internacionalista ha sido reconocida por numerosos gobiernos y organizaciones, aunque en ocasiones también han criticado las condiciones en que se desarrollan algunas de esas misiones. Más allá de esas diferencias, el alcance de la cooperación médica cubana es un elemento ampliamente documentado, reconocido y aplaudido por la comunidad internacional, aunque esa misma comunidad internacional no haya estado a la altura, en no pocas ocasiones, de devolver el amor brindado desde la Antilla Mayor.


Y cuando hablamos de solidaridad, Puerto Rico ocupa un lugar especial en el plan cubano.


Durante décadas, las organizaciones puertorriqueñas, sindicales, estudiantiles, religiosas, comunitarias, profesionales y de derechos humanos hemos expresado el rechazo al bloqueo y promovido la solidaridad con el pueblo cubano. Del mismo modo, Cuba ha manifestado reiteradamente, y promovido -a un alto costo-, su apoyo al derecho del pueblo puertorriqueño a decidir libremente su futuro político y a la independencia, conforme a las resoluciones adoptadas por el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas. Cuba es la promotora de dicha resolución anual, que mantiene vivo el tema de Puerto Rico a nivel de la ONU.


Cuba y Puerto Rico comparten mucho más que un mar. Comparten una historia de coloniaje y lucha, de resistencia; una profunda identidad antillana y la aspiración conjunta, Martiana y Betancina, de vivir con libertad, dignidad, justicia y paz.


Acabo, aquí, con la respuesta que le dio el Che a la prensa cuando le preguntaron qué le pedía Cuba a los Estados Unidos, y que también debe ser nuestra respuesta: no les pido nada, absolutamente nada, que no se entrometan. O como cantaba Víctor Jara, “el derecho de vivir en paz”.


¡Viva Cuba! ¡Viva Puerto Rico libre! Y hasta la victoria, ¡siempre!

 
 
 

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